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Críticas de Cine

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Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Donde el corazón te lleve

Va’ dove ti porta il cuore

Traducida a 26 idiomas y con más de cuatro millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, la novela Donde el corazón te lleve, de la italiana Susanna Tamaro, se ha convertido en uno de los éxitos editoriales más rotundos, sorprendentes y controvertidos de los últimos años. Por eso era lógico que fuera llevada rápidamente a la gran pantalla. Ahora llega a España esa adaptación, realizada hace tres años por Cristina Comencini, una de las hijas del famoso director italiano Luigi Comencini. Esta joven novelista y realizadora llamó la atención de la crítica con su primera película, Zoo (1988), y mantuvo el interés en sus siguientes largometrajes, I divertimenti della vita privata y La fine é nota, este último premiado con el Globo de Oro al mejor film en habla no inglesa.

Tras una larga estancia en Estados Unidos, Marta, una joven introvertida y difícil que nunca conoció a su padre y cuya madre murió siendo ella muy niña, regresa a Trieste para el sepelio de su abuela Olga, con la que mantenía desde hacía tiempo un férreo pacto de silencio. Ahora, las turbadoras estancias vacías de la casa familiar enfrentarán a Marta con dolorosos sucesos del pasado, sobre todo cuando la joven descubre un diario íntimo de su abuela, compuesto por decenas de cartas dirigidas a la propia Marta. En dicho cuaderno, y al hilo de numerosos pensamientos y consejos sobre los temas más diversos, la abuela va abriendo su corazón a la nieta, con creciente sinceridad y anhelo de perdón, hasta hacerle partícipe de los momentos más importantes y secretos de su vida; unos momentos que marcaron trágicamente su infancia, su fallido matrimonio —que describe como «un pequeño infierno doméstico» dominado por la falta de cariño, la mediocridad y la infidelidad— y las tensas relaciones posteriores con su hija Ilaria —la madre de Marta—, una mujer problemática y frágil a la que Olga no supo ayudar cuando, en los agitados años sesenta, se dejó seducir por un falso psiquiatra y por un grupo de irresponsables activistas radicales.

El guión, escrito por la propia directora en colaboración con Roberta Mazzoni, afrontaba dos difíciles retos: dar continuidad temporal y espacial a la fragmentaria estructura impresionista de la novela, plagada de idas y venidas, y encontrar un cauce más o menos coral a su permanente monólogo. Las guionistas han salido airosas de esos retos mimando tres elementos clave del melodrama como género: una esmerada recreación de atmósferas, una rigurosa definición de personajes y un desvelamiento progresivo de las intrigas dramáticas que generan las relaciones entre ellos.

Esta solidez literaria se completa con una puesta en escena de gran sensibilidad visual, muy rica en recursos fílmicos y con un detallista tempo lento, que recuerda al estilo contemplativo del sueco Ingmar Bergman o del español Víctor Erice. A Cristina Comencini le falta todavía el vigor y la hondura de esos maestros del melodrama intimista; pero su realización, sin caer en la retórica pedante, evidencia un elogiable esfuerzo por encontrar, para cada situación dramática, el encuadre, el movimiento, la iluminación, la forma de transición, el contrapunto musical o sonoro que más le conviene. Este afán de sustancialidad formal resalta indirectamente el trabajo de los actores, todos ellos convincentes, aunque la espléndida interpretación de Virna Lisi eclipsa un poco la de los demás actores.

Para distanciarse de la polémica que generó la novela entre los defensores y los detractores de «las cuestiones del corazón», la directora se ha preocupado de remarcar que su principal objetivo ha sido «evitar el sentimentalismo», adoptando en su película un tono «emocionalmente más contenido» y también «más carnal» que el de la obra original. Ciertamente, así salva casi siempre la tentación de la sensiblería;
pero, a la vez, quizá rebaja un tanto la fuerza emotiva de la novela —lo que puede irritar a sus seguidores incondicionales— y, desde luego, cede torpemente a la vulgaridad en varias escenas sexuales explícitas, que fracturan la elegancia formal y la sutileza psicológica del resto del film. Por otra parte, y como sucede en la obra de Tamaro, se da una excesiva primacía a los sentimientos sobre la razón, de modo que la continuada infidelidad matrimonial que confiesa la abuela y las tormentosas relaciones con su hija están descritas sin nitidez moral. De hecho, el sentido de culpabilidad de Olga no alcanza a su propio adulterio como tal, limitándose a una parcial constatación de los efectos disolventes de la mentira, del egoísmo y de la falta de fortaleza en las relaciones familiares y sociales.

Estos excesos de carnalidad y puro sentimiento, unidos a su falta de trascendencia —que provoca un deficiente entendimiento del cristianismo—, son los principales defectos de esta notable película, por lo demás, de gran belleza estética y muy sugestiva en su disección del desconcierto moral de este fin de siglo. J.J.M.

Directora: Cristina Comencini. Intérpretes: Virna Lisi (Olga anciana), Valentina Chico (Marta), Margherita Buy (Olga madura), Galatea Ranzi (Ilaria), Massimo Ghinni (Augusto), Tcheky Karyo (Ernesto). País: Italia-Francia-Alemania. Año: 1995. Producción: Gianni Sarago, para Videa SPA., GMT Productions y Project Filmproduktions. Argumento: La novela homónima de Susanna Tamaro. Editorial: Seix Barral Guión: Cristina Comencini y Roberta Mazzoni. Música: Alessio Vlad y Claudio Capponi. Fotografía: Roberto Forza. Dirección artística: Paola Comencini. Montaje: Nino Baragli. Estreno en Madrid: 8-V-98. Distribuidora cine: Lolafilms. Distribuidora vídeo: Manga. Duración: 112 minutos. Género: Melodrama intimista. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X.

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