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Críticas de Cine

Dom09222019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

La letra escarlata

The Scarlett Letter

La película se inicia más de una hora antes de la homónima y magistral novela del norteamericano Nathaniel Hawthorne (Salem, 1804-1864), cuya acción se desarrolla a finales del siglo XVII, en una sociedad, fundadora de la nueva colonia de Boston, dominada por la «severidad del carácter puritano», de la que «ningún delincuente podía esperar simpatía, ni siquiera débil o pasajera», una sociedad «en la que religión y ley eran casi idénticas». Comienza con la presentación al pueblo de Hester Prynne, por delito de adulterio, que espera un hijo de quien no dirá el nombre ante los jueces. No fue condenada a muerte, sino a llevar sobre su pecho la letra A.

La película se va más atrás, inventando la situación y motivación que lleva a Hester a cometer adulterio en ausencia de su marido; con esto, no sólo quita el decisivo suspense o, mejor, misterio —del que todo el pueblo participa— sobre la identidad del amante, sino que traza unos caracteres tan dispares a los de Hawthorne, que luego no podrán vivir (sería imposible) la profundidad e intensidad de vida que el escritor les dio.

Roland Joffé (Los gritos del silencio, La misión, La ciudad de la alegría), en su segunda hora, replica la novela y la destroza. Se sirve del nombre de Hawthorne, con desprecio de lo ajeno —confundiendo al público espectador—, quizá para avalorar su trabajo, que no vale un comino (Falta todavía una norma legal que penalice el uso abusivo de obras que son patrimonio de la humanidad). Los protagonistas piensan y hacen otras cosas tan distintas, que de la novela sólo quedan los nombres.

Hawthorne recrea esa pasada época fundacional y esa peculiar y confusa religiosidad, de modo ciertamente crítico, pero sin olvidar la perspectiva histórica, que permite, no justificar, sino explicar crueles comportamientos; presenta el pecado y la culpa, en el plano íntimo y en su repercusión social, la tortura de una conciencia insincera, y —casi como final de su libro— concluye: «Ante todo, sed veraces y mostrad al mundo con toda sinceridad, si no lo peor de vosotros mismos, sí aquello por lo que pueda deducirse lo peor».

Joffé, en cambio, sin preocupación histórica, hace un telefilm fanático y simplón, defensor del adulterio (no se corta un pelo mostrando cómo se pone en práctica), de la brujería, con muchos indios, tiros y muertes, y con un final feliz de pegote, mientras una voz en off clama: «¡Sólo Dios puede decir al hombre qué es pecado!». Pues ya lo dijo: Cfr. Éxodo, 20, 14. P.A.U.

Director: Roland Joffé. Intérpretes: Demi Moore (Hester Prynne), Gary Oldman (Arthur Dimmesdale), Robert Duvall (Roger Prynne), Lisa Jolliff-Andoh (Mituba), Edward Hardwicke (John Bellingham) y Robert Prosky (Horace Stonehall). País: Estados Unidos. Año: 1995. Producción: Roland Joffé y Andrew G. Vajna, para Lightmotive, Allied Stars, Cinergi y Moving Pictures. Presentada por: Hollywood Pictures y Andrew V. Vajna. Argumento: Basado en la novela homónima de Nathaniel Hawthorne. Editorial: Martínez Roca. Guión: Douglas Day Stewart. Música: John Barry. B.S.O.: Cinergi / Epic. Fotografía: Alex Thompson. Dirección artística: Roy Walker. Montaje: Thom Noble. Estreno en Madrid: 19-I-95 (Albufera, Colombia, Fuencarral, Imperial, Madrid, Rosales y Vaguada). Distribuidora cine: Lauren. Distribuidora vídeo: Lauren. Duración: 134 minutos. Género: Melodrama romántico. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: V X D.

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