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Críticas de Cine

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El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo

The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring

En 1978, el iconoclasta Ralph Bakshi dirigió una tétrica y decepcionante adaptación en dibujos animados de los primeros dos libros de El Señor de los Anillos. De ahí que muchos aficionados a la obra maestra de J.R.R. Tolkien — de la que ya se han vendido 100 millones de ejemplares en 25 idiomas—miraran con prevención la ambiciosa versión en tres películas que estaba preparando Peter Jackson. No en vano, el joven cineasta neozelandés se hizo famoso con dos filmes de terror goreMal gusto y Braindead— y con Criaturas celestiales, un drama interesante pero con una visión del hombre alejada de la del católico filólogo inglés. Tampoco la terrorífica película que Jackson rodó en Hollywood —Agárrame esos fantasmas— mejoraba las expectativas. Sin embargo, a la hora de la verdad, Peter Jackson ha realizado una espléndida versión de la primera parte de la trilogía heroica, fiel a la obra original por fuera y por dentro.

La subcreación literaria

Esta fidelidad era un reto muy difícil. En primer lugar, porque en sí mismo no era fácil resumir el largo y peligroso viaje hacia el Este del hobbit Frodo y de una representación de las principales razas de la Tierra Media, con el fin de destruir un anillo mágico para que no caiga en manos de las fuerzas del mal. Y, sobre todo, porque ese relato es la encarnación suprema de la profunda doctrina de Tolkien sobre la subcreación, que entronca su obra con los grandes mitos, desde La Odisea a Harry Potter, pasando por las eddas escandinavas y el ciclo artúrico.

Esta doctrina la sistematizó Tolkien en su importante conferencia Sobre los cuentos de hadas, publicada en España por Minotauro dentro del volumen Los monstruos y los críticos y otros ensayos. En ella, Tolkien considera a la fantasía como la cumbre de "la actividad más humana y a la vez más divina: la creación artística". Pues, según él, "hacemos a nuestra medida y a nuestra manera derivativa porque nos hacen; y no sólo nos hacen, sino que nos hacen a imagen y semejanza de un Hacedor".

Los secretos de la fantasía

Además de esta dignidad filosófica de los mitos, Tolkien les atribuye una alta dignidad literaria, pues, si son buenos, ofrecen al lector "fantasía, renovación, evasión y consuelo". La fantasía se refiere sobre todo a esa creación imaginativa de todo un universo propio, realista en sí. Además, sin necesidad de caer en el alegorismo, los buenos relatos de fantasía ofrecen renova-ción, es decir, una visión clara del ser huma-no, de su dignidad y de las leyes morales que rigen su mundo. Y de esta caracterís-tica de la buena literatura fantástica, se derivan las otras dos: la evasión y el con-suelo.

Por evasión entendía Tolkien la huida de las preocupaciones cotidianas del hombre normal, para vivir la misma aventura —el tan manido viaje iniciático— que goza o sufre el protagonista del relato. Y esa evasión es siempre consoladora, es decir, acaba en un final feliz, entendiendo como tal la consolidación de la persona-lidad del propio héroe, que tras su fatigosa aventura, y acabe ésta como acabe, ha de haber aprendido algo positivo y crecido en conocimiento de sí mismo. Es lo que Tolkien denomina el gozo tras la euca-tástrofe, que puede llegar a ser "un lejano destello, un eco del evangelium en el mundo real". Pues, como señala Tolkien, "el Evangelio no ha desterrado las leyendas; las ha santificado, en particular el final feliz".

Magia y religión

En este rico contexto, Tolkien resuelve sin problemas la supuesta confusión de magia y religión en los relatos fantásticos. Para Tolkien, todos los cuentos de hadas tienen tres caras: "la Mística, que mira hacia lo Sobrenatural; la Mágica, hacia la Naturaleza; y el Espejo de desdén y piedad, que mira hacia el Hombre". Para él, la cara esencial de Fantasía es la segunda, la Mágica, y no cabe confundirla con las otras. Por eso, por muchos hechizos y portentos que hace Gandalf a lo largo de El Señor de los Anillos, siempre se presentan dentro de un ámbito natural, mucho más cercano a la ciencia y a la tecnología que a la religión.

Tolkien sintetiza estas ideas con especial lucidez: "Sobrenatural es una palabra peligrosa y ardua en cualquiera de sus sentidos, ya sea estricto o impreciso, y es difícil aplicarla a las hadas, a menos que sobre se tome meramente como prefijo superlativo. Porque es el hombre quien, en contraste con las hadas, es sobrenatural (y a menudo de talla reducida), mientras que ellas son naturales, muchísimo más naturales que él. Tal es su sino".

