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Críticas de Cine

Sáb05262018

Last updateSáb, 26 May 2018 2am

Killer Barbys

Killer Barbys

El insoportable Jesús Franco vuelve al ataque con una ininteligible película de terror, que se supone que es, además, divertida. No lo es en absoluto. Aunque Jesús Franco se disfrace en sus declaraciones públicas con una capa de transgresor frente a lo establecido, su film es una burda excusa para servir pornografía a carretadas, junto a la consabida sanguinolencia. La música de Killer Barbyes —un grupo español de rock duro en el mundo real— resulta mareante. J.M.A.

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K2

K2

Narra un trágico intento de ascención al K2, una de las montañas más peligrosas del Himalaya. El film carece de ritmo, sus diálogos son demasiado ampulosos y acaba resultando aburrido, a pesar de sus bellos paisajes y de alguna secuencia espectacular. Tiene un lenguaje muy descarnado y unas cuantas escenas sexuales de lo más absurdas.— J.J.M.

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Keep Cool

You Hua Hao Hao Shuo

Ni la propaganda de la propia productora hace justicia a esta película: resume su... mensaje, por así decir, en esta frase que dice en ella un joven policía, deseoso de que haya paz entre el protagonista y su ofensor: "Si los países pueden sentarse y negociar, ¿por qué no vosotros?". Es, ciertamente, la humillante ofensa y el deseo de venganza una de las líneas fuertes de la historia, pero no la única.

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Kansas City

Kansas City

Después de esa insustancialidad titulada Prêt-à-porter, Robert Altman retoma los cauces del cine bien orquestado gracias a una historia de perdedores con cierto calado dramático. Años 30 en Kansas City. Johnny, un maleante blanco de poca monta, es cazado in fraganti robando a un hombre de color, invitado del Hey-Hey Club, mítico local donde tocan los mejores jazzmen del país. Seldom Seen, el negro gangster propietario, considera necesario un escarmiento. Para evitarlo, Blondie, la esposa de Johnny, acomete una acción desesperada: el secuestro de Carolyn, esposa de un importante político, que podría presionar a Seldom para llegar a un canje.

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Kika

Kika

La fórmula del postmodernismo kitsch –por llamarlo de algún modo– ha llegado a su punto de saturación. Se puede conceder que le ha salido alguna escena graciosa al modo de Mujeres al borde de un ataque de nervios, unas pocas situaciones desmesuradas, brillantes, al modo de Tacones lejanos o Átame. Pero ya no da más de sí: ni ha sabido ver ni decir mejor, sino peor.

El guión parece mal trabajado, perdido... En un precipitado intento de atraer sin saber cómo, acumula ordinarieces y vulgaridades; y lo viste todo de lujo, como si hubiera olvidado que "aunque la mona...". Alguien dijo con acierto que la otra cara de la superficialidad es la desesperación: se le ha agotado a Almodóvar la falsa risa.— P.A.U.

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