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Críticas de Cine

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Last updateLun, 18 Dic 2017 1am

¡Viven!

Alive

En octubre de 1972 el avión en que viajaban los componentes de un equipo de rugby uruguayo se estrelló en los Andes. Al cabo de unos días, los supervivientes comprendieron que la operación de rescate había sido abandonada y los pasajeros dados por muertos. Si querían sobrevivir, tendrían que arreglárselas con sus propios medios. Ante el acuciante problema de la falta de comida, tomaron una decisión que más tarde conmocionaría al mundo: alimentarse de los cadáveres de los fallecidos.

Estos sucesos reales inspiraron un libro de Piers Paul Read. Frank Marshall, productor de muchos films de Steven Spielberg y director de Aracnofobia, ha enriquecido la historia hablando con los supervivientes. Todo ello ayuda a contarla con el mayor realismo posible, sin ceder a sentimentalismos fáciles ni a recrearse en los puntos más desagradables. Porque lo más importante de ¡Viven! no es la antropofagia, sino, en palabras de Marshall, "el instinto de supervivencia de unas personas, la solidaridad del ser humano, el trabajo en equipo, la hermandad del hombre en una situación límite, que pueden ayudarle a sobreponerse a las circunstancias". Es en este contexto donde la antropofagia queda justificada como último recurso.

Gran mérito del film recae sobre el guión de John Patrick Shanley, conocido por su trabajo en Hechizo de luna. Tras la espléndida secuencia de apertura, dosifica muy bien los elementos que conforman la aventura: tragedias personales, expediciones para reconocer la zona, una terrible avalancha... Muestra a unos personajes que sufren altibajos –son capaces de sacrificarse por otro y de discutir luego, como si en ello les fuera la vida, de las cosas más triviales–, pero dispuestos a superar la prueba a que están siendo sometidos. La fe en Dios de los protagonistas, mostrada con sorprendente naturalidad, es lo que les sostiene.

Destaca en la confección del film la complicada escena del accidente aéreo –efectos especiales de la Industrial Ligth & Magic y hábil montaje de Michael Kahn–, quizá el más espectacular y realista de la historia del cine. Muy bien recreada está la sensación claustrofóbica provocada por las paredes del avión y por las montañas que rodean el precario campamento. Son de resaltar también la magnífica fotografía de Peter James y la inspirada y variada banda sonora de James Newton Howard. Los actores, casi todos desconocidos a excepción de Ethan Hawke, interpretan sus papeles con la sobriedad requerida por el relato. El resultado es una buena película, dura sin duda, pero que despierta confianza en lo mejor que puede dar de sí el ser humano.— J.M.A.

Director: Frank Marshall. Intérpretes: Etham Hawke (Nando Parrado), Vincent Spano (Antonio Nalbi), Josh Hamilton (Roberto Canessa), Bruce Ramsay (Carlitos Páez), John Haymes Newton (Tintín). País: USA. Año: 1992. Producción: Robert Watts y Kathleen Kennedy, para Paramount y Touchstone Pictures. Guión: John Patrick Shanley. Música: James Newton Howard. Fotografía: Peter James. Dirección artística: Norman Reynolds. Montaje: Michael Kahn y William Goldberg. Estreno en Madrid: 30-IV-93. Distribuidora cine: UIP. Distribuidora vídeo: CIC. Duración: 95 minutos. Género: Drama. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: —.

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