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Críticas de Cine

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Moulin Rouge

Moulin Rouge

París 1900. Cerca de Montmartre, donde reina la vida bohemia, se alza el imponente cabaret Le Moulin Rouge, al que acuden pobres y ricos en singular y democrático homenaje a la belleza. Entre las bellas que adornan el local regentado por el mefistofélico Harold Zidler (Jim Broadbent), destaca Satine (Nicole Kidman), apodada El diamante chispeante. Zidler quiere convertir el Moulin Rouge en un auténtico teatro donde reine Satine. Ésta a su vez quiere ser una auténtica artista y no una simple cortesana de lujo. El instrumento para realizar sus ambiciones será El Duque (Richard Roxburgh), un hombre tan rico como carente de atractivos. El Duque está dispuesto a financiar el sueño de ambos a cambio de poseer a la joven. El proyecto podría haber salido bien si Christian no se hubiese entremetido...

Christian (Ewan McGregor) es un joven y cándido escritor que ha dejado su bienestar inglés para conocer París, el arte y la vida bohemia. Es incapaz de escribir nada, hasta que un accidente le pone en contacto con sus vecinos, un grupo de alocados artistas —que recuerdan a "los polis" de la Key-stone—, encabezados por el pequeño Toulouse-Lautrec (John Leguizamo). Lautrec se convence rápidamente de que Christian es un gran poeta, y decide que es la persona indicada para escribir la obra musical Spectacular-Spectacular, que quiere vender a Zidler. Con tal motivo llevan a Christian al Moulin Rouge, donde accidentalmente conoce a Satine. Ambos se enamoran perdi-dadamente, aunque saben que corren el peligro de pagar un alto precio por su osadía.

La acción siempre avanza a gran velocidad. Christian y Satine se aman. El Duque financia la obra de teatro —una burda alegoría a su grandeza y a su pretensión de poseer a Satine— y espera cobrar su recompensa el día del estreno. La compañía teatral prepara el espectáculo mientras confía que la pareja protagonista no estropee todo antes del estreno. Nadie, salvo el espectador, cree que una cortesana deje pasar la oportunidad de su vida por amor. Mientras tanto, sin que Satine lo sepa, se descubre que la joven está gravemente enferma...

Esta larga presentación es necesaria para entender qué estamos viendo: una apasionada historia que tiene la estructura de los seriales de finales del XIX o el amanerado guión de una ópera, léase La Traviata o La Boheme, con sus locos amores, sus artistas pobres, sus insulsos ricos y la tuberculosis acechando a la diva, una encantadora criatura que ha podido vivir en el pecado pero que tiene un corazón de oro. El australiano Baz Luhrmann (El amor está en el aire, Romeo y Julieta), también director de ópera, ha elegido la música como vehículo de esta historia, y nos ofrece un grandioso espectá-culo a medio camino entre Broadway y Milán. Tal vez sea un signo de los tiempos que grandes directores hayan apostado por este género en los últimos años; pensemos en Todos dicen "I Love You", de Woody Allen, en Trabajos de amor perdidos, de Kenneth Branagh, o en Bailar en la oscuridad, de Lars von Triers, todas ellas obras de gran entidad con tres historias redondeadas por la música. En el presente caso, la música envuelve... nada, o casi nada. La historia es tan vacía como un libreto de ópera, supeditado al tiempo y a la melodía. Pero en lo que se refiere al envoltorio, un lujo que hay que paladear con mesura. Luhrmann es un artista visual, al que secunda muy bien el director de fotografía de Do-nald M. McAlpine, que ya trabajó con él en Romeo y Julieta de William Shakespeare. Para ambien-tar el célebre cabaret parisino, la exuberante puesta en escena combina decorados auténticos y digitales, maquetas, un sofistica-do vestuario y un audaz maquilla-je. Y sobre todo ello, la música reina más que el amor para que unos personajes bastante estereo-tipados resulten convincentes.

Hay que alabar el trabajo de Kidman y McGregor que, por cierto, cantan de verdad y aprueban con notable dicha asignatura; asimismo resultan convincentes y atractivos, él como joven casi irreal en su ingenuidad, y ella dura y frágil a la vez, ambiciosa y digna de compasión al mismo tiempo. Entre los secundarios cabe destacar el excelente papel de John Leguizamo, que encarna a un Lautrec menos lánguido y tristón de lo que suele ofrecer el cine. La música y las canciones son parte importante del guión. Luhrmann y Craig Pearce han mezclado la casi totalidad de los mitos de la música popular moderna: Sting, Madonna, Beatles, Elton John y un larguísimo etc., son parte de la historia (más de dos años costó obtener las oportunas licencias); los arreglos de Craig Armstrong y Marius De Vries han obrado maravillas, los temas se disuelven, se transforman, ayudan a la acción o son la acción misma.

Poderosa música, decorados barrocos y fastuosos vestidos diseñados para recrear la atmósfera bohemia y sensual, muy sensual, particularmente durante los primeros veinte minutos, donde se muestra el frenesí del Moulin Rouge, de sus artistas y del famoso French Can Can. Especialmente en ese pasaje, la mágica cámara de Donald McAlpine y el montaje videoclipero de Jill Bilcock, unidos a una portentosa coreografía, imponen un esfuerzo soberano a la capacidad audiovisual del espectador. El romanticismo de la historia queda pequeño a su lado; si Luhrman y Pearce hubieran tenido a Shakespeare para darle un poco más de sustancia a la historia todos habríamos ganado.

No cabe duda de que estamos ante una película notable, aunque no redonda. Un collage de lujo en el que, gracias al talento de Luhrman, todos los elementos se mantienen en su sitio por un algo indefinible. Con algunos momentos mágicos, particularmente la notable escena del tejado, donde Christian y Satine se declaran su amor en un poético calidoscopio de canciones populares. En cualquier caso, la película es una apuesta arriesgada, asequible y minoritaria a la vez, que entusiasmará a unos y enfurecerá a otros. F.G.-D.

Director: Baz Luhrmann. Intérpretes: Nicole Kidman (Satine), Ewan McGregor (Christian), John Leguizamo (Toulouse-Lautrec), Jim Broadbent (Harold Zidler), Richard Roxburgh (duque). País: Australia-Estados Unidos. Año: 2001. Producción: Baz Luhrmann, Martin Brown y Fred Baron para Bazmark. Presentada por: Twentieth Century Fox. Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce. Música: Craig Armstrong y Marius De Vries. B.S.O: Universal Music. Fotografía: Donald M. Mc Alpine. Dirección artística: Catherine Martin. Montaje: Jill Bilcock. Estreno en Madrid: 11-X-01. Distribuidora cine: Fox. Distribuidora de vídeo: Fox. Duración: 126 minutos. Género: Tragedia musical. Premios principales: Canidata al premio 2001 a la mejor película extranjera del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC). Globo de Oro 2001 a la mejor película de comedia o musical, actriz de comedia musical (Nicole Kidman) y banda sonora. Candidaturas a mejor actor (Ewan McGregor) y mejor canción (Come What May). Candidatura a los Oscars 2001 a Mejor película, mejor actriz (Nicole Kidman), fotografía, montaje, direcxción artística, vestuario, sonido y maquillaje. Nominación a los Premios Grammy 2002 a Mejor Album para Película o Televisión. Público adecuado: Adultos. Contenidos especiales: S+ D.

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