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Críticas de Cine

Lun09232019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Encuentros privados

Private Confessions

Quizá lo anecdótico sea decir que este guión del sueco Ingmar Bergman y esta dirección de su actriz-fetiche, la noruega Liv Ullmann (Sophie, Cristina de Lavrans, Infiel), cuentan un suceso personal, demasiado personal, inspirado en la vida de los propios padres de Bergman. Pero lo esencial es decir que este guión y esta dirección son una obra de arte. Y hay que añadir que con unas interpretaciones sobresalientes; sobrecogedora la de Pernilla August, y magnífica la de Max Von Sydow.

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¿En qué piensan las mujeres?

What Women Want

Mel Gibson encarna a Nick Marshall, "el peor machista, mujeriego y políticamente incorrecto del mundo", según su ex Gigi (Lauren Holly). Se trata de un ejecutivo de publicidad atractivo y triunfador que en lugar del ascenso que espera, se encuentra con que tiene un nuevo jefe, su alter ego femenino, Darcy Mcguire (Helen Hunt), una mujer muy competitiva. Un accidente doméstico —caída en la bañera con descarga eléctrica incluida— le dará un don especial: podrá oír en su cabeza lo que piensan las mujeres. Lo que empieza como una pesadilla acaba convirtiéndose en una ventaja; saber lo que piensan las mujeres puede ser ideal para dominarlas, para su marketing dirigido a mujeres, para seducirlas y, en el caso de su jefa Darcy Mcguire, para superarla y sustituirla. Pero de tanto escuchar a las mujeres las empieza a conocer, a comprender, y eso puede ser peligroso para el viejo Nick Marshall.

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El rostro

Face

Un grupo de hombres de clase baja sólo encuentra una forma de salir adelante: los atracos a mano armada. Así, perpetran un violento trabajo que, sin embargo, les reporta pocos beneficios económicos, pues el botín resulta ser inferior al que esperaban. Por si esto fuera poco, de repente, el dinero desaparece, por lo que llegan a la conclusión de que uno de ellos es un traidor que pretende quedarse con todo. Como es de prever, la situación irá degenerando más y más.

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El camino más corto

Zugvögel... einmal nach Inari

Despreciadas por infantiles por la más oscura intelectualidad postmoderna, la inocencia, la sencillez y la esperanza fueron las piedras de toque de grandes maestros del cine, como Chaplin, Keaton, Renoir, Capra o John Ford. Últimamente, sus sendas son recorridas a menudo por los mejores cineastas chinos e iraníes —como Zhang Yimou y Abbas Kiarostami—, seducen a veces a directores tan complejos como David Lynch —véase Una historia verdadera— y son los caminos habituales del singular cineasta finlandés Aki Kaurismäki, autor de obras maestras como Nubes pasajeras o El hombre sin pasado. En 1998, Kaurismäki generó un brillante reflejo: El camino más corto, debut en la gran pantalla del geógrafo alemán Peter Lichtefeld, autor hasta ese momento de varios cortos y documentales. Con esta genial rail—road movie, Lichtefeld logró el reconocimiento de la crítica, así como los premios del cine alemán a la mejor fotografía y al mejor actor de reparto (Peter Lohmeyer). Además, anticipó el resurgir del lánguido cine alemán, más tarde confirmado por el éxito de películas como Corre, Lola, corre, de Tom Tykwer, Deliciosa Martha, de Sandra Nettelbeck, o En un lugar de África, de Caroline Link.

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El sustituto

The Substitute

Una joven profesora de la Columbus High School de Florida es brutalmente atacada por uno de sus alumnos, perteneciente a una peligrosa banda de delincuentes. Un antiguo novio de la chica, duro mercenario de élite, la sustituirá en clase con la intención de descubrir el negocio de tráfico de drogas que se oculta en el instituto.

Robert Mandel (F/X, efectos mortales) rueda con oficio, pero sin mucha brillantez, esta especie de cóctel de cine de acción y drama colegial en la línea de Mentes peligrosas. Todo en el guión es un tanto artificioso y superficial, sobre todo sus reflexiones de crítica social, bienintencionadas pero sin entidad suficiente como para enriquecer la trama policiaca. Lo mejor es la profesionalidad de Tom Berenger, que se esfuerza todo lo posible por hacer creíble un personaje que no lo es. Y lo peor, la crudeza verbal y formal con que se describe la degradación moral del instituto y de los propios mercenarios —tonta secuencia sexual, incluida—, y el baño de sangre de la hiperviolenta resolución de la trama. J.J.M.

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