Bloggermania

Críticas de Cine

Lun10212019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Acción civil

A Civil Action

En una pequeña población de Nueva Inglaterra se han acumulado los casos de niños fallecidos de leucemia; los padres culpan a dos grandes empresas que, según ellos, vierten sustancias nocivas en el río. Jan Schlichtmann (John Travolta) –un abogado especializado en casos de lesión corporal que se dedica a conseguir indemnizaciones para sus clientes de hospitales o grandes empresas, siempre por vía del compromiso; uno de sus principios es que no se llegue nunca a juicio– se decide a intervenir cuando advierte que puede obligar a esas empresas a pagar indemnizaciones millonarias; sin embargo, a los afectados no les interesa el dinero; lo que quieren es, sencillamente, que el culpable pida perdón. Hasta aquí, Acción civil parece un cruce de Legítima defensa, la novela de Grisham que llevó al cine Francis Ford Coppola, y El dulce porvenir de Atom Egoyan.

Sin embargo, a diferencia de los best-sellers de Grisham, siempre previsibles y centrados en la acción, A Civil Action ofrece un buen estudio del abogado, una figura compleja en un sistema aún más complejo. Cuando parece que va a llegar a un acuerdo con los abogados de la parte contraria, presiona demasiado sobre ellos, por lo que no acceden y resulta inevitable un proceso que le superará, profesional y económicamente: su bufete de abogados se arruinará al tener que financiar estudios y peritajes carísimos. ¿Por qué rompe con sus principios y no acepta los compromisos que le ofrecen sucesivamente? Uno de los aciertos del filme es ofrecer toda una gama de móviles en el protagonista: ¿se siente demasiado seguro de sí mismo, es puro narcisismo, o hay más? Jan, «uno de los diez solteros más codiciados de Boston», es un yuppie interesado por los símbolos de status, por los trajes caros, por ganar dinero y copar la atención de los medios de comunicación. Pero todavía más desea vencer a la élite de abogados de Harvard, magníficamente representada por Robert Duvall en el papel –candidato al Oscar al mejor actor secundario– de uno de los abogados contrarios, con su cátedra en Harvard y con su cartera vieja y gastada en cuarenta y cinco años de profesión, y por Sydney Pollack –ese gran realizador que tan contadas veces aparece ante la cámara–, en el de presidente de una multinacional, símbolos ambos de la aristocracia de la abogacía, a la que nunca pertenecerá Schlichtmann. La otra razón de su cambio ha de buscarse en una especie de catarsis: por fin ha comprendido que sus clientes no son objetos, sino personas (excelente labor la del director de fotografía al ofrecer la escena en que Jan se imagina la muerte de uno de los niños, apenas esbozada tras los cristales de un automóvil). A pesar de un efectismo exagerado, por ejemplo en el simbolismo del agua, Zaillian dirige bien a los actores –con «secundarios» de lujo, incluyendo una breve aparición de Kathy Bates–, y mantiene la tensión... hasta casi el final. J.G.

Director: Steven Zaillian. Intérpretes: John Travolta, Robert Duvall, Tony Shalhoub y William H. Macy. País: Estados Unidos. Año: 1998. Producción: Touchstone Pictures/Paramount Pictures. Distribución: Paramount. Guión: Steven Zaillian. Fotografía: Conrad L. Hall. Música: Danny Elfman. Fecha de estreno en España: 9.IV.99. Duración: 112 minutos. Género: Drama judicial. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: –.

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio, de acuerdo a tus hábitos de navegación.  Entendido   Más información