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Críticas de Cine

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Pan Tadeusz

Pan Tadeusz

Andrzej Wajda tiene 76 años y es, con Polanski, Zanussi y el fallecido Kieslowski, mascarón de proa de la fértil escuela de Lodz. La penúltima película del autor de Danton (1982) es una adaptación de un largo poema, escrito en 1830 por Adam Mickiewicz (1798-1855), que es para los polacos lo que Shakespeare para los ingleses. La historia de Pan Tadeusz (el Señor Tadeusz) es un símbolo, un bálsamo, una sublime metáfora sobre la desgarrada historia de un pueblo que ha recibido más guantazos que un pelota en un partido de tenis en tierra batida. Durante la II Guerra Mundial, muchos intelectuales polacos leían y representaban con emoción los versos de ese escritor polaco-lituano, víctima del cólera durante su exilio en Estambul.

Como también reflejaba la reciente Con sangre y fuego, de Jerzy Hoffman, los polacos son unos tipos peculiares, carne de gesta y de infelicidad por su carácter sanguíneo y tempestuoso. Desde hace siglos han sido víctimas de la voracidad de los países que les circundan, pero también del caos de su nobleza pendenciera y levantisca. Pan Tadeusz presenta la enquistada rivalidad entre dos familias de la nobleza polaca, que se ve zarandeada por dos acontecimientos: el azaroso amor entre dos jóvenes, Tadeusz y Sofía, y la llegada en 1812 de la Grande Armée napoleónica, que hace soñar con la liberación del yugo ruso.

Viéndole la cara a la muerte, Wajda ha filmado un cantar de gesta eslavo, interpretado en polaco (¡cómo es posible que no llegara a España la versión original!) y a la polaca (¿entenderán algunos que un eslavo no gesticula ni habla como un señor de Murcia?). Pan Tadeusz, insisto, no es una película de aventuras y ya está. Es épica destilada, suavizada con un humor casi paródico, capaz de arrastrar a los cines a millones de polacos, marcando un record absoluto de ta-quilla.

La película de Wajda, más que tener, es... Es amor, tierra, violencia, odio, reconcilia-ción, patria, catolicismo, estirpe, honor, guerra... La bellísima fotografía del maes-tro Pawel Edelman atrapa la hermosura altiva de la campi-ña polaca, magnificada gracias al formato panavisión. Menos agraciada es la insulsa música del prestigioso Wojciech Kilar, cansina y repetitiva. Las interpretaciones —a pesar del penoso doblaje al castellano—, el vestuario y la ambientación son un milagro, cosa casi habitual en el cine de Wajda.

En 1999, Wajda recibió el Oscar honorario por su carrera, y quiso pasarle su película a un compatriota llamado Karol Wojtyla. Juan Pablo II, que puso en escena el poema de Mickiewicz durante la ocupación nazi —clandestinamente y jugándose la vida—, gustó de la película y se conmovió con las secuencias estremecedoras del perdón intercambiado entre dos nobles enzarzados en una disputa cerril y duradera. A.F.

Director: Andrzej Wajda. Intérpretes: Boguslaw Linda (Ksiadz Robak), Daniel Olbrychski (Gerwazy), Grazyna Szapolowska (Telimera), Andrzej Seweryn (Sedzia), Marek Kondrat (Hraba), Krzysztof Kolberger (Adam Mickiewicz), Michal Zebrowsky (Pan Tadeusz), Alicia Bachleda-Curun (Zosia Horeszkowa), Jerzy Binczycki (Maciej Krolik-Rozeczka), Serguei Chacourou. País: Polonia-Francia. Año: 1999. Producción: Lew Rywin para Le Studio Canal +, Heritage Films y Viscon Film Productions. Argumento: Basado en el poema de Adam Mickiewicz Cuando Napoleón atrevesó el Niémen. Guión: Andrzej Wajda y Piotr Weresniak. Música: Wojciech Kilar. Fotografía: Pamel Edelman. Montaje: Wanda Zeman. Estreno en Madrid: 18-V-01. Distribuidora cine: Glendora Films. Distribuidora vídeo: Buena Vista. Duración: 125 minutos. Género: Tragicomedia. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: V.

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