Bloggermania

Críticas de Cine

Jue01182018

Last updateJue, 18 Ene 2018 1am

Golden Gate

Golden Gate

Nueva York, 1952. En plena caza de brujas, un joven agente del FBI, recién licenciado en Derecho, es enviado a Chinatown, junto con un compañero, para investigar diversos actos subversivos comunistas que supuestamente se organizan en ese barrio. Agobiados por sus superiores, los dos policías tienden una trampa al joven dependiente de una lavandería, que se dedica a recaudar dinero entre su comunidad para enviarlo a sus empobrecidos familiares en China. El incauto dependiente es detenido, juzgado y condenado a diez años de cárcel. Y el joven agente del FBI cargará para siempre con el remordimiento por su injusta actuación.

El guión tiene puntos de interés en su acercamiento moral al cine negro. Pues más que la recreación típica de la cargada y ambigua atmósfera característica del género, al chino-americano David Henry Hwang le interesa subrayar el proceso de redención del protagonista y, de paso, cuestionar el hipócrita racismo de cierta mentalidad made in USA, así como su torpe fascinación por la Ley, incluso por encima de la Justicia. Sin embargo, todo esto se pierde en un relato arrítmico y mal estructurado, irritantemente explicativo —y no sólo por la abundante voz en off— y con personajes en exceso arquetípicos, casi de telefilm. Además, Hwang no logra llevar a buen puerto su elogiable intento de universalizar y cristianizar a Kwan Ying, la diosa china de la Misericordia, en cuanto representación del perdón, el arrepentimiento y el sacrificio por los demás. En primer lugar, porque envuelve artificiosamente la historia con un leve halo fantástico que debilita su realismo. Y sobre todo porque, a la postre, hace compatibles esos tres grandes valores humanos —el perdón, el arrepentimiento y el sacrificio— con una visión permisiva del sexo y con la aceptación, muy oriental, del suicidio como opción moral. Ciertamente, parece aletear a lo largo de toda la historia una cierta intervención sobrenatural, que podría hacer pensar en la acción de la Gracia o de la Providencia Divina; pero en ningún momento se afrontan con nitidez esas dos ideas cristianas, quedando más bien el aparato sobrenatural de la película en un superficial recurso New Age.

Esta debilidad narrativa y de punto de vista perjudica gravemente a las interpretaciones —todas, más bien discretas— y, sobre todo, a la cuidada puesta es escena del casi desconocido John Madden, visualmente brillante y bien planificada, y siempre acompañada por la bella partitura de Elliot Goldenthal. J.J.M.

Director: John Madden. Intérpretes: Matt Dillon (Kevin Walker), Joan Chen (Marilyn Song), Bruno Kirby (Ron Pirelli), Teri Polo (Cynthia), Tzi Ma (Chen Jung Song), Stan Egi (Bradley Ichiyasu). País: Estados Unidos. Año: 1993. Producción: Michael Brandman, para American Playhouse Theatrical Films. Presentada por: The Samuel Goldwyn Company. Guión: David Henry Hwang. Música: Elliot Goldenthal. B.S.O.: Varèse Sarabande. Fotografía: Bobby Bukowaki. Dirección artística: Andrew Jackness. Montaje: Sean Barton. Estreno en Madrid: 18-IV-97. Distribuidora cine: Lauren. Distribuidora vídeo: Lauren. Duración: 85 minutos. Género: Melodrama moral. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: V X D.

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio, de acuerdo a tus hábitos de navegación.  Entendido   Más información