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Críticas de Cine

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Mis aventuras con Nanuk el Esquimal

Kabloonak

En 1922, un norteamericano de origen irlandés llamado Robert Flaherty (1884-1951) conquistaba el aplauso de los espectadores de medio mundo y sorprendía a los incipientes cinéfilos con una singular película sobre las andanzas de un cazador de la tribu inuit, Nanuk, en las bellos e inhóspitos parajes del Ártico canadiense. Aquel film, Nanuk el Esquimal (Nanuk of the North) marcó un hito en la historia del Séptimo Arte: el nacimiento del documental como género cinematográfico. Ahora, a partir de los diarios de Flaherty y de las memorias de su viuda, Frances Hubbard, Mis aventuras con Nanuk el Esquimal —filmada en 1990— recrea el dificilísimo rodaje de aquel mítico film, en el que Flaherty invirtió un año entero (1920) y que llevó en varias ocasiones al borde mismo de la muerte al propio cineasta y a su amigo Nanuk.

El argumento no podía ser más interesante, sobre todo para los buenos aficionados al cine. Pero el resultado final es un poco decepcionante. El prestigioso documentalista francés Claude Massot —que se suicidó en extrañas circunstancias al poco de estrenar esta película— ofrece, sin duda, una meritoria puesta en escena, con bellísimos paisajes naturales y algunos apuntes interesantes sobre el heroico rodaje de Flaherty, su intensa amistad con Nanuk y su descubrimiento de la cultura inuit, un pueblo primitivo, sencillo e independiente que vivía aislado del mundo en un singular equilibrio con la difícil naturaleza que le rodeaba. Pero son sólo eso: apuntes. Le falta algo de consistencia y hondura a sus análisis, quizá por exceso de realismo...

Parece que Massot ha querido disimular su admiración por Flaherty y apaga notablemente en la historia su aliento épico o aventurero en beneficio de un retrato más bien frío de la existencia cotidiana de Flaherty entre los inuit, que como drama no acaba de implicar al espectador y como comedia sólo resulta eficaz en algunas secuencias. En general, la trama resulta distante, extraña, tediosa a ratos y otras veces en exceso naturalista, como cuando Massot se empeña en mostrar la vida sexual de los inuit y del propio Flaherty.

A la postre, queda sólo un poco de la magia, la epopeya y la sencilla humanidad del film de Flaherty, quizá menos realista y más artificioso, pero sin duda mucho mejor. J.J.M.

Director: Claude Massot. Intérpretes: Charles Dance (Robert Flaherty), Adamie Inukpuk (Nanuk), Seporah Q. Ungalaq (Nyla), Natar Ungalaq (Mukpullu), Matthew Jaw Saviakjuk (Aviuk), Georges Claisse (Wiscosin), Mary Quliqtalik (Elisapee). País: Francia/Canadá. Año: 1994. Producción: Georges Benayoun, Paul Rozenberg y Pierre Gendron, para Ima Films y Bloom Films. Argumento: Inspirado en las memorias que escribió Frances Hubbard, la viuda de Robert Flaherty. Guión: Claude Massot y Sebastien Regnier. Música: Sebastien Regnier. Fotografía: Jacques Loiseleux y François Protat. Dirección artística: Valodia Aronine. Montaje: Joelle Hache. Estreno en Madrid: 21-VII-95 (Alphaville, Aluche, Bristol, Cid Campeador, Cristal, Palacio de la Música). Distribuidora cine: Cine Mussy. Duración: 105 minutos. Género: Drama y aventuras. Premios principales: Festival de Cine de Gijón 1994: Premio del Jurado Internacional al mejor largometraje, Premio del Jurado Juvenil al mejor largometraje y Premio al mejor director (Claude Massot). Festival de Cine Ecológico de Canarias 1994: Premio a la Mejor Película. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X D.

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