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Críticas de Cine

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El Fantasma de la ópera

El Fantasma de la ópera

A la novela gótica El fantasma de la ópera, de Gaston Leroux, le ocurre lo que a la mayoría de los relatos de misterio de aquella época: no funcionan bien en un mundo tecnificado y lleno de luz eléctrica y teléfonos móviles. Hoy no cabe un ser oscuro que reina indetectado entre las bambalinas y subterráneos de la imaginaria Opera Populaire de París. Ni conmueve el dilema de esa inocente cantante de ópera, que se debate entre la fascinación hacia ese fantasmal profesor de canto y el amor hacia un noble idílico. La novela de Leroux, siendo simpática y original, no es una gran obra literaria; de ella sólo se salva la localización y la imposible historia de amor entre la bella y el monstruo.

De todas formas, esa ópera de París y esa trágica criatura son elementos suficientes para una buena película, y no han faltado versiones totales o parciales desde los más lejanos tiempos del cine mudo. El genial Lon Chaney hizo maravillas en la época en que la Hammer seducía a las masas con sus películas de terror. Y así, el deforme Erik ocupó un lugar en la galería de monstruos junto con Quasimodo, La momia, Frankenstein, Drácula y el Hombre Lobo. El advenimiento del sonoro supuso un terrible desafío, sobre todo por la banda sonora que debía satisfacer las expectativas de aquellos que habían leído la novela. Todo gira en torno a un genio musical y una cantante lírica en una de las óperas más famosas del momento. Tal vez por ello una de las versiones más modestas y más logradas fuera la adaptación libre dirigida por Brian de Palma en 1974. En 1986 el compositor británico Andrew Lloyd Webber (Jesucristo Superstar, Evita, Cats) convirtió la novela de Leroux en un musical de éxito.

Esta nueva versión fílmica de El fantasma de la ópera no es una adaptación de la novela de Leroux, sino un simple volcado al celuloide del musical de Lloyd Webber, con todas sus ventajas y todos sus inconvenientes. Esto conviene tenerlo presente para no llamarse a engaño. La película está escrita y producida por el propio Lloyd Webber, quien eligió al director y supervisó personalmente a la orquesta y a los actores en su faceta de cantantes. Se podría convertir la novela en un guión más dramático, y sobre todo mucho más cinematográfico, conocidas las posibilidades de París y su ópera en el XIX. Asimismo, se podrían componer otras melodías, e incluso una auténtica ópera. Pero todo eso nos llevaría a una crítica de lo que no es esta película. Joel Schumacher (El cliente, Última llamada, Verónica Guerin) ha filmado un musical determinado, y el resultado es una obra notable, aunque no sobresaliente. Pretenciosa, tremenda, relamida y teatral, en ella reina lo barroco y el fasto donde Schumacher se siente a sus anchas, y está saturada de música, de una música muy concreta que impone, a lo largo de 145 minutos, todas las condiciones al director. F.G.-D.

Director: Joel Schumacher. Intérpretes: Gerard Butler (Erik), Emma Rossum (Christine), Patrick Wilson (Raúl), Minnie Driver (Carlotta), Miranda Richardson (Señora Giry). País: Gran Bretaña-Estados Unidos. Año: 2003. Producción: Andrew Lloyd Webber, para Really Useful Films y Joel Schumacher Productions. Presentada por: New Line. Guión: Andrew Lloyd Webber. Música: Andrew Lloyd Webber. Fotografía: John Mathieson. Dirección artística: John Fenner. Montaje: Terry Rawlings. Estreno en Madrid: 10-XII-04. Distribuidora en cine: Aurum. Distribuidora en vídeo y DVD: Aurum. Duración: 145 minutos. Género: Musical. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V-

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