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Críticas de Cine

Mar01162018

Last updateMar, 16 Ene 2018 1am

Cravan vs. Cravan

Cravan vs. Cravan

Este notable e imaginativo primer largometraje del joven Isaki Lacuesta (Gerona, 1975) es fruto del Máster de Documental de Creación de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Cravan vs. Cravan reconstruye las peripecias de Arthur Cravan (nacido Fabian Avenarius Lloyd), un sobrino de Oscar Wilde que, hechizado por la figura de su pariente, se consagra a la vida bohemia en París y Barcelona, para terminar desapareciendo de modo misterioso en aguas del Golfo de México, a los 32 años.

Cravan (1886-1919), poeta, boxeador, pintor, marinero, mulero, conferenciante de escandalosas performances, provocador y mamporrero, sirve de icono misterioso y legendario de la época de los ismos artísticos, que Lacuesta y su equipo recrean con una soltura encantadora y bastante amenidad. Aprovechando uno de los exóticos episodios de la vida-leyenda de Cravan (un combate de boxeo en la Monumental de Barcelona frente al campeón del mundo de los pesados, Jack Johnson), Frank Nicotra, un francés ex campeón de Europa de boxeo que al colgar los guantes se ha convertido en director de cine, asume el papel de conductor-investigador de la película. Un acierto pleno, si se considera la poderosa presencia y fotogenia de Nicotra, que confiere a la película un aire muy verosímil.

Las intervenciones testimoniales de Merlin Holland, nieto y biógrafo de Oscar Wilde, de Eduardo Arroyo, el pintor español afincado en París, y de la historiadora y crítica de arte María Luisa Borrás, que ha escrito una biografía de Cravan, están montadas con mucho criterio para contribuir a la híbrida naturaleza de este documental, que mezcla leyenda y realidad en una proporción 80/20. Quizás por eso el director no duda en acercarse al hoy de volatineros, boxeadores jubilados y algún que otro asiduo de los billares que seguramente frecuentó Cravan, con la pretensión de ambientar al espectador, quizás ajeno a ese tipo de vida exótica y variopinta.

Con frecuencia, el llamado cine experimental, mediatizado por la escasez del presupuesto disponible, opta por una estética psicodélica para narrar historias truculentas, pretendidamente originales pero tediosamente clónicas. Lacuesta esquiva la excentricidad y las ínfulas del principiante con un planteamiento de una sobriedad elegante, que permite secuencias muy logradas, como la del combate de boxeo y sus prolegómenos. Capítulo aparte merecen las declaraciones del nieto de Wilde, que tienen un magnetismo arrebatador por la belleza de la voz y el discurso, un recital de convicción. El collage divertido y entrañable que reúne los testimonios de varios ancianos que fueron boxeadores es una simpática digresión, perfectamente calculada.

Cravan vs. Cravan supone un brillante ejercicio cinematográfico sobre la construcción de dos mitos: el del propio Cravan y el de la trasgresión excéntrica como talismán del vanguardismo artístico. Una indagación con un tono sugestivo, entre la fábula y la irrealidad verosímil, que certifica la vitalidad de un género —el documental— que regresa a las salas con vigorosa creatividad. A.F.

Director: Isaki Lacuesta. Intérpretes: Frank Nicotra, Eduardo Arroyo, María Lluïsa Borràs, Enric Casassas, Marcel Fleiss. Año: 2002. Producción: Paco Poch y Xavier Atance, para Benecé y Mallerich Films. Guión: Isaki Lacuesta. Música: Víctor Nubla. Fotografía: Gerardo Gomerzano. Dirección artística: Albert Espel. Montaje: Domi Parra. Estreno en Madrid: 11-X-02. Distribuidora de cine: Sherlock. Distribuidora de vídeo: no editada. Duración: 100 min. Género: Documental. Público adecuado: Adultos. Contenidos especiales: D.

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