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Críticas de Cine

Lun06262017

Last updateLun, 26 Jun 2017 2am

Washington Square

Washington Square

Catherine Sloper perdió a su madre al nacer. Su padre, un severo médico, quedó roto por esta muerte. Y motivo añadido de mortificación es para él ver cómo su Cathy, al crecer, se convierte en una joven poco agraciada, tímida y asustadiza, con un deseo casi enfermizo por complacerle. Al aparecer en escena Morris Townsend, mozo apuesto sin profesión ni patrimonio, con la intención de cortejar a Cathy, el doctor se pone en guardia. Incapaz de creer que nadie pueda amar a su hija —él tampoco lo hace—, pone todos los medios para evitar el posible enlace. Como medio de presión amenaza con desheredar a su hija de la fortuna que le aguarda a su muerte. De ese modo, está convencido, ahuyentará al que cree un aprovechado.

Nueva adaptación de una novela de Henry James, tras Retrato de una dama y Las alas de la paloma. La ambientación es magnífica, y la secuencia de arranque, brillante; pero Agnieszka Holland se enfrenta a las comparaciones con la versión de William Wyler, La heredera (1949), verdadera obra maestra. De modo que a su película, correcta en líneas generales, los defectos se le notan más, y las virtudes las descubre uno ya presentes, casi siempre, en el film de Wyler. Aparte de echar en falta algunas de ellas. Algo parecido a lo ocurrido con Sabrina (Billy Wilder, 1954), que conoció un innecesario remake de Sidney Pollack en 1995.

El film de Holland insiste, pues, en la crueldad de un padre que desprecia a su hija, y en la poquedad de ella, incapaz de juzgarle mal. Sólo se abren sus ojos por la actitud de él con su primer y único amor. Luego está la ambigüedad de Morris, donde se juega al desconcierto sobre si ama a Cathy o sólo persigue su dote; la nueva versión introduce una variante —deja caer que el doctor Austin también se habría casado, pobre, con su rica mujer—, que explicaría en parte su intransigencia con él: pero suena a falso. En cuanto a la tía Lavinia, la incondicional valedora en emparejar a Cathy y Morris, sigue siendo el personaje de buena voluntad, aunque torpe; pero Holland añade a su condición de casamentera un amor platónico, no manifestado pues lo sabe imposible, por el pretendiente.

Las mayores novedades del enfoque de Holland provienen de su toque feminista, que ayuda a suavizar el sabor amargo de la historia. La directora saca lustre a los personajes de mujeres, algunos ciertamente pequeños, pero en los que se observa una gran lucidez. Y en el desenlace se revela que la protagonista —una Jennifer Jason Leigh algo exagerada al principio, aunque poco a poco se entone— ha madurado, hasta el punto de saber tomar una decisión con libertad plena. J.M.A.

Directora: Agnieszka Holland. Intérpretes: Jennifer Jason Leigh (Catherine Sloper), Albert Finney (Dr. Austin Sloper), Ben Chaplin (Morris Townsend), Maggie Smith (Lavinia Penniman), Judith Ivey (Elizabeth Almond), Jennifer Garner (Marian Almond), Robert Stanton (Arthur Townsend). País: Estados Unidos. Año: 1997. Producción: Roger Birnbaum y Julie Bergman Sender, para Alchemy Filmworks. Presentada por: Hollywood Pictures y Caravan Pictures. Argumento: La novela de Henry James. Editorial: Ediciones B. Guión: Carol Doyle. Música: Jan A. P. Kaczmarek. B.S.O.: Varèse Sarabande. Fotografía: Jerzy Zielinski. Dirección artística: Allan Starski. Montaje: David Siegel. Estreno en Madrid: 17-IV-98. Distribuidora cine: Filmax. Distribuidora vídeo: Filmax. Duración: 115 minutos. Género: Melodrama. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: S.

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