El Bola 
Después de una irregular carrera como actor, Achero Mañas sorprendió con tres interesantes cortometrajes protagonizados por niños: Metro, Paraísos artificiales y Cazadores, este último galardonado con el Premio Goya en 1998. Sin abandonar el universo de la infancia, ahora ha debutado en el largometraje con El Bola, un drama intenso y casi redondo que, desde una deliberada modestia, sigue de cerca los mejores pasos narrativos y formales de Barrio, de Fernando León de Aranoa, y Solas, de Benito Zambrano.
El guión, del propio Mañas, recrea el drama de Pablo, un chaval de 12 años, inteligente y vitalista, que vive en el barrio madrileño de Entrevías. Todos le llaman El Bola, pues tiene un rodamiento de tren como amuleto de la suerte. Jugarse el tipo delante de los trenes de cercanías es precisamente el principal divertimento de El Bola y su pandilla de amigos, muchos de ellos víctimas inocentes de dolorosos conflictos familiares. En concreto, El Bola sufre los violentos e irracionales arrebatos de ira de su padre, dueño de una pequeña ferretería, que vive profundamente atormentado desde la muerte de su hijo mayor, al que siempre presenta utópicamente como modélico punto de referencia. Ni la resignada madre ni la demente abuela de El Bola se atreven a defender al chaval que, avergonzado, se va encerrando poco a poco en sí mismo.
En esas, llega al barrio y a su clase Alfredo, un chico silencioso y sorprendentemente maduro para su edad. Rápidamente, El Bola se hace amigo de él, y sintoniza con su singular familia, especialmente con el padre. Este es un hombre todavía joven, de aspecto amenazante, pero divertido, inconformista y solidario, que saca adelante a su esposa y a sus dos hijos dibujando artísticos tatuajes cutáneos. El drama llega a un aparente callejón sin salida cuando el padre de El Bola, por absurdos prejuicios, corta por lo sano y de muy malas maneras esta incipiente amistad; una amistad que ha permitido a El Bola conocer una realidad familiar radicalmente distinta a la suya, y le ha animado a plantar cara a su situación.
El primer elogio —y no el menor— que cabe hacer a Achero Mañas es que no ha caído en ninguna de las tres tentaciones típicas de muchos nuevos realizadores: hacerse notar demasiado con la cámara, llamar la atención remarcando los posibles elementos sórdidos o escandalosos del argumento, y alargarse demasiado por querer contar demasiadas cosas o por no saber narrar de una manera escueta. Mañas llena los breves 88 minutos de buen cine, es decir, de narración precisa y eminentemente visual, que ajusta al máximo los diálogos, procura que estos sean sustanciales, y llena sus huecos con el despliegue invisible de recursos fílmicos con entidad dramática: encuadres, elipsis, formas de paso, símbolos, efectos de iluminación y montaje, interpretaciones —lo más gestuales posible—, subrayados sonoros y musicales... De todo esto hay en El Bola y, además, articulado sin estridencias, con una sencillez, una frescura y un tono amable que se contagian a todos los actores —sobre todo al niño Juan José Ballesta, cuya naturalidad resulta apabullante— y ganan sin remedio al espectador. Un mérito más a asignar a Achero Mañas, pues no ha contado con un reparto ni con un equipo de lujo —la única excepción es el montador Nacho Ruiz-Capillas—, sino con un grupo de buenos profesionales y buenos actores a los que ha sabido contagiar su entusiasmo.
De todos modos, esa citada sencillez no significa que Mañas trate superficialmente los peliagudos conflictos humanos que retrata. Se le pueden reprochar algunas groserías aisladas y ciertas indecisiones éticas que, por ejemplo, le llevan a obviar algo tramposamente una conversación hombre a hombre entre los dos padres. Por otra parte, su apertura a la trascendencia resulta alicorta, de modo que suena a epidérmica la divertida conversación sobre Dios entre los dos amigos. Sin embargo, su comprensiva mirada cala muy hondo en el valor de la amistad, el cariño familiar o la educación en una libertad responsable, frente a los contravalores del escapismo hedonista, el egoísmo insolidario o las tontas machadas típicas de la edad del pavo.
En fin, en una temporada mediocre, que ha obligado a poner en entredicho —también en taquilla— la supuesta bonanza del cine español, El Bola, a base de ternura, vibración y autenticidad, ha subido la media muchos puntos. J.J.M.
Director: Achero Mañas. Intérpretes: Juan José Ballesta (Pablo, El Bola), Pablo Galán (Alfredo), Alberto Jiménez (José, el padre de Alfredo), Manuel Morón (Mariano, el padre de El Bola), Ana Wagener (Laura, la asistente social), Nieve de Medina (Marisa, la madre de Alfredo), Gloria Muñoz (Aurora, la madre de El Bola). País: España. Año: 2000. Producción: José Antonio Félez para Tesela P.C. Presentada por: Nirvana. Guión: Achero Mañas. Música: Eduardo Arbide. B.S.O.: Visual Music. Fotografía: Juan Carlos Gómez. Dirección artística: Satur Idarreta. Montaje: Nacho Ruiz-Capillas. Estreno en Madrid: 20-X-00. Distribuidora cine: Nirvana. Duración: 88 minutos. Género: Drama. Temas de cinefórum: Violencia familiar. Amistad. Relaciones padres-hijos. Educación. Tolerancia. Solidaridad. Premios principales: Premio Especial de la OCIC (Oficina Católica Internacional del Cine) en el Festival de San Sebastián 2000. Premios 2000 del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) a la mejor película, guión original, director novel y actor (Juan José Ballesta); y candidaturas al mejor director, montaje y Premio Reveleación (Juan José Ballesta). Premios Goya 2000 a la mejor película, guión original, director novel y actor revelación (Juan José Ballesta); y candidatura al mejor sonido. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: V D.



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