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Críticas de Cine

Sáb05272017

Last updateSáb, 27 May 2017 2am

Spawn

Spawn

Adaptación de un cómic de corte fantástico. Cuenta la historia de Simmons, agente de la CIA y máquina de matar, que desea dejar esa vida y dedicarse a su familia. Su jefe no está dispuesto a permitirlo y lo mata. Entonces Simmons va a parar a una especie de antesala del infierno, donde se convierte en Spawn. Allí hace un pacto con el diablo: volverá con su esposa si coopera en unos planes que conllevan la destrucción del mundo. Naturalmente, Spawn acabará del lado de la justicia.

La película, a priori, ofrecía el atractivo de un superhéroe en manos del mal, que finalmente se redime. En manos de Mark Dippé —artesano de efectos especiales, el apartado en que mejores resultados alcanza el film—, que sigue un guión simplón, se convierte en un producto aburrido y poco imaginativo, con un personaje detestable: el del clown, que con sus continuas bromas zafias agota al espectador más paciente. J.M.A.

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Sin City

Sin City

El texano Robert Rodriguez (El Mariachi, Spy Kids) adapta el cómic negro y underground de Frank Miller, que figura como codirector. El comentario generalizado es que hay gran fidelidad al cómic. Y parece que dicho esto sólo cabe alabar la película. No he tenido el disgusto de estudiar el cómic: me ha bastado un vistazo para comprobar que es un cóctel insano de violencia pulp y de erotismo sórdido que se ambienta en una ciudad corrompida. La cinta se compone de tres historias: un policía honrado intenta salvar a una niña de las garras de un pederasta; un fornido criminal se empeña en vengar a una prostituta asesinada; un tipo duro intenta impedir una guerra de bandas en el barrio chino de Sin City. Con su tono cínico y pesimista, la película se hace pesada porque falta humanidad y sobran estereotipos y regodeo en la violencia brutal. Las opciones estéticas están presididas por una planificación muy afín al comic book, con opción radical por el blanco y negro, solo quebrada por alguna mancha de color. A.F.

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Sweetie

Sweetie

Tras el éxito comercial de El piano y el aliento industrial de sus muchos premios, las taquillas sacan al sol este viejo trapo de la Campion. Es su primer largometraje (1988-89), realizado con escasez de medios y otras deficiencias: se inicia la incapacidad de contar una historia con coherencia, de perfilar y dar consistencia a unos personajes; se inician también dos constantes: algunos de sus protagonistas son seres tarados, con lo cual Jane Campion pretende disimular su falta de tino en el retrato humano, y pasar por buenas sus propias incoherencias; la otra constante son las desnudeces, y un desafuero sexual que viene a dar en lo bufo. Ésta es Sweetie: una loca gorda que con otros bobos lleva a cabo las más desarticuladas acciones. Parece un mal cine cómico mudo recién sonorizado. P.A.U.

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Spun

Spun

Spun, otra película sobre drogas, narra la delirante —en sentido literal— odisea de Ross (Jason Schwartzman) cuando acepta convertirse en el chófer y chico de los recados de un tío conocido como «El cocinero» (Mickey Rourke), dedicado a elaborar la droga en un laboratorio clandestino.

Se puede suponer que John Akerlund ha querido mostrar la maldad de la droga y de los efectos que produce. Lo cierto es que tanto el mensaje como su contenido son poco originales y que lo único que logra es hacer un despliegue brutal de todo tipo de situaciones sucias, escabrosas y desagradables. F.G.-D.

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Splendor

Splendor

Cuando abandona a su amante femenina, una joven actriz comparte piso con sus dos amantes, un crítico de música rock y el batería de una banda. Al quedarse embarazada, decide abandonarles y contraer matrimonio con un tercero.

"Explora tus posibilidades" dice la frase promocional de este último trabajo de Gregg Araki. Ciertamente, pocas combinaciones más le quedan por probar a la protagonista en sus relaciones amorosas. La conclusión a la que finalmente llega es que si la convivencia en pareja es difícil, la cosa se complica todavía más en un trío. Esto se toma más como una broma que como una reflexión seria sobre el tema, y en ningún momento atrae la atención de los espectadores, lo que devalúa una cierta elegancia que exhibe Araki a la hora de rodar. Ni se acerca a la maestría de su aparente modelo, la magistral Jules et Jim (1961), de Françoise Truffaut. J.L.S.

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