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Críticas de Cine

Mié10242018

Last updateMar, 23 Oct 2018 2am

Denise te llama...

Denise Calls Up

En los últimos años ha proliferado un género de películas que tienen como tema central el desconcierto del hombre y la mujer contemporáneos. Pueden ser melodramas, comedias o films de ciencia-ficción, pero todas ellas muestran de un modo u otro las dudas y perplejidades que sufren tantas personas, sobre todo jóvenes, en este materializado fin de siglo y de milenio. Ahora hay que añadir a este cine del desconcierto un nuevo título: Denise te llama, una sátira sobre la incomunicación y la soledad en el mundo actual, con la que debuta brillantemente como director el guionista neoyorquino Hal Salwen.

El guión describe en clave de parodia el laberinto vital de un grupo de chicos y chicas, jóvenes profesionales de Nueva York. Todos ellos son adictos al trabajo, de modo que la expresión que más usan es «Estoy hasta arriba». Lo anterior les lleva a estar enganchados permanentemente al teléfono, al contestador automático, al fax y al ordenador portátil, los únicos medios que tienen para comunicarse entre sí. Prácticamente no se han visto nunca —se conocen por la voz—, no salen de su habitáculo de trabajo —están abonados a la comida a domicilio— y ni asisten a las fiestas que ellos mismos organizan; acaban por conformarse con una conferencia multilínea. Hasta el sexo —planteado como una simple necesidad biológica— lo reducen a un erotismo telefónico; de hecho, para uno de ellos, la máxima manifestación de romanticismo es haber recibido varios faxes cariñosos durante una semana.

La patética rutina del grupo se rompe cuando se añade a las conversaciones telefónicas Denise, una joven inocente y vitalista que se ha quedado embarazada por inseminación artificial de uno de los yuppies. A este inesperado padre biológico, que vivirá sin pretenderlo las alegrías de la paternidad —por vía telefónica, claro—, se le abrirá una puerta para salir de la cárcel tecnológica en la que viven él y sus amigos.

El principal desafío que afronta Salwen es mantener el interés por una trama desarrollada exclusivamente a través de conversaciones telefónicas. Sale airoso de la prueba gracias a que su férreo y agilísimo guión, lleno de diálogos brillantes y que define con tiralíneas cada uno de los personajes, muy bien encarnados por un sobresaliente elenco de jóvenes actores. Para fortalecer visualmente esta frescura narrativa, Salwen lleva a cabo una sobria pero muy pensada puesta en escena —dominada de principio a fin por primeros planos y planos medios—, que prima los gestos de los personajes y subraya en los decorados el mundo claustrofóbico en que viven. De este modo, la historia se sigue con creciente interés, a pesar de su estructura reiterativa.

Sin duda, al resultado anterior ayuda la profundidad y variedad de matices dramáticos del análisis sociológico que hace Salwen. Para él, el mundo actual, tiranizado por la tecnología, está abocado a la incomunicación, a la deshumanización, entre cuyas manifestaciones incluye acertadamente la inseminación artificial. Esa tiranía tecnocrática sería una de las causas principales de la adicción al trabajo —«El trabajo te devora si lo dejas, y nosotros lo dejamos», reconoce uno de los personajes—, que a su vez se convierte en la gran excusa de la creciente huida de todo lo que suponga un compromiso estable no laboral. Por eso la amistad, el matrimonio, la solidaridad con los demás, una moral objetiva..., incluso las aficiones no tienen lugar en ese paraíso tecnológico. En este sentido, resulta especialmente dramático el pasaje que describe la muerte de una chica del grupo: todos se enteran del fallecimiento por teléfono y ninguno tiene el valor de asistir al funeral.

Salwen expone todas estas ideas con lucidez y sentido del humor, dando siempre preferencia a la reflexión intelectual sobre la reacciones puramente sentimentales, y en un tono sarcástico, pero amable, que sólo resulta molesto e innecesariamente explícito en lo referente al sexo. Su feroz e incisiva caricatura del mundo actual tiene el estilo de cineastas independientes como Jim Jarmush o Spike Lee, aunque quizá su principal referencia sea el cine de Woody Allen. De todos modos, Salwen supera el cinismo característico de esos autores y encuentra finalmente motivos para la esperanza, precisamente en la maternidad y el amor. Ciertamente, la mirada de Salwen resulta limitada y sólo atisba de lejos la trascendencia del ser humano; pero al menos pone el dedo en la llaga del individualismo extremo. Un individualismo terriblemente materialista que deforma hasta el ridículo las realidades humanas más nobles, como el trabajo, que, en lugar de ser un medio de desarrollo personal, de acercamiento a los demás e incluso de santidad, se convierte en una especie de insaciable dios pagano, que exige adoración constante y exclusiva.

Después de ver esta película, siento una extraña sensación cuando me cruzo por la calle con alguien hablando por un teléfono móvil. ¿Será otro adorador de esta nueva religión tecnocrática? J.J.M.

Director: Hal Salwen. Intérpretes: Alanna Ubach (Denise), Tim Daily (Frank), Caroleen Feeney ( Bárbara), Aida Turturro (Linda), Dan Gunther (Martin), Dana Wheeler Nicholson (Gale), Liev Schreiber (Jerry), Sylvia Miles (Sharon, tía de Gale), Mark Blum (Dr. Brennen), Jean Lamarre (Taxista). País: Estados Unidos. Año: 1995. Producción: J. Todd Harris. Presentada por: Davis Entertainment y Skyline Entertainment Partners. Guión: Hal Salwen. Supervisor musical: Lynn Geller. Fotografía: Michael Mayers. Dirección artística: Susan Bolles. Montaje: Gary Sharfin. Estreno en Madrid: 26-VII-96 (Ideal, Madrid). Distribuidora cine: Golem. Duración: 80 minutos. Género: Comedia dramática. Premios principales: Mención especial a la Cámara de Oro en el Festival de Cannes 1995. Premio Especial del Jurado en el Festival de Deauville 1995. Premio de la Juventud en el Festival de Valladolid 1995. Premio de la Crítica y Premio del Público en el Festival de Oporto 1996. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X D.

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