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Críticas de Cine

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La importancia de llamarse Ernesto

The Importance of Being Earnest

En los últimos años, la creciente presión de los lobbies gays ha hecho que se enfoque unidireccionalmente la vida y la obra del escritor dublinés Oscar Wilde, rebajando la altura de su pensamiento y minimizando sus profundos conflictos morales y religiosos, que decantaron en la recta final de su vida en la magistral Balada de la cárcel de Reading. Es un hecho a tener en cuenta al analizar películas como La importancia de llamarse Ernesto, brillante adaptación de su homónima pieza teatral, una de sus obras más populares.

En clave de disparatada comedia de enredo, la película sigue los pasos de Jack, un rico aristócrata inglés, de oscuro pasado, que protege a una bella joven en su imponente casa de campo. Como excusa para sus frívolas escapadas a Londres, Jack se ha inventado un disoluto hermano imaginario, Ernest, que es el nombre que él mismo emplea en la capital, y sobre todo en sus encuentros con Gwendolyn, una encantadora heredera. Allí coincide también con el primo de Gendolyn, Algyn, un frívolo aristócrata perseguido con pertinacia por sus numerosos acreedores. Cuando Algyn conoce la existencia de la protegida de Jack, se planta por su cuenta en la mansión campestre de éste, haciéndose pasar por su desconocido hermano Ernest.

El inglés Oliver Parker no se ha complicado la vida, y repite la misma fórmula que tanto éxito le proporcionó en Un marido ideal, su anterior adaptación fílmica de una obra de Wilde. Así, desarrolla una puesta en escena más bien académica, pero ágil y vistosa —sobre todo en cuanto a su ambientación—, en la que lucen especialmente los chispeantes efectos humorísticos y dramáticos de los diálogos de Wilde, declamados con eficacia por un reparto excelente, compuesto por varios de los mejores actores británicos actuales. Ciertamente, el tono es ligero y aparentemente superficial, parecido al de Mucho ruido y pocas nueces, de Shakespeare. Pero, al igual que esta obra, La importancia de llamarse Ernesto, entre ironías sangrantes y aceradas réplicas y contrarréplicas, deja unas cuantas ideas lúcidas sobre el amor, las apariencias y la verdadera nobleza. J.J.M.

Director: Oliver Parker. Intérpretes: Rupert Everett (Algy), Colin Firth (Jack), Frances O'Connor (Gwendolen), Reese Witherspoon (Cecily), Judi Dench (Lady Bracknell), Tom Wilkinson (Dr. Chasuble), AnnaMassey (Miss Prism), Edward Fox (Lane), Patrick Godfrey (Merriman), Charles Kay (Gribsby). País: EE.UU.-Gran Bretaña-Francia. Año: 2002. Producción: Barnaby Thompson para Miramax Films, Ealing Studios y Fragile Films, en asociación con Film Council y Newmarket Capital Group LLC. Argumento: Basado en la obra teatral de Oscar Wilde. Guión: Oliver Parker. Música: Charlie Mole. Fotografía: Tony Pierce-Roberts. Montaje: Guy Bensley. Diseño de producción: Luciana Arrighi. Dirección artística: Paul Ghirardani. Vestuario: Maurizio Millenotti. Estreno en Madrid: 05-I-05. Distribuidora cine y vídeo: Lauren Films. Duración: 97 minutos. Género: Comedia dramática. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: —.

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