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Críticas de Cine

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Fresa y chocolate

Fresa y chocolate

El cine cubano no suele ocupar muchas páginas en los periódicos. De ahí la sorpresa por el interés que ha suscitado Fresa y chocolate, film que ha obtenido el Oso de Plata y el Premio Especial del Jurado en el Festival de Berlín de 1994. Sin duda varios factores han ayudado a promocionar la película: contiene elementos de crítica al régimen de Fidel Castro, que, sin embargo, ha dado el visto bueno oficial; y ha provocado una polémica, parece que bastante artificial, con la colonia cubana en el exilio. Además aborda la homosexualidad, tema cada vez más recurrente en el cine.

David (Vladimir Cruz) es un joven miembro del partido comunista cubano. Su novia acaba de dejarle plantado. Está desencantado y aspira a que sus cuentos le ayuden a convertirse en escritor. Un día conoce a Diego (Jorge Perugorría), un joven homosexual, culto, entusiasta de la vida y crítico con el sistema. David siente cierta repugnancia por Diego, que prácticamente le obliga, entre dimes y diretes, a visitar su piso. Pero comienza a cultivar su amistad pensando que puede ser un elemento peligroso para el régimen, a quien convendría vigilar.

Gutiérrez Alea, veterano cineasta cubano, toma el cuento de Senel Paz El lobo, el bosque y el hombre nuevo, convertido en guión por el propio autor, y realiza una sólida película –a causa de una enfermedad fue finalizada por Tabío– que apunta en diversas direcciones. Su tema principal es la amistad, y es aquí donde logra una mejor comunicación de sentimientos. Hay una sutil descripción de la evolución de los caracteres de Diego y David, desde el deseo de sacar provecho sexual del primero y la vigilancia cuasipolicial del segundo, hasta un verdadero aprecio mutuo por encima de otras consideraciones.

En cuanto a la defensa de la homosexualidad, las aristas son más fuertes, de modo que el discurso de Diego a favor de la diferencia tiene... eso, sabor a discurso. Si la denuncia a la persecución política de los homosexuales no ofrece lugar a dudas, la propuesta de ese estilo sexual de vida no es aceptable.

La película tiene a su favor una indudable dosis de frescura. Los intérpretes, sobre todo Jorge Perugorría, actúan con notable desparpajo. Sus personajes son creíbles, hay algunos detalles de humor entrañables, la crítica política no hace gala de amargura... En la cita de artistas cubanos, hay un patriotismo sincero. Quizá choca más por todo esto el recurso a un grosero erotismo que no hace ningún favor a la historia. El estilo narrativo es sencillo, la planificación, sin estridencias. Gutiérrez Alea asegura que "para ser eficaz en el plano ideológico, el cine debe ser eficaz en el plano estético". Motivado por esta idea, logra una película discutible, pero digna de tenerse en cuenta. J.M.A.

Directores: Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Intérpretes: Jorge Perugorría (Diego), Vladimir Cruz (David), Mirta Ibarra (Nancy), Francisco Gatorno (Miguel), Joel Angelino (Germán). País: Cuba-México-España. Año: 1993. Productor: Miguel Mendoza, para Icaic, Imcine y Tabasco Films, Telemadrid y SGAE. Argumento: Basado en el cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz. Guión: Senel Paz. Música: José María Vitier. Fotografía: Mario García Joya. Dirección artística: Fernando O’Reylly. Montaje: Miriam Talavera. Estreno en Madrid: 29-IV-94 (Gran Vía, Princesa, Renoir, Roxy, Vaguada). Distribuidora cine: Alta Films. Distribuidora vídeo: PolyGram. Duración: 110 minutos. Género: Drama. Premios principales: Oso de Plata a la mejor película y Premio Especial del Jurado en el Festival de Berlín de 1994; Premio a la mejor película de 1993 de la OCIC; Goya 1994 a la mejor película extranjera en español; nominada al Oscar 1994 a la mejor película en lengua no inglesa. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X D.

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