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Críticas de Cine

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Bocados de realidad. Reality bites

Reality Bites

El que Danny De Vito sea uno de sus productores podría hacer pensar en un producto light dirigido a las taquillas. Pero se ha conseguido una peculiar película que permite dos lecturas: la digestiva y con burbujas, y otra que compromete y preocupa. Porque es un cierto retrato social de los jóvenes graduados de los 90, que lleva a pensar en males morales, de tipo familiar, individual, que implican a una sociedad entera, no sólo USA: las nuevas generaciones son casi iguales en Occidente.

Son sólo bocados, o bocaditos, de realidad, pues, como dijo Eliot, "la raza humana no admite demasiada realidad". Sea lo que sea, esta discreta e inteligente llamada de atención es obra de Helen Childress, la guionista.

Lelaina es la única del grupo de cuatro amigos que, después de graduarse, ha conseguido un trabajo decente en televisión. Vickie trabaja en unos grandes almacenes. Troy, con aspiraciones de músico, pierde su ridículo empleo. Sammy recibe dinero de su madre. Lelaina está haciendo un vídeo sobre la vida de cada uno de los cuatro, y entra en relación profesional y afectiva con Michael –que interpreta Ben Stiller, el director–, un ejecutivo del vídeo, que repite, en joven, las metas materialistas de la generación de los padres. Troy y Lelaina al fin se declaran su amor tanto tiempo mal disimulado. Parece lo que algunos llaman un final convencional: pero, tras unas páginas de títulos de crédito, la película continúa y acaba con una breve escena que da un sesgo a todo, y siguen, impertérritos, los títulos de crédito hasta el fin.

No es un manifiesto generacional: la de los 90 no tiene manifiesto. Ni sólo una comedia costumbrista, pues son desgarradoras las costumbres de estos desorientados 90: la exacerbación del egoísmo, que minimiza el divorcio, la nobleza del sexo, destruye la familia y apaga el natural amor de los padres por los hijos, y provoca en ellos una amargada huida. Es un mundo en el que se anula el compromiso responsable, porque da miedo ser libre.

El director se estrena en este trabajo sencillo; y su resultado es sólo correcto, elevado gracias a la interpretación de Winona Ryder y Ethan Hawke, y a la atractiva presencia de los demás actores. Pero es sobre todo su carácter testimonial lo que da interés a esta película; no la anécdota de amor y amistad en primer plano, algo deslavazada, sino los hilos de atrás que, como a marionetas, sostienen y llevan a estas criaturas, que quizá no sepan siquiera para qué tienen alma. Podrá objetarse que esos hilos de atrás no son la película. Sí, tal vez. P.A.U.

Director: Ben Stiller. Intérpretes: Winona Ryder (Lelaina Pierce), Ethan Hawke (Troy Dyer), Janeane Garofalo (Vickie Miner), Steve Zahn (Sammy Gray), Ben Stiller (Michael Grates), Swoosie Kurtz (Charlane McGregor). Año: 1993. Producción: Danny De Vito y Michael Shamberg, para Jersey Films y Universal Pictures. Guión: Helen Childress. Música: Karl Wallinger. Canciones: Lenny Kravitz, The Juliana Hatfield 3, U2, Dinosaur Jr., World Party y otros. Fotografía: Emmanuel Lubezki. Dirección artística: Sharon Seymour. Montaje: Lisa Churgin. Estreno en Madrid: 11-XI-94 (Ideal, Luchana, Real Cinema, Rex). Distribuidora cine: UIP. Duración: 98 minutos. Género: Drama. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: S D+.

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