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Críticas de Cine

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Last updateDom, 17 Dic 2017 1am

Pearl Harbor

Pearl Harbor

Que si se hunde el Titanic de la Disney, que si el ratón Mickey se indigesta, que si tropezó el gigante... A muchos periodistas les encanta cargar las tintas cuando se trata de informar sobre algún traspiés de los grandes de este mundo, sobre todo si son norteamericanos y tan superpopulares como la Walt Disney Pictures. Ciertamente, fue preocupante el plan de despidos —más de 4.000 empleados— y de recortes salariales —con reducciones entre un 30% y un 50%— que anunció la poderosa compañía de Burbank durante la primavera de 2001. Y también lo fue que un ejecutivo tan prestigioso y carismático como Peter Schneider abandonara la empresa tras quince años de éxitos constantes. Pero, desde luego, resultó desproporcionado achacar todos esos males al hecho de que Pearl Harbor no cumpliera del todo las altísimas expectativas económicas que había generado, y sólo recaudara en tres semanas ¡160 millones de dólares! La realidad es que la película ya generó ganancias antes de finalizar su explotación cinematográfica en Estados Unidos y antes de arrasar totalmente fuera de allí. Otra cosa es que, en efecto, Pearl Harbor no ha recaudado lo que recaudó Titanic, y que tampoco ganó su pulso particular con otras películas de la competencia, como Shrek, de la DreamWorks. En cualquier caso, ha sido uno de los contadísimos pulsos que la Disney ha perdido desde hace años.

Sea como sea, estos elementos extracinematográficos no deberían haber afectado a la valoración técnica y estética de Pearl Harbor, una película que probablemente no merece per se ni alabanzas entusiastas ni escarnios furibundos. Al fin y al cabo se trata de un digno producto de entretenimiento popular, de esmerada factura y muy espectacular, cuyo defecto más evidente es su falta de originalidad, pues sus autores han tomado prestados, con descaro total, elementos de otros muchos films, clásicos y modernos.

El argumento arranca en los años 30 con la amistad infantil de dos chavales del Sur de Estados Unidos, recreada con un estilo muy cercano al que empleó Steven Spielberg en la excelente El imperio del sol. Sin perder nunca este punto de referencia, la acción da un salto hasta los años de la II Guerra Mundial, y el estilo del film imita entonces el de tantos melodramas clásicos ambientados en esa época, con Casablanca, de Michael Curtiz, como modelo paradigmático. De este modo se muestra cómo aquellos dos amigos de la infancia, ahora jóvenes pilotos de la Marina norteamericana, se disputan el amor de una bella enfermera. Después de que uno de ellos sea dado por muerto durante la batalla de Inglaterra, el momento crítico del conflicto romántico coincidirá con el ataque japonés a la base naval norteamericana de Pearl Harbor, que provocó la entrada de Estados Unidos en la guerra. Durante este largo capítulo catastrófico, Titanic se convierte en la principal fuente de inspiración, e incluso la tópica escenita sexual está tan mal introducida como en el film de James Cameron. El epílogo, sin dejar de mostrar la influencias antes citadas, está más cercano al tono heroico-patriótico-vengativo de películas como Independence Day, de Roland Emmerich.

Con todo esto cabe decir que este ambicioso melodrama épico padece una estructura previsible, un reparto mejorable y un argumento poco original. Y también que abusa de apelaciones al patrioterismo y recurre artificiosamente a personajes políticamente correctos, como el que interpreta Cuba Gooding Jr., idéntico por cierto al que dio vida en Hombres de honor, su anterior film. Pero, a la vez, es de justicia señalar que la película ofrece una bellísima fotografía de John Schwartzman, una vibrante banda sonora del maestro Hans Zimmer —que subraya convenientemente el trágico romanticismo de la historia— y, sobre todo, un sólido guión de Randall Wallace (Braveheart), de hechuras clásicas, con buenos diálogos, ponderado y respetuoso en su retrato del ejército japonés y con algunas secuencias muy sugestivas, como la romántica despedida a la puerta del hotel de Nueva York. Esto facilita el buen hacer de todo el reparto —dentro de sus personales limitaciones— y da suficiente entidad dramática a la enfática y agitada, pero espectacularísima, puesta en escena de Michael Bay (La Roca, Armageddon), plagada de efectos visuales y sonoros de primera categoría, especialmente llamativos durante los más de 40 minutos que dura la espeluznante recreación del ataque nipón contra la bahía hawaiana.

Ciertamente, cualquier buen aficionado se da cuenta de que este guión en manos de un director más sutil y con un reparto de estrellas habría dado lugar a un película excelente. Y que, si el guión lo hubiera pulido David Mamet, por ejemplo, hasta habría permitido una obra maestra. En todo caso, tal y como está, ha permitido un vibrante melodrama bélico, bastante por encima de la media. J.J.M.

Director: Michael Bay. Intérpretes: Ben Affleck (Capitán Rafe McCawley), Josh Hartnett (Capitán Danny Walker), Kate Beckinsale (Teniente enfermera Evelyn Stewart), Ewen Bremner (Red Winkle), Jon Voight (Presidente Franklin Roosevelt), William Lee Scott (Billy), James King (Enfermera Betty), Cuba Gooding Jr. ("Doris" Dirie Miller), Dan Kroyd (Capitán Jesse Thurman), Alec Baldwin (Teniente Coronel Jimmy Doolittle). País: Estados Unidos. Año: 2001. Producción: Jerry Bruckeimer y Michael Bay para Jerry Bruckeimer y Touchstone Pictures. Guión: Randall Wallace. Música: Hans Zimmer. B.S.O.: Warner Music. Fotografía: John Schzartzman. Dirección artística: Jon Billington y William Ladd Skinner. Montaje: Roger Barton y Mark Goldblatt, Chris Lebenzon y Steven Rosenblum. Estreno en Madrid: 6-VII-01. Distribuidora cine: Buena Vista.   Distribuidora de vídeo: Buena Vista. Duración: 175 minutos. Género: Melodrama bélico. Premios principales: Nominación a los Globos de Oro 2001 Banda Sonora y Canción (There You’ll Be, Diane Warren). Nominación a los Grammy 2001 a Mejor Canción para Pelicula (There You’ll Be, Diane Warren). Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: V S D.

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