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Críticas de Cine

Vie05262017

Last updateVie, 26 May 2017 2am

Los chicos de mi vida

Riding Car with Boys

En Los chicos de mi vida, las apariencias engañan. Su directora, Penny Marshall, mostró buenas maneras en Despertares, pero acabó especializándose en comedietas sentimentales tan poco sutiles como Big, Ellas dan el golpe, Un poeta entre reclutas o La mujer del predicador. A este tipo de comedietas también está abonada Drew Barrymore, la protagonista. Quizá por eso, con ese mismo tono frívolo y superficial comienza Los chicos de mi vida, basada en la autobiografía de la escritora norteamericana Beverly Donofrio, cuyo agresivo título —Cabalgando en coches con chicos— tampoco hacía esperar nada bueno. Pero el caso es que, poco a poco, la trama evoluciona de la comedia al drama, hasta convertirse en una crítica sincera, honesta y nada complaciente del desmadre moral que marcó trágicamente a la generación nacida en los años sesenta.

Berverly Donofrio nació en 1961 en una pequeña ciudad de Connecticut, en el seno de una familia católica, dirigida con mano firme por un severo policía. Inteligente e idealista, la dolescente Beverly sueña con ir a la universidad y convertirse en escritora. Pero sus ilusiones se hunden cuando, con quince años, se queda embarazada de un rudo compañero de clase, con el que se casa y con el que malvive en una casucha de protección oficial. La adicción a las drogas del marido, agravada por el tremendo egoísmo de Beverly, que sigue empeñada en ir como sea a la universidad, acaban por destruir el matrimonio y por marcar la infancia de su hijo. Este, obligado a tomar complejas decisiones morales desde muy temprana edad, sostendrá a su madre durante años.

Heredada de la sólida perspectiva ética de la obra de Donofrio, destaca la capacidad de comprensión con que el guión va perfilando a todos los personajes, que nunca se convierten en arquetipos, también por el esfuerzo del espléndido reparto. Se trata, sin embargo, de una capacidad de comprensión incómoda, pues no disculpa el irresponsable hedonismo de Berverly, su marido y muchos de sus amigos; ni la rígida moralidad, a menudo sin alma, de los padres de todos ellos. Generacionalmente, quienes mejor salen parados son los jóvenes de hoy, muchos de los cuales han sufrido el todo vale de sus padres y han sabido recuperar en su justa medida el compromiso moral y la generosa dedicación a la familia de sus abuelos. Ciertamente, la plana realización de Penny Marshall no pasará a la historia. Y cabe criticar su falta de medida en varios momentos sensibleros, algún que otro recurso a la sal gruesa —sobre todo en materia sexual— y un excesivo empleo de apoyos musicales para hacer avanzar la acción. En todo caso, queda una película interesante, por encima de la media del último cine estadounidense. J.J.M.

Director: Penny Marshall. Intérpretes: Drew Barrymore (Beverly Ann D’Onofrio), Steve Zahn (Raymond Haseck), Adam Garcia (Jason Donofrio), Brittany Murphy (Farina ‘Fay’ Forrester), James Woods (Leonard ‘Pop’ Donofrio), Lorraine Bracco (Eileen Donofrio), Peter Facinelli (Tommy), Desmond Harrington (Bobby). País: Estados Unidos. Año: 2001. Producción: Sara Colleton, Bridget Johnson y Morgan Ward para Flower Films, Gracie Films y Parkway Productions. Agumento: Basado en el libro Riding in cars with boys de Beverly D’Onofrio. Guión: Morgan Upton Ward. Música: Heitor Pereira y Hans Zimmer. Fotografía: Miroslav Ondrícek. Dirección artística: Teresa Carriker-Thayer. Montaje: Lawrence Jordan y Richard Marks. Estreno en Madrid: 8-II-02. Distribuidora cine y vídeo: Columbia TriStar Films. Duración: 132 minutos. Género: Drama biográfico. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: —.

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