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Críticas de Cine

Vie05262017

Last updateVie, 26 May 2017 2am

Camino al paraíso

Paradise Road

Singapur, 1942. Un grupo de mujeres y niños occidentales son evacuados de la ciudad ante el inminente ataque del ejército japonés. Pero el barco en que viajan es hundido por la aviación nipona y los supervivientes son internados en un campo de concentración en Sumatra. Allí, este grupo de mujeres, de diversas nacionalidades y posiciones sociales, deberán aprender a sobrevivir en condiciones infrahumanas, alejadas totalmente del lujo y la frivolidad al que muchas están acostumbradas. Vencerán su inicial insolidaridad y encontrarán el coraje para soportar la crueldad de sus guardianes gracias a un coro polifónico que promueven la esposa de un comerciante inglés (Glenn Close), una misionera protestante australiana (Pauline Collins) y una monja católica holandesa (Johanna Ter Steege). De todos modos, para muchas de ellas, su paso por el campo de concentración será un doloroso "camino al paraíso".

Esta trágica epopeya real sirve de base al australiano Bruce Beresford (Consejo de guerra, Gracias y favores, Crímenes del corazón, Paseando a Miss Daisy) para llevar a cabo un intenso melodrama bélico-carcelario, en la línea de El puente sobre el río Kwai, El imperio del sol, Juramento de sangre o La lista de Schindler. Consciente de la calidad de sus fuentes de inspiración, Beresford perfila en el guión una amplia galería de personajes, que le permite un enfoque matizado y profundo del argumento. Esto se consolida en la resolución interpretativa, gracias a un reparto espléndido —con Glenn Close y Pauline Collins a la cabeza—, que realiza un generoso trabajo coral. También la puesta en escena —reforzada por un soberbio trabajo de ambientación y por la belleza de la fotografía de Peter James y de la partitura de Ross Edwards— responde a esos cánones de alta calidad; pero a Beresford le cuesta resolver los numerosos conflictos planteados, de modo que algunas escenas intermedias resultan débiles y la última media hora muestra serios problemas de ritmo e intensidad. Estos defectos, aunque dejan un regusto de decepción, no apagan el buen recuerdo del poderoso arranque —en la mejor tradición del cine bélico— ni de varias secuencias de alto voltaje, como la dantesca ejecución de una prisionera china, el angustioso castigo a una joven enfermera o la primera interpretación del largo de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Dvorak. Esos pasajes y los diversos momentos mágicos de cada personaje elevan por sí solos la película por encima de la media.

Coherente con la historia, el tono de la película es duro; pero —salvo en un par de concesiones exhibicionistas— Beresford no se recrea en la violencia ni en el acoso sexual que sufren las prisioneras. También se agradece su esfuerzo para sortear el maniqueísmo al retratar a los oficiales y soldados japoneses, en cuyas evoluciones dramáticas también tienen cabida la compasión, la vergüenza y hasta el arrepentimiento. En este sentido, es sencillamente magistral el personaje del traductor japonés. Esta ponderación al mostrar la locura de la guerra refuerza los pequeños y grandes actos heroicos de los personajes. Beresford hila muy fino en este punto y, desde la perspectiva netamente cristiana de la misionera protestante y de la monja católica, ofrece reflexiones de gran entidad sobre la fortaleza interior del ser humano. Así, afronta de cara el sentido del sufrimiento —"A veces, Dios quita las alas a sus mariposas"— y exalta el valor de la amistad, del esfuerzo común y del perdón: "No puedo odiar a la gente —dirá la misionera protestante—; cuanto peor se portan, más pena me dan". Todo esto, impregnado de una luminosa visión de la providencia divina, que se hace patente en una de las secuencias más trágicas con la invocación del salmo 23: "El Señor es mi pastor, nada me faltará (...). Aunque camine por valles oscuros, nada temo, pues tu vara y tu cayado me consuelan. Tú has preparado una mesa frente a mis enemigos; has ungido con óleo mi cabeza y has llenado mi copa a rebosar...". Un acierto más a añadir en el balance de esta interesante película. J.J.M.

Director: Bruce Beresford. Intérpretes: Glenn Close (Adrienne Pargiter), Pauline Collins (Margaret Drummond), Cate Blanchett (Susan MacArthy), Frances McDormand (Doctora Verstak), Julianna Margulies (Topsy Merritt), Jennifer Ehle (Rosemary Leighton-Jones), Elizabeth Spriggs (Sra. Roberts), Johanna Ter Steege (Sister Wilhelmina), Sab Shimono (Coronel Hiroyo). País: Estados Unidos-Australia. Año: 1997. Producción: Sue Milliken y Greg Coote, para Village Roadshow Pictures e YTC Pictures, en asociación con Planet Pictures. Presentada por: Fox Searchlight Pictures. Argumento: Una historia de David Giles y Martin Meader, basada en hechos reales. Guión: Bruce Beresford. Música: Ross Edwards. B.S.O.: Sony Classical. Fotografía: Peter James. Dirección artística: Herbert Pinter. Montaje: Tim Wellburn. Estreno en Madrid: 7-XI-97. Distribuidora cine y vídeo: Fox. Duración: 115 minutos. Género: Melodrama histórico. Premios principales: Premio Alfa y Omega 1998 a los valores religiosos. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Contenidos específicos: V X D.

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