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Críticas de Cine

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Last updateLun, 18 Dic 2017 1am

Philadelphia

Philadelphia

Philadelphia es una película de diseño: una blanda y artificiosa apología de la homosexualidad en la que todo está pensado para romper la reticencia que el gran público ha tenido hasta ahora respecto a los films sobre el SIDA. Por otra parte, le ha servido al director, Jonathan Demme, para congraciarse con el poderoso colectivo gay norteamericano –que ha financiado la película generosamente–, tras las duras críticas que recibió su anterior trabajo, El silencio de los corderos, en el que presentaba a un psicópata asesino que era homosexual.

Un primer elemento popular de la película es su estructura de drama judicial. Más que centrarse directamente en los efectos del SIDA, o en la vida cotidiana de una pareja de homosexuales, o en las relaciones de un homosexual con su familia, el guión de Ron Nyswaner –que fue nominado al Oscar– analiza esos elementos desde dentro de la trama judicial, que le sirve además como pretexto para denunciar la intolerancia heterosexual que, según él, domina todavía la sociedad actual.

El protagonista de la historia –supuestamente basada en un hecho real– es Andrew Beckett (Tom Hanks), un brillante abogado gay de Philadelphia, enfermo de SIDA, que es despedido inesperadamente de la prestigiosa empresa en que trabaja. Sus jefes justifican el despido por la creciente incompetencia de Beckett; él, por su parte, cree que responde única y exclusivamente al temor que les inspira su enfermedad, bajo el que subyace una clara discriminación contra los homosexuales. Dispuesto a defender su reputación profesional, y tras buscar sin éxito durante meses a alguien que le represente, Beckett tropieza con Joe Miller (Denzel Washington), un honesto y tenaz abogado de color, especialista en casos de discrimación racial e injurias personales. Antes de identificarse con las razones de Beckett, Miller tendrá que vencer sus propios miedos y prejuicios. En este proceso, será decisiva la amistad que surge entre ambos, así como el apoyo incondicional que recibe Beckett de su familia, de la comunidad gay de Philadelphia y de Miguel (Antonio Banderas), su compañero sentimental.

La realización de Jonathan Demme (Algo salvaje, Casada con todos, El silencio de los corderos) es correcta, aunque tiene mucha menos solidez que otras veces, quizá por el peso excesivo de su discurso ideológico. El ritmo narrativo está muy atado al mensaje que quiere transmitir, de modo que la película avanza a trompicones y con frecuencia resulta deslavazada, plana y enfática. Algunos han achacado estos defectos a importantes mutilaciones en el montaje final. Por supuesto, prima el retrato humano de los personajes sobre la pura narración o su trasposición visual, lo que resalta el trabajo de los actores. Todas las interpretaciones son buenas, sobre todo la de Tom Hanks, aunque quizá resulten excesivos el Globo de Oro, el Oso de Plata en Berlín y el Oscar al mejor actor que ha conseguido; sin duda, han pesado mucho en estos premios razones extracinematográficas. En cualquier caso, y a pesar de sus aristas y de la humanidad de su argumento y de sus personajes, a la película, sorprendentemente, le falta fuerza dramática; no acaban de tocar fibra las intensas andanadas de Demme al corazoncito del espectador. Quizá se deba esto a que, en realidad, todo en la película es muy artificioso, epidérmico y sin matices.

En efecto, Demme no sabe disimular que su tono sentimental y maniqueo oculta una historia superficial que en ningún momento entra a fondo en el dilema moral que plantea la homosexualidad. A pesar de la crudeza de sus diálogos y de algún breve detalle exhibicionista, Demme humaniza un poco el estilo hiperrealista de sus anteriores films, lo que suaviza externamente la película. Pero esta falsa humanización devalúa el rigor de sus análisis. En este sentido, y a pesar de que también da estatuto de normalidad a la homosexualidad, es mucho más honesta e interesante En el filo de la duda, la reciente película de Roger Spootiswoode sobre el SIDA.

Lo peor de Philadelphia es que confunde tramposamente el elogio de la solidaridad hacia los enfermos del SIDA con una flácida apología de la homosexualidad, que parte de una permisividad absoluta en materia sexual y escamotea las raíces del problema. Así, muchos argumentos de razón contra la homosexualidad son puestos en boca de los malos y despreciados por intolerantes. En este punto se incluyen numerosas críticas implícitas al cristianismo. Además, se callan los profundos desequilibrios psíquicos y afectivos que causan la homosexualidad o la conllevan: la homosexualidad se presenta, sin más, como un estilo de vida alternativo. De este modo, se minimiza de paso el dolor que suelen padecer los padres con un hijo homosexual: el retrato que hace la película de la familia de Beckett, llena de niños y de encantadoras personas comprensivas, es muy falso. Y para colmo, no queda ni mucho menos claro que el despido sea discriminatorio: es evidente que las facultades de Beckett van disminuyendo con el avance de la enfermedad, y que el hecho de que Beckett oculte su enfermedad a sus jefes tiene mucha más relevancia jurídica que la que se le da: el SIDA no es un constipado. En esta misma línea se enmarca la defensa que hace la película de los derechos hereditarios del compañero sentimental de Beckett.

En el fondo, la película no se enfrenta cara a cara con la naturaleza humana, con la verdad profunda del hombre. No se entiende la doble moral de algunos, que sólo aplican a la ecología o al tabaco eso de que "la Naturaleza siempre pasa factura si se va contra ella". Eso sí, las canciones de Bruce Springsteen –ganadora del Oscar–, Neil Young, Peter Gabriel, RAM y compañía son preciosas. J.J.M.

Director: Jonathan Demme. Intérpretes: Tom Hanks (Andrew Beckett), Denzel Washington (Joe Miller), Antonio Banderas (Miguel Álvarez), Roberta Maxwell (Juez Tate), Buzz Kilman (Crutches). País: Estados Unidos. Año: 1993. Producción: Jonathan Demme y Edward Saxon, para Clinica Estético y TriStar Pictures. Guión: Ron Nyswaner. Música: Howard Shore. Fotografía: Tak Fujimoto. Dirección artística: Kristi Zea. Montaje: Craig McKea. Estreno en Madrid: 11-III-94 (Albufera, Callao, Ideal, Vaguada, Vergara). Distribuidora cine: Columbia TriStar. Distribuidora vídeo: Columbia TriStar. Duración: 120 minutos. Género: Drama. Premios principales: Globo de Oro 1993, Oso de Plata en la Berlinade 1993 y Oscar 1993 al mejor actor principal (Tom Hanks); Globo de Oro y Oscar 1993 a la mejor canción original (Streets of Philadelphia, de Bruce Springteen). Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: S D+.

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