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Críticas de Cine

Lun07222019

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Hable con ella

Hable con ella

Parece que, por fin, Pedro Almodóvar se está haciendo mayor. De modo que casi ha olvidado las frívolas tontadas que le hicieron famoso —y que algunos todavía reivindican— y se está lanzando poco a poco a indagar con cierta seriedad en la compleja y contradictoria alma humana. Apuntó maneras, pero no encontró el tono, en La flor de mi secreto. Se estrelló después, por demasiado sórdido, en Carne trémula. Y finalmente tocó fibra en Todo sobre mi madre. Ahora, en Hable con ella salta de los sentimientos maternales a los amores generosos y apasionados, presentados como el único remedio eficaz contra las dolorosas soledades del egoísmo.

Así se podría resumir la transformación que viven los protagonistas de la película: dos hombres heridos y solitarios que, paradójicamente, encuentran su canción interior al relacionarse con dos mujeres obligadas por la vida a mantenerse en silencio. Benigno —un maternal y enmadrado enfermero que hace honor a su nombre— la encontrará cuidando amorosamente de una bella bailarina en coma. Por su parte, Marco, un sensible escritor y periodista, lo hará ayudando a una torera de raza cuyo mal de amores la lleva al borde de la muerte. Benigno y Marco se harán amigos en un hospital de Madrid. Y, desde entonces, gozarán juntos con la sorprendente elocuencia de los cuerpos inertes y de las palabras amigas, y sufrirán juntos con las locuras del amor cuando se torna pasión enfermiza.

Todo lo dicho suena muy bonito, y ciertamente está en unas cuantas escenas puntuales, plenas de emotividad y hondura, en las que vibran al unísono las espléndidas interpretaciones, la poderosa puesta en escena, la deslumbrante fotografía de Javier Aguirresarobe y la preciosa partitura de Alberto Iglesias, maravillosamente completada con canciones de Rufino Almeyda, Caetano Veloso y Vinicio de Moraes. También está en algunos de los contrapuntos cómicos con que el director manchego oxigena su desbordado melodrama.

  Sin embargo, otros de estos contrapuntos de humor —por ejemplo, el cortometraje surrealista El amante menguante— rompen el tono elegante con su grotesco recurso a lo soez, lo obsceno o lo irreverente. Y, en la resolución, Almodóvar se deja llevar por su tendencia hacia lo sórdido, y estropea bastante el personaje de Benigno, espléndido hasta ese momento. Hasta el punto de que uno tiene la sensación de haber sido engañado miserablemente. Menos mal que el abierto epílogo nos devuelve al Almodóvar sutil, elegante y emotivo que hemos gozado en unas cuantas secuencias de esta película irregular pero interesante. J.J.M.

Director: Pedro Almodóvar. Intérpretes: Javier Cámara (Benigno), Leonor Watling (Alicia), Darío Grandinetti (Marco), Rosario Flores (Lydia), Geraldine Chaplin (Catarina), Adolfo Fernández, Chus Lampreave, Fele Martínez, Marisa Paredes, Paz Vega. País: España. Año: 2001. Producción: Agustín Almodóvar para El Deseo S.A. Guión: Pedro Almodóvar. Música: Alberto Iglesias. B.S.O.: Milan Music. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Dirección artística: Antxón Gómez. Montaje: José Salcedo. Estreno en Madrid: 15-III-02. Distribuidora cine: Warner Sogefilms. Distribuidora de vídeo: Warner video. Duración: 112 minutos. Género: Drama. Premios principales: Globo de Oro a la mejor película extranjera y Premio Goya 2003 a la Mejor música original (Alberto Iglesias). Público adecuado: Adultos. Contenidos especiales: V X D.

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