Aflicción

Affliction

El título no engaña. Aflicción es una película triste. Muy triste, en realidad. Su protagonista, Wade Whitehouse, es un patético divorciado cincuentón, con un precario empleo como ayudante de sheriff. Tiene consigo unos días a su hijita —la custodia corresponde a su ex esposa— que espera disfrute de la estancia en su pueblo. No es así. La deja sola mientras toma un trago con unos supuestos amigos, que le ofrecen un canuto. La niña, sola, llama a su madre por teléfono para que venga a buscarla. Lo que se prometía feliz sale mal. Una vez más.

Paul Schrader, siguiendo la estela de otros títulos suyos como director o guionista (Taxi Driver, Toro Salvaje, American Gigolo), pone imágenes a la crónica de un fracaso. Lo hace adaptando una novela de Russell Banks —autor en que se basa el espléndido film El dulce porvenir, de Atom Egoyan—, que deja poco lugar a la esperanza. La escasa luz que se ofrece al protagonista —la investigación de una muerte violenta, que podría darle una autosatisfacción profesional— se revela estéril, pura quimera. A lo largo del relato, Schrader ofrece breves fogonazos en forma de flash-backs, que describen el duro entorno familiar de su infancia, por culpa de un padre violento y borracho, que todavía vive. Las visitas a su progenitor demuestran que, a pesar del esfuerzo que pone, las cosas no han cambiado mucho, a no ser el deterioro físico debido a los años transcurridos. La vida afectiva de Wade no es mucho mejor: si no logra el amor total de su hija, ni explicarse a su hermano en largas conferencias telefónicas, tampoco sabe apreciar bien el cariño que le ofrece una compasiva camarera.

Un film tan centrado en un personaje necesitaba un actor que diera la talla. Nick Nolte, algo perdido en sus últimos trabajos, es perfecto para componer al torturado Wade. Aflicción, con una fuerza amarga como la hiel, hace preguntarse al espectador, acompañando al perdedor protagonista, por qué todo sale mal, por qué la familia (padres y hermanos) no le entiende, por qué la religión parece no ofrecer respuestas, por qué las ilusiones duran poco, por qué se nos arrebata aquello que queremos más. Un enorme silencio, tan extenso y mudo como los desnudos parajes nevados donde transcurre la historia, es la única respuesta que da este film desgarrador, cargado de lo que alguien llamó una vez «violencia psicológica». J.M.A.

Director: Paul Schrader. Intérpretes: Nick Nolte (Wade Whitehouse), James Coburn (Glen Whitehouse), Sissy Spacek (Margie Fogg), Willem Dafoe (Rolfe Whitehouse), Marie Beth Hurt (Lillian), Jim True (Jack Hewitt), Marian Seldes (Alma Pittman), Holmes Osborne (Gordon LaRiviere), Brigid Tierney (Jill). País: Estados Unidos. Año: 1997. Producción: Linda Reisman, para Largo Entertainment. Argumento: La novela homónima de Russell Banks. Editorial: Anagrama. Guión: Paul Schrader. Música: Michael Brook. Fotografía: Paul Sarossy. Dirección artística: Anne Pritchard. Montaje: Jay Rabinowitz. Estreno en Madrid: 8-V-98. Distribuidora cine: Sherlock. Distribuidora vídeo: PolyGram. Duración: 113 minutos. Género: Drama familiar. Principales premios: Espiga de Oro al mejor actor y a la fotografía en la Seminci de Valladolid 1997. Premios al mejor actor dramático 1998 (Nick Nolte) del New York Film Critics Circle y de la National Society of Films. Nominaciones al mejor actor dramático 1998 (Nick Nolte) en los Globos de Oro y en el Screen Actors Guild Award 1998. Oscar 1998 al mejor actor secundario (James Coburn) y nominación al mejor actor dramático (Nick Nolte). Premio Alfa y Omega 1998 al mejor actor principal (Nick Nolte). Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: V– D.

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