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Críticas de Cine

Mié10162019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Flamenco

Flamenco

Una estación de tren vacía, unos sencillos paneles, los fascinantes juegos de luces, contraluces y sombras de la fotografía de Vittorio Storaro, casi un centenar de grandes artistas que sacan a la luz sus más íntimos sentimientos, un sonido purísimo y una cámara ágil y curiosa... Estos son los ingredientes de esta singular exposición fílmica —por llamarla de alguna manera— con la que Carlos Saura ha intentado asir, sin didactismos ni retóricas vacías, el alma del flamenco en todas y cada una de sus facetas: música, cante y baile.

El veterano cineasta español ya se había aproximado al mundo del flamenco en sus films Bodas de sangre, Carmen y Sevillanas. Pero ahora arriesga mucho más y lleva su análisis mucho más lejos. Ha pretendido llegar a la esencia, a lo básico de los principales palos o modalidades de este arte ancestral y ecléctico. De modo que ha reducido y estilizado el artificio cinematográfico al máximo, para no entorpecer ni limitar con él la plena expresividad y pureza de los artistas, objetivo primordial de la cámara de Saura.

De este modo, en la película no hay argumento, sino argumentos: los que da cada artista con su actuación. Y tanto los decorados —de una abstracción simplicísima— como la iluminación —más rica en simbolismos naturalistas— buscan sobre todo crear el mejor espacio escénico y plástico para cada artista, según sus propias singularidades. A esto sólo se añade un orden de exposición de los veinte retablos —que evolucionan desde el atardecer hasta el nacimiento de un nuevo día— y un montaje muy variado —estático a ratos, con carga dramática otras veces—, que remarca el carácter casi ritual del arte del flamenco.

No hay más. Pero con eso Saura consigue plenamente los objetivos de este singular ensayo cinematográfico —necesariamente parcial y discutible— en el que despoja al flamenco de todos sus abalorios y farolillos superficiales. Pienso que incluso al profano, si tiene un poco de sensibilidad, le costará contener la emoción en esos cinco o seis instantes mágicos —el grito inicial de la Paquera de Jerez, el doble martinete de Agujeta y Moneo, la petenera de José Menese, la doliente siguiriya de Enrique Morente, el espeluznante mano a mano entre Farruco y su nieto Farruquito, el precioso villancico coral...— en que la película logra atrapar en sus imágenes palpitantes jirones de vida y de Arte, con mayúscula. J.J.M.

Director: Carlos Saura. Intérpretes: Paco de Lucía, Manolo Sanlucar, Enrique Morente, Joaquín Cortés, José Menese, Remedios Amaya, Aurora Vargas, Lole y Manuel, Farruco, Farruquito, Enrique Morente, Matilde Corral, Mario Maya, José Mercé, Carmen Linares, Merche Esmeralda, Chocolate, Manuela Carrasco, Fernanda de Utrera, La Paquera de Jerez, Manzanita, Ketama, Agujeta, Manuel Moneo, Tomatito. País: España. Año: 1995. Producción: Juan Lebrón, para Juan Lebrón Producciones. Guión: Carlos Saura. Música: Isidro Muñoz. B.S.O.: Juan Lebrón. Fotografía: Vittorio Storaro. Dirección artística: Rafael Palmero. Montaje: Pablo del Amo. Estreno en Madrid: 16-VI-1995 (Palacio de la Música, Renoir). Distribuidora cine: Alta Films. Distribuidora vídeo: Juan Lebrón. Duración: 100 minutos. Género: Exposición fílmica. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: —.

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