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Críticas de Cine

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Last updateDom, 17 Dic 2017 1am

Tuvalu

Tuvalu

En una ruinosa ciudad costera de un extraño país, seguramente de Europa oriental, en un año cualquiera pasado 1950, transcurre la (in)acción de esta curiosa película. Una vieja piscina pública se cae a pedazos, pero el propietario —un rico ciego—, su inocente hijo Antón —que sueña con ser capitán de barco— y los pocos clientes habituales, que en ella viven y juegan, se niegan a abandonarla. Gregor, el hermano de Antón, hace todo lo posible por derruir la piscina y vender el solar a una constructora. Mientras tanto, aparece Eva, la joven hija de un lobo de mar. De ella se enamorarán a la vez Gregor y Antón.

Nacido y formado en Múnich, y hoy residente en Berlín, el joven cineasta alemán Veit Helmer ha obtenido un centenar de premios con sus cortometrajes y spots. Y Tuvalu, su primer largo, con 24 premios internacionales hasta la fecha, no desmerece de sus predecesores. Es más, les debe demasiado: a pesar de una indudable gracia y originalidad —muy de agradecer en estas fechas—, es como una sucesión de cortos. Helmer ha hecho en ella un doble alarde: primero ha rodado una película casi muda, con sonido ambiente y música, pero en la que los personajes no hablan, se limitan a pronunciar de vez en cuando algún ruido y algún nombre propio. En segundo lugar, ha rodado en blanco y negro, y después ha coloreado el negativo con diversos virados a la antigua usanza, según el ambiente de la acción. No en vano los clásicos del cine mudo hacen furor en Alemania.

La película tiene más aciertos que fallos y un indiscutible encanto, que debe un poco al tono surrealista de la historia, otro poco a la esmerada ambientación y a la atrevida planificación, y un mucho a los personajes y a las referencias que los definen. Y es que Helmer quiere hacer un homenaje a sus ídolos, sin dejar a ninguno fuera: Chaplin, Keaton, Turpin, Murnau... Y, más cerca de nosotros, el serbio Emir Kusturica —cuyo compositor habitual, Goran Bregovic, ha completado la excelente banda sonora de Jürgen Knieper— y los franceses Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro, autores de Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos. Este afán de Helmer explica su recurso frecuente a aceleraciones de las imágenes y a otros golpes de humor al más puro estilo del slapstick, así como su opción por unas interpretaciones premeditadamente histriónicas y gestuales. Sin embargo, la platónica ingenuidad de muchos de sus referentes es sustituida aquí por una descripción explícita, aunque delicada, del despertar de Antón a la sexualidad, que culmina en la contemplación de la bella Hamatova, cual sirena, en la piscina. F.G.-D.

Director: Veit Helmer. Intérpretes: Denis Lavant (Anton), Chulpan Khamatova (Eva), Philippe Clay (Karl), Terrence Gillespie (Gregor), E.J. Callahan (Inspector), Djoko Rosic (Gustav), Catalina Murgea (Martha), Todor Georgiev (Policeman). País: Alemania. Año: 1999. Producción: Veit Helmer para Veit Helmer Filmproduktion. Presentada por: Bavaria Film International. Guión: Michaela Beck y Veit Helmer. Música: Jürgen Knieper. Música adicional: Goran Bregovic. Fotografía: Emil Christov. Dirección artística: Alexander Manasse. Montaje: Araksi Mouhibian. Vestuario: Boriana Mintcheva. Estreno en Madrid: 20-VII-01. Distribuidora cine: Aurum. Distribuidora de vídeo: Columbia TriStar. Duración: 101 minutos. Género: Tragicomedia. Premios principales: Semana Internacional de Cine Fantástico de Málaga 2001: Mejor Película, Director, Actor. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V X.

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