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Críticas de Cine

Mié06192019

Last updateMié, 19 Jun 2019 2am

Los Reyes Magos

The 3 Wise Men

Los dibujos animados son una de las técnicas cinematográficas más universales y rentables a corto, medio y largo plazo. Basta ver la eterna vida comercial de los clásicos de Disney o los taquillazos de Buscando a Nemo y demás obras maestras de Pixar. Sin embargo, también es una de las técnicas fílmicas más caras y arriesgadas, y quizá la menos entendida por los productores convencionales. Al fin y al cabo, los largometrajes de animación necesitan grandes inversiones a muy largo plazo y dependientes además de un amplio equipo de creativos muy diversos, pero con la característica común de un temperamento difícil de moldear. A esto se añade la escasez de guionistas especializados en estos productos, ya de por sí complejos, pues van destinados a públicos de todas las edades.

Quizá por todo eso en España no ha acabado de cuajar esta técnica, a pesar de que tenemos animadores excelentes, que han trabajado o están trabajando en los mejores estudios del mundo. Y así, muchas productoras se han conformado con hacer películas o series televisivas de escaso nivel, o con funcionar como simples empresas de servicios a terceros. Ciertamente, en las últimas dos décadas se han realizado esfuerzos meritorios para romper esa inercia. Ahí están Los viajes de Gulliver y Los músicos de Bremen, los dos últimos largometrajes del veterano Cruz Delgado —el principal formador de los animadores actuales—; las producciones de la alavesa Maite Ruiz de Austri (La Leyenda del Viento del Norte, El regreso del Viento del Norte, ¡Qué vecinos tan animales!); las de Juanba Berasategui (Ahmed, el príncipe de la Alhambra, Embrujo del Sur); otros filmes notables, como La Isla del Cangrejo, Puerta del tiempo, 10+2. El gran secreto, Marco Antonio. Rescate en Hong Kong o Dragon Hill: La Colina del Dragón; películas fallidas, como Peraustrinia 2004 y Despertaferro. El grito del fuego; y productos claramente mediocres como Megasónicos, El ladrón de sueños o Goomer.

En cualquier caso, ni esas películas ni la ambiciosa y desigual producción en 3D El bosque animado —que hizo una buena taquilla a pesar de su mediocre guión— han logrado romper el temor de los productores españoles. La gran oportunidad se ha presentado en 2003, con el estreno de dos superproducciones españolas de animación: El Cid y Los Reyes Magos.

El proyecto de Los Reyes Magos fue iniciado por el excelente animador Matías Marcos, que había trabajado durante años para Disney y fundó en 1998 AnimagicStudio con el objetivo de realizar potentes producciones propias de animación tradicional. Iniciada ya la producción, Telson compró AnimagicStudio y, tiempo después, a causa de graves discrepancias creativas, apartó del proyecto a Matías Marcos y puso en su lugar a Antonio Navarro, otro destacado animador español, también sin experiencia como director de largometrajes. Lo esencial del excelente guión original se mantuvo, pero se modificaron las personalidades de algunos personajes y se rebajaron los elementos religiosos y cómicos de la historia. Finalmente, este importante proyecto ha llegado a buen puerto gracias al empuje final de Cartel P.C. y de los prestigiosos animadores fichados en los últimos años por AnimagicStudio.

Un 5 de enero, el dueño de un bar de Brooklyn relata la historia de los Reyes Magos a un chaval amigo suyo que hace años perdió la ilusión por la Navidad. Melchor, Gaspar y Baltasar, tres magos de procedencias y caracteres muy diversos, se encuentran y viajan juntos en busca del Mesías, al que anuncia una misteriosa estrella. Pero, para poder presentarse ante el Rey de Reyes, estos magos deben encontrar los míticos Tesoros Reales y superar diversas pruebas mágicas relacionadas con los propios defectos de cada uno de ellos. También tendrán que luchar contra el ambicioso Rey Herodes y su maléfico consejero, Belial. En estos arduos desafíos contarán con la ayuda de dos jóvenes hebreos: Tobías, aguerrido oficial de la guardia de Herodes, y Sarah, una joven audaz que lucha contra el tirano.

Ciertamente, esta ambiciosa coproducción hispano-francesa padece ligeras discontinuidades narrativas y visuales, comprensibles en una película que ha sufrido un proceso de producción largo y accidentado. Pero esos defectos menores casi no empañan una factura de primera categoría, con excelentes fondos, expresivas animaciones de personajes y una planificación igualmente brillante en las espectaculares secuencias de acción y en los interludios líricos, dramáticos o cómicos. En este sentido, se nota que la película ha reunido a algunos de los mejores animadores españoles, como Sergio Pablos, Fernando Moro o Antonio Navarro.

De todas formas, el principal acierto de la película es su guión, fluido y bien estructurado, profundo y sutil al dibujar a los personajes y siempre imaginativo en la resolución de las situaciones, tanto realistas como fantásticas. Se echa de menos un mayor abundamiento en el componente religioso de la historia, algo limitado por culpa quizá del afán de sus autores por facilitar su difusión internacional. En cualquier caso, el guión parte de una visión trascendente de la vida y exalta valores morales universales como la caridad, la humildad y la valentía, enriquecidos por una dura críitica al materialismo economicista y al totalitarismo represor, y por un bello elogio de la integración multicultural. Además, esto último es compatible con una divertida reivindicación de las tradiciones mediterráneas frente a las anglosajonas. J.J.M.

Director: Antonio Navarro. País: Francia-España. Año: 2003. Producción: Eduardo Campoy, Claude Carrère y Fernando Martín Sanz, para AnimagicStudio, Carrère Group, en coproducción con TeleMadrid. Guión: Juanjo Ibáñez, Juan Ignacio Peña y Javier Aguirrearmalloa. Montaje: José Miguel Martínez. Estreno en Madrid: 19-XII-03. Distribuidora cine: UIP. Distribuidora de vídeo y DVD: Buena Vista. Duración: 80 minutos. Género: Animación. Público adecuado: Todos. Contenidos especiales: —.

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