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Críticas de Cine

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Beaumarchais, el insolente

Beaumarchais, l’insolent

Pierrre-Augustin Caron de Beaumarchais (1732-1799) fue relojero, músico, dramaturgo (El barbero de Sevilla, Las bodas de Fígaro), político e intrigante, espía al servicio de Luis XV y Luis XVI —Inglaterra, Holanda—, negociante poco escrupuloso y muy apegado al dinero. Enviudó dos veces —y las dos se enriqueció—, se casó por tercera vez. De vida acelerada y disoluta —varias amantes—, murió de apoplejía. Esta más que sucinta biografía es la que recoge, con amplitud, la película. Con atemporalidad narrativa —100 minutos—, se condensan sucesos que abarcan unos veinte años de su vida. El conocido dramaturgo y cineasta ruso-francés Sacha Guitry dejó un texto inédito, que Edouard Molinaro ha tratado libremente, y el resultado de su película ha sido una discretamente entretenida lección de —por así decir— historia francesa; por así decir, pues esta biografía no pretende ser del todo historia, sino exultación patriótica sobre una figura universal.

La película comienza poco antes del estreno de El barbero de Sevilla (1775) —aunque se sitúan posteriormente acontecimientos anteriores—, y termina con el estreno apoteósico (1784) de Las bodas de Fígaro. Dos años después, y quizá hubiera sido más apoteósico como final, y más universal, se estrenaría en Viena la ópera de Mozart.

A algo se debe el poco entusiasmo o simpatía que provoca este Beaumarchais: sin duda al poco genio de Molinaro, tanto en el guión, muy fragmentado, como en la realización: el espectador está ya muy acostumbrado a estas películas en las que decorados, vestuario, fotografía y música casi sustituyen al director y, así, corren solas; pero algunas, como ésta, corren un poco cansinamente. Bien es cierto que la película mejora a medida que avanza; aun con todo, deja la sensación de algo muy visto y repetido. Quizá la figura de Beaumarchais en sí misma no sea arrebatadora, o quizá sea que el actor Fabrice Luchini no arrebate. Un tanto de arlequín o payaso debió de tener Beaumarchais, pero mucho más tuvo: capacidad de acción, de organización, inteligencia, creatividad, gracia... A Fabrice Luchini parece faltarle todo eso, y hasta no demuestra el lado mujeriego de Beaumarchais: se le evitan todas esas escenas, queda implícito ese gancho masculino. Eso no quita que, a cargo de otros  
—condes, duques o simples caballeros—, el siglo XVIII francés muestre su lado disoluto o lascivo —por usar vocablos de época— y su libertinaje en cuanto falto de respeto a la religión.

En resumen, muy bien como libertina clase de historia. Sólo discretamente bien como arte cinematográfico. P.A.U.

Director: Edouard Molinaro. Intérpretes: Fabrice Luchini (Beaumarchais), Manuel Blanc (Gudin), Sandrine Kimberlain (Marie-Thérèse), Jacques Weber (Duque de Chaulnes), Michel Piccoli (Príncipe de Conti), Michel Serrault (Luis XV), Jean-Claude Brialy (Fraile). País: Francia. Año: 1996. Producción: Claude Parnet, para Telema le studio, Canal +, France 2 Cinéma, France 3 Cinéma. Presentada por: Charles Gassot. Argumento: La obra homónima de Sacha Guitry. Guión: Edouard Molinaro. Música: Jean-Claude Petit. B.S.O.: Warner Music. Fotografía: Michaël Epp. Dirección artística: Jean-Marc Kerdelhué. Montaje: Veronique Parnet. Estreno en Madrid: 31-I-97. Distribuidora cine: Sogepaq. Distribuidora vídeo: Sogepaq. Duración: 100 minutos. Género: Drama histórico. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X.

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