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Críticas de Cine

Lun06172019

Last updateLun, 17 Jun 2019 2am

El Ogro

Der Unhold

Presentada en la sección oficial del Festival de Venecia 1996, obtuvo el premio de la Unicef. Podría pensarse que es éste un premio-consolación, y debido al argumento y tema, tan acordes con las preocupaciones y fines de la Unicef. Nada de eso. Mejor dicho, eso, pero además la película es una obra de gran calidad artística, de fuerte tragedia humana y de hermosa y poética ternura.

Es cierto que Volker Schlöndorf ha sido siempre un autor exigente —Muerte de un viajante, Voyager—, pero también ha obtenido clamorosos premios y la consiguiente aceptación popular: El joven Törless, El tambor de hojalata. Películas éstas significativas entre la docena que tiene en su haber.

El ogro no es una película exigente, pero sí requiere una cierta actitud receptiva, de sencillez, de tranquilidad anímica para poder ir recreando interiormente el mundo, casi de cuento, que se despliega, pausado, denso, envolvente.

Abel ha sido un niño solitario —huérfano—, y, ahora mayor, trabaja como mecánico en un barrio extremo de París. Solo siempre, escaso de luces, amante de los niños, que también le quieren. Es acusado injustamente del intento de violación de una niña, de cuya pena se libra a cambio de enrolarse en el ejército. Llega la II Guerra Mundial, y cae preso de los alemanes. En su constante sencillez, Abel goza limpiamente de la vida en cualquier lugar en que esté: la naturaleza, los animales... Por encima de los odios y los intereses políticos, sigue amando a los niños, tanto los formados por el nazismo como los perseguidos judíos. Y también los hombres de uno y otro bando confían en su sencillez y candor, valor que supera y aúna, como en un oasis de paz fuera del mundo, y en el mundo.

Lo he dicho, es como un cuento para mayores, trágico, cruel, como es la guerra y el odio, y al mismo tiempo poético, es decir, espiritual. Eleva el alma sobre el acontecimiento histórico, sobre la destrucción y la muerte. Transmite fe en el hombre. Como en tantos cuentos, los paisajes son fabulosos, y fábulas parecen muchas anécdotas que hacen crecer la trama. Casi no vale la pena llamar la atención sobre la perfección del equipo técnico, la ambientación, la fotografía... Ni sobre la ajustada representación de todos los actores, pues parecería dar protagonismo a otra cosa, fuera de la historia, que nos alejaría de la verdad del cuento. Todo lo que se dice en los cuentos es verdadero, pues dicen la verdad. Y en éste —aunque a algunos ánimos inquietos, incapaces de escuchar atentamente la narración, pueda parecerles sin interés—, y en este cuento, repito, la verdad que se vive es la de san Cristóbal, porteador de niños, salvador de niños que se salva en ellos. P.A.U.

Director: Volker Schlöndorff. Intérpretes: John Malkovich (Abel), Armin Mueller-Stahl (Conde Kantelborn), Volker Spengler (Göring), Gottfried John (Guardabosques), Heino Ferch (Raufeisen), Dieter Laser (Blättchen), Marianne Sägebrecht (Netta), Agnès Soral (Rachel). Año: 1996. País: AlemaniaFrancia-Gran Bretaña. Producción: Ingrid Windisch, Claude Berri, Jeremy Thomas, Chris Auty y Lew Rywin, para Studio Babelsberg, Renn Productions y Recorded Picture Company. Presentada por: UGC. Argumento: La novela El rey de los alisos, de Michel Tournier. Editorial: Alfaguara. Guión: JeanClaude Carrière y Volker Schlöndorff. Música: Michael Nyman. B.S.O.: Virgin. Fotografía: Bruno de Keyzer. Dirección artística: Didier Naert. Montaje: Nicolas Gaster. Estreno en Madrid: 28-II-97. Distribuidora cine: Sogepaq. Distribuidora vídeo: Sogepaq. Duración: 111 minutos. Género: Drama. Premios principales: Premio Unicef en el Festival de Venecia 1996. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: V.

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