Espectáculo y reflexión

Consciente de toda esa riqueza y complejidad de la obra de Tolkien, Peter Jackson se muestra siempre muy cuidadoso en su recreación de hechos, tipos y paisajes. Así, resuelve con impactante vigor, a lo Braveheart, las brutales escenas de guerra; pero las monta de modo que no resulten excesivamente morbosas. Por otra parte, da tiempo para que cada personaje despliegue su drama interior; pero oxigena los momentos trágicos con otros líricos, oníricos o cómicos. Además, en todo momento logra que sus excelentes actores vivan realmente sus personajes, que mantienen incluso las proporciones diversas que asigna la novela a cada una de las razas de la Tierra Media. Y todo ello, asignando a los paisajes y ambientes el importante papel dramático que tienen en la novela, y sin abusar casi nunca de la música, ni de la fotografía, ni de los efectos especiales; sino empleando esos elementos con la habilidad, decisión y sutileza de los buenos directores.

De todos modos, el primer gran valor de la película es su guión, que sintetiza muy bien la novela, sacrificando solamente el complejo capítulo de Tom Bombadil. Cabe elogiar sobre todo su cautivador tono mágico, piedra clave del afán de Tolkien por convertir la historia de la Tierra Media, primero en leyenda y después en un mito capaz de dar luces sobre las grandes cuestiones de nuestro propio mundo. "Mi desafío era crear un mundo fantástico a gran escala, pero en el contexto de un fuerte realismo —ha señalado Peter Jackson—. Y abordar tres tema básicos: la lucha del Bien contra el Mal, la naturaleza contra las máquinas, y la amistad vencedora de la corrupción". Ha logrado plenamente cada uno de esos objetivos.

De este modo, sin violar nunca las reglas propias de ese mundo secundario, los hechos épicos se enriquecen con conflictos morales de hondo calado y nítidamente planteados desde la antropología cristiana de la que parte Tolkien, especialmente en lo referente al sentido redentor del sacrificio, al valor de la solidaridad frente al materialismo egoísta y a la conjunción de acción humana y providencia divina. En este sentido, la película incluye sutiles elementos icónicos de carácter religioso —el porte demoniaco de Saurón y los orcos, la actitud maternal de Galadriel, los signos y ritos funerarios de Aragorn...— que permiten superar una reducción de la obra de Tolkien a simples parámetros políticos, ecológicos o New Age, como algunos hicieron en los años 60 y 70. En fin, que esta primera parte hace justicia a la rica y profunda obra de Tolkien. Esperemos que las dos películas que restan mantengan el nivel e incluso lo superen. J.J.M.

Director: Peter Jackson. Intérpretes: Elijah Wood (Frodo), Ian McKellen (Gandalf), Viggo Mortensen (Aragorn o Tranco), Sean Astin (San), Liv Tyler (Arwen), Billy Boyd (Pippin), Dominic Monaghan (Merry), Ian Holm (Bilbo), Orlando Bloon (Legolas), Sean Bean (Boromir), Christopher Lee (Saruman), Cate Blanchet (Galadriel), John Rhys Davies (Gimli), Andy Serkis (Gollum) y Marton Csokas (Celeborn). País: Estados Unidos-Nueva Zelanda. Año: 2001. Producción: Peter Jackson, Barrie M. Osborne y Tim Sandos para New Line Cinema y WingNut Films. Argumento: Basado en la novela homónima de John Ronald Revel Tolkien. Editorial: Minotauro. Guión: Peter Jackson, Fran Walsh y Philippe Boyens. Música: Howard Shone. B.S.O.: Warner Music. Fotografía: Andrew Lesnie. Dirección artística: Dan Hennah. Montaje: John Gilbert y Michael J. Horton. Estreno en Madrid: 19-XII-01. Distribuidora cine: Aurum. Distribuidora de vídeo: Columbia TriStar. Duración: 178 minutos. Género: Aventuras fantásticas. Premios principales: Candidaturas a los Globos de Oro 2001 a la Mejor película dramática, director, música original y canción original (May It Be, de Enya). Candidaturas a los Oscar 2001 a mejor película, director, actor de reparto (Ian McKellen), guión adaptado, fotografía, montaje, música, efectos visuales, dirección artística, vestuario, canción original (May It Be, de Enya), sonido y maquillaje. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: —.

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