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Críticas de Cine

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Hotel Danubio

Hotel Danubio

Joeé Luis Garci, prolífico hombre de cine, produce ahora la película de uno de sus directores más allegados, Antonio Giménez-Rico, el cual estrena por segunda vez en lo que va de año. Todo un récord. La anterior, Primer y último amor, basada en un relato de Torcuato Luca de Tena, era un festival contemplativo y romántico. Nada que ver con Hotel Danubio, que nos introduce en una inquietante y misteriosa historia llena de suspense, y que supera a su antecesora, si cabe, en oficio y pulcritud. Giménez-Rico reconstruye un fabuloso guión del inolvidable Carlos Blanco para hacer una nueva versión de la película Los peces rojos, que en los cincuenta dirigió José Antonio Nieves Conde.

Una noche de temporal, Hugo llega al Hotel Danubio, en la Costa de la Muerte, acompañado de su novia Ivón —una joven corista— y del veinteañero hijo de él. Cuando dan un paseo nocturno junto a la costa, Carlos resbala por un precipicio y cae al vacío, siendo fatalmente tragado por un mar tempestuoso. Sin embargo, lo que parece un accidente, puede ser algo de naturaleza muy distinta y perturbadora.

Hotel Danubio es un thriller psicológico contado con el clasicismo más elegante, propio de la edad de oro del séptimo arte, sin concesiones al vacuo efectismo o al montaje impresionista. Un argumento que se prestaría actualmente a grandes dosis de sexo y violencia, está resuelto con el buen gusto propio de los grandes. La película está organizada con una estructura narrativa compleja, que el director resuelve perfectamente, con una fluidez que se apodera de la atención del espectador hasta el último plano. Diversos niveles cronológicos, distintos puntos de vista, personas y situaciones que no son lo que parecen... hacen que la película se preste a varias lecturas, lo que la hace especialmente rica. Por otra parte, las escenas y diálogos están milimétricamente calculados para no dar ni más ni menos información de la necesaria.

Hotel Danubio habla de la creación literaria, de la frontera entre realidad y ficción, entre verdad y mentira, y de cómo siempre es posible encontrar una pieza más del rompecabezas que se creía acabado. Pero lo hace sin asomo de pedantería, dejando a los hechos que hablen por sí solos. Es digno de mención el reparto, tan atípico como acertado y eficaz. Los protagonistas son Santiago Ramos, impecable y contenido, y la debutante Carmen Morales, cuyo rostro la delata como hija de la artista Rocío Dúrcal, y que hace gala de unas dotes interpretativas muy prometedoras. Los secundarios pertenecen en su mayoría a una generación casi olvidada por los nuevos realizadores y en la que pervive la memoria de lo mejor de nuestro cine. La fotografía de Raúl Pérez Cubero y la dirección artística de Gil Parrondo crean una atmósfera mágica "años cincuenta" realmente sorprendente. J.O.

Director: Antonio Giménez-Rico. Intérpretes: Santiago Ramos (Hugo), Carmen Morales (Ivón), Iñaki Miramón (Detective), Juan José Valverde (Comisario), José Caride (Notario), José Sazatornil (Conserje). País: España. Año: 2003. Producida por: José Luis Garci para Nickel Odeón. Guión: Antonio Giménez-Rico. Argumento: basado en un guión de Carlos Blanco. Fotografía: Raúl Pérez Cubero. Música: Pablo Cervantes. Dirección artística: Gil Parrondo. Montaje: Miguel González Sinde. Estreno en Madrid: 26-09-03. Distribuidora cine: Columbia Tristar. Duración: 100 minutos. Género: Thriller. Público adecuado:Adultos. Contenidos especiales: V– D.

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