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Críticas de Cine

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El viaje de Chihiro

Sen to Chihiro no kamikakushi

Series televisivas como Heidi o Marco, y películas como Nausicaä, los guerreros del viento, Mi vecino Totoro, Porco Rosso o Nicky, la aprendiz de bruja convirtieron a Hayao Miyazaki en el director favorito de los buenos aficionados al cine de animación. Finalmente, su consagración popular acaeció en 1997, cuando La princesa Mononoke batió records en Japón y gozó de una generosa distribución en todo el mundo. Ahora, el ya sexagenario cineasta se consagra como maestro indiscutible de la animación japonesa con El viaje de Chihiro, magistral fantasía infantil, de argumento similar al de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. El film ganó ex-aequo el Oso de Oro en el Festival de Berlín 2002, una distinción sin precedentes respecto a una película de dibujos animados.

La acción transcurre en un misterioso mundo paralelo al que acceden por un túnel Chihiro, una caprichosa niña de 10 años, y sus padres, que acaban de trasladarse de ciudad. Por dejarse llevar por la gula, los padres son mágicamente convertidos en cerdos, de modo que la niña queda sola en ese extraño mundo. En su lucha por devolver a sus padres su condición humana, Chihiro acaba trabajando como limpiadora en una alucinante casa de baños a la que acuden todo tipo de dioses y espíritus. Allí Chihiro contará con extraños amigos —como un calderero con seis brazos o un joven que puede transformarse en dragón— y se enfrentará a la cruel dueña del balneario, una estridente arpía, mitad humana, mitad pájaro, que esconde en sus habitaciones un misterioso bebé gigante. Es ella quien anuncia a Chihiro cuál es el trágico destino que espera a sus padres.

Más cercana a la magia infantil de Mi vecino Totoro que a la épica mitológica de La Princesa Mononoke, El viaje de Chihiro resultará algo críptica para ciertos paladares occidentales, sobre todo por su cierto animismo panteísta. En todo caso, describe muy bien la maduración interior de la niña protagonista, desde el egoísmo inconsciente de la infancia a la valiente responsabilidad de la madurez, a través del camino del trabajo bien hecho y de la entrega a los demás en la amistad y el amor. Esta hondura antropológica, muy crítica con el materialismo hedonista, toma forma en una imaginativa pléyade de personajes y ambientes, presentados con una resolución visual y musical sencillamente alucinante, en la que hay tragedia, drama, comedia, romance, épica, magia... y mucha poesía. Es decir, casi de todo, como en las grandes obras de la literatura, la música y el cine. J.J.M.

Director: Hayao Miyazaki. País: Japón. Año: 2001. Producción: John Lasseter y Yasuyoshi Tokuma para Dentsu, NTV, Mitsubishi Commercial Affairs, Studio Ghibli, Tokuma Shoten, Touhoku Sinsha y Walt Disney. Guión: Hayao Miyazaki. Música: Joe Hisaishi. B.S.O.: Nilan Music. Dirección artística: Youji Takeshige. Montaje: Takeshi Seyama. Estreno en Madrid: 25-X-02. Distribuidora cine y vídeo: Buena Vista. Duración: 122 minutos. Género: Animación. Premios Principales: Oso de Oro (Hayao Miyazaki) en Berlin 2002. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V.

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