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Críticas de Cine

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Kamchatka

Kamchatka

Kamchatka o la capacidad de resistencia, encastillada en los propios ideales. El país de un conocido juego de estrategia, que soporta contra viento y marea el asedio de los ejércitos enemigos, se convierte en símbolo sencillo y poderoso de la necesidad de luchar, aunque el mundo se nos venga encima. Porque esto o casi, le sucede a una familia compuesta por el matrimonio y dos hijos pequeños. Son los años de la dictadura militar argentina, y tener ideas propias resulta peligroso. De modo que los cuatro se van una temporada a una casa en medio del campo. Harry, el niño mayor, está en esa edad en que empieza a despertar al mundo y se hace preguntas. Mientras que El Enano es un chavalín divertido e inocente, que apenas se entera de lo que sucede a su alrededor.

Dentro de la pujante cinematografía argentina, Marcelo Piñeyro había demostrado ser un director de carácter gracias a sus dos mejores títulos, Caballos salvajes y Cenizas del paraíso. Con Kamchatka prueba que puede acercarse al mundo de la infancia con sensibilidad, usando con acierto la nostalgia por series televisivas de la época, como Los invasores, o la ilusión por el descubrimiento de Houdini, no un mago sino un escapista; y que estas referencias son susceptibles de convertirse en sutiles alusiones al momento político.

El director argentino no nos ofrece un discurso didáctico y obvio, o aun peor revanchista (cuánto tienen que aprender los cineastas españoles, siempre dando vueltas a la Guerra Civil). Sus maneras suaves y entrañables se revelan así mucho más efectivas a la hora de hablar de libertad y persecución. Acierta al pintarnos a una familia normal y corriente, cuyos miembros se quieren, donde el contrapunto a la defensa de las propias ideas lo ponen los abuelos, que quisieran que los padres pensaran, ante todo, en el futuro de sus hijos. La continuación de las actividades políticas, el riesgo de acoger a un joven perseguido bajo su techo, la ayuda que presta el colegio de frailes donde estudian los niños (aceptan unos nombres que saben falsos sin hacer preguntas) son elementos que enriquecen la historia, y que conforman una perfecta unidad.

El dibujo del mundo infantil parece atrapar en sus trazos el espíritu de Víctor Erice. Los niños actores, Milton De La Canal y Matías Del Pozo, auténticos reyes de la función, son un prodigio de naturalidad ante la cámara. Les apoyan con rotunda eficacia Ricardo Darín, Celicia Roth y Héctor Alterio, actores que han probado sobradamente su capacidad interpretativa. J.M.A.

Director: Marcelo Piñeyro. Intérpretes: Ricardo Darín (Papá), Cecilia Roth (Mamá), Héctor Alterio (Abuelo), Fernanda Mistral (Abuela), Tomás Fonzi (Lucas), Mónica Scapparone (Mamá Bertuccio), Matías Del Pozo (Harry), Milton De La Canal (El enano), Nicolás Cantafio (Bertuccio), Leticia Brédice (Maestra), Juan Carrasco (Cura). País: Argentina. Año: 2002. Producción: Francisco Ramos, Pablo Bossi y Óscar Kramer para Alquimia Cinema S.A., Óscar Kramer S.A. y Patagonik Film Group. Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras. Música: Bingen Mendizábal. Fotografía: Alfredo Mayo. Dirección artística: Jorge Ferrari y Juan Mario Roust. Montaje: Juan Carlos Macías. Estreno en Madrid: 29-XI-02. Distribuidora cine y vídeo: Fox. Duración: 105 minutos. Género: Drama. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: D.

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