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Críticas de Cine

Mar11122019

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La Virgen de los Sicarios

La Vierge des Tueurs

Barbet Schroeder (El misterio von Bülow, Mujer blanca soltera busca) quería hablar de Colombia —país donde pasó parte de su infancia—, y para realizar su propósito ha utilizado la novela parcialmente autobiográfica La Virgen de los Sicarios, de Fernando Vallejo. La película, dura y cruel en sus mejores momentos, muestra la pavorosa realidad de un país azotado por la miseria, el analfabetismo y una delincuencia endémica, alentadas por el narcotráfico. La fenomenal actuación de los jóvenes actores no profesionales contribuye a realzar la impresión de realidad que transmiten esas imágenes, y su escalofriante efecto.

La Virgen de los Sicarios impresiona por el crudo realismo con que presenta a unos jóvenes, buena gente en el fondo —los sicarios son profundamente religiosos, aunque mezclen devoción y superstición—, pero perdida y agostada. Jóvenes maleados sin remedio, que solo pueden esperar morir de un balazo a los 14 años. Pero se trata de una imagen sesgada. Es la visión que transmite un viejo verde, ateo y desencantado de la vida. El cínico protagonista, rico para más señas, ha vuelto a su tierra para suicidarse. Retrasa su proyecto el idílico romance con un jovencito, único superviviente de un grupo de narcotraficantes, que fue exterminado por una banda rival tras la captura de Escobar. Este joven mostrará al viejo escritor en qué se ha convertido el Medellín de su infancia. Matará ante sus ojos por una fruslería, y acabará asesinado en la calle. A este joven transmitirá su desencanto vital: hay demasiada gente en el mundo, no deberían permitir reproducirse a los pobres, la Iglesia tiene la culpa, y demás lugares comunes. Al final, cuando su amado es asesinado, le faltará tiempo para encontrar un sustituto barato: con una comida y unas zapatillas de marca llevará a otro menor a su cama. Tras tanta denuncia, el protagonista resulta prácticamente un pederasta que se aprovecha de la situación sin el menor escrúpulo.

La trama en sí es interesante, y ofrece unas imágenes callejeras hábilmente rodadas. Pero arrastra el pesado lastre de su visión parcial y de su acumulación de detalles morbosos. Frente a tantas grandes películas recientes que abordan temas sociales —como La vendedora de Rosas, de Víctor Gaviria, también ambientada en Medellín—, resulta evidente que Barbet Schroeder y Fernando Vallejo hacen trampa. F.G.-D.

Director: Barbet Schroeder. Intérpretes: Germán Jaramillo (Fernando), Anderson Ballesteros (Alexis), Juan David Restrepo (Wilmar), Manuel Busquets (Alfonso). País: Francia-España-Colombia. Año: 2000. Producción: Barbet Schroeder, Margaret Menegoz, Jaime Osorio Gómez y Andrés Martín para Les Films du Losange, Le Studio Canal +, Vértigo Films, Tornasol Films y Tucan Producciones Cinematográficas, con la participación de Canal + Francia y Vía Digital. Presentada por: Andrés Martín. Argumento: Basado en la novela homónima de Fernando Vallejo. Editorial: Alfaguara. Guión: Fernando Vallejo. Música: Jorge Arriagada. B.S.O.: Milan. Fotografía: Rodrigo Lalinde. Dirección artística: Mónica Marulanda. Montaje: Elsa Vasquez. Estreno en Madrid: 20-X-00. Distribuidora cine: Vértigo Films. Distribuidora vídeo: Manga Films. Duración: 98 minutos. Género: Drama social. Temas de cinefórum: Colombia. Pobreza. Analfabetismo. Narcotráfico. Delincuencia. Homosexualidad. Devoción y superstición. Premios principales: Medalla de Oro del Senado en el Festival de Venecia 2000. Público adecuado: Adultos. Contenidos especiales: V S D.

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