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Críticas de Cine

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Profesor Holland

Mr. Holland’s Opus

«¡Oh, capitán, mi capitán!»; con este verso de Walt Whitman dedicado a Lincoln saludaban sus alumnos al carismático profesor Keating de El Club de los Poetas Muertos. Quizás se merezca más este saludo el maestro de música cuya vida describe Profesor Holland, la interesante película de Stephen Herek. Él sí que fue, de verdad, la «inspiración que hizo de las vidas de sus alumnos algo extraordinario».

Da muchas luces el título original: Mr. Holland’s Opus, esto es, «La obra de Mr. Holland», entendiendo «obra» en el sentido del trabajo de toda una vida. La película, en efecto, describe casi toda la vida —más de 30 años— de Mr. Holland, un brillante pianista de espectáculos que, en la década de los 60, decide hacerse profesor de música de una high school de Portland, con la esperanza de poder componer, por fin, una sinfonía. Su sueño se cumplirá con creces, pero de un modo muy distinto al que pensaba; acabará componiendo no una, sino dos sinfonías: una —sólo una— orquestal y otra vital. Y es que el destino le conducirá por la senda, aparentemente ingrata, de la entrega casi total a su labor educativa, primero en el colegio y, más tarde, también en su propio hogar, donde tendrá que ayudar a su hijo, sordo de nacimiento.

Al final de su carrera, cuando acecha el desencanto ante la superficialidad de los nuevos tiempos —en este punto, la crítica al actual sistema educativo norteamericano es durísima—, Holland descubrirá que ha aprendido dos profundas e importantes verdades. La primera es la diferencia entre un profesor y un maestro: el profesor se limita a enseñar una materia concreta y sólo tiene alumnos; el maestro, implicando su propia personalidad en su labor docente, sabe orientar integralmente las vidas de los jóvenes que dependen de él, les ofrece respuesta a las grandes preguntas, crea escuela y hace discípulos. La segunda gran verdad que descubrirá Holland es la que encierra aquella máxima del pensador francés Joseph Joubert: «Enseñar es aprender dos veces».

Desde el punto de vista argumental, Profesor Holland recuerda a películas como ¡Adiós, Mr. Chips! o El Club de los Poetas Muertos. Pero supera a ambas, al menos en cuanto a riqueza temática. Y es que el sólido guión de Patrick Sheane Duncan afronta con más decisión y hondura un mayor número de conflictos dramáticos, todos ellos muy interesantes: escondida labor de enseñanza frente a éxito y fama a cualquier precio, activa aceptación de la realidad frente a escapismo artístico, rectitud moral frente a incontrolada libertad creativa, dedicación esforzada frente a pura espontaneidad, educación humanística integral frente a educación especializada, conjunción de trabajo y familia, de arte clásico y arte moderno...

La película es descaradamente sentimental y moralizadora. Y, de hecho, en varias secuencias es imposible contener la emoción. Pero esto no es de por sí un defecto; de hecho, en este caso es una virtud. Al fin y al cabo, las películas favoritas de dos grandes maestros del cine, John Ford (El sol siempre brilla en Kentucky) y Frank Capra (¡Qué bello es vivir!), son también supersentimentales y supermoralizadoras. Además, Profesor Holland coincide con ellas —sobre todo con la de Capra, como ha reconocido Stephen Herek— en su estructura narrativa y en su sólido fundamento ético y antropológico —heroicidad en lo cotidiano, importancia de la familia y la amistad, dignidad y trascendencia de cada vida humana...—, aunque en Profesor Holland la presencia de Dios es más silenciosa que en esos films.

La partitura original de Michael Kamen y su selección de temas clásicos y modernos resultan magníficas, quizá porque Kamen ha hecho un elogiable esfuerzo por reflejar en la película —así lo exigía el guión— esa idea de que la música es la más espiritual de las artes. En todo caso, la música se convierte en el principal cauce simbólico del desarrollo del film y en la primera depositaria de sus mensajes.

Es una sorpresa que el hasta ahora discreto Stephen Herek (Somos los mejores, Los tres mosqueteros) haya conseguido tal vigor dramático en su puesta en escena —que va de menos a mucho— y en la dirección de actores, todos ellos espléndidos, sobre todo Richard Dreyfuss. Pero, sorpresa o no
—no lo es tanto para quien recuerde la primera secuencia de Somos los mejores—, el caso es que ha conseguido una gran película, marcada por el sello de las grandes obras. J.J.M.

La enseñanza vista por el cine

Películas como Profesor Holland o Mentes peligrosas han ampliado durante 1996 un subgénero cinematográfico que ha aportado reflexiones muy interesantes sobre el sentido de la tarea educativa, las relaciones profesores-alumnos y la figura del maestro. He aquí algunos títulos destacados:

Profesores de Humanidades

Adiós, Mister Chips (Goodbye Mr. Chips), de Sam Wood (1939).

La versión Browning (The Browning Version), de Anthony Asquith (1947).

Merlín, el encantador (The Sword in the Stone), de Walt Disney, Ken Anderson y Wolfgang Reitherman (1963).

Adiós, Mister Chips (Goodbye Mr. Chips), de Herbert Ross (1969).

El Club de los Poetas Muertos (Dead Poets Society), de Peter Weir (1989).

Tierras de penumbra (Shadowlands), de Richard Attenborough (1993).

Un poeta entre reclutas (Reinassance Man), de Penny Marshall (1993).

El hombre sin rostro (A Man Whitout a Face), de Mel Gibson (1993).

La versión Browning (The Browning Version), de Mike Figgis (1994).

Profesores de música

Amadeus, de Milos Forman (1984).

El profesor de música (Le maître de musique), de Gérard Corbiau (1990).

Todas las mañanas del mundo (Tous les matins du monde), de Alain Corneau (1991).

Un corazón en invierno (Un coeur en hiver), de Claude Sautet (1992).

El toque silencioso (The Silent Touch), de Krzysztof Zanussi (1992)

Alegre ma non troppo, de Fernando Colomo (1993).

Farinelli. Il castrato, de Gérard Corbiau (1994).

Profesor Holland, de Stephen Herek (1995).

Entrenadores deportivos

Carros de fuego (Chairots of Fire), de Hugh Hudson (1981).

Hoosiers, más que ídolos (Hoosiers), de David Anspaugh (1988).

Somos los mejores (We Are The Best), de Stephen Herek (1992).

Rudy. Reto a la gloria (Rudy), de David Anspaugh (1993).

Maestros de actores

Chaplin, de Richard Attenborough (1992).

¡Dadme un respiro! (Life With Michey), de James Alpine (1993).

Adiós a mi concubina (Bawang Bie Ji / Farewell to my Concubine), de Chen Kaige, 1993).

Aprendiendo a vivir (I’ll Do Anything), de James L. Brooks (1994).

Funny Bones, de Peter Chelsom (1995).

Alumnos conflictivos

Esos tres (These Three), de William Wyler (1936).

Forja de hombres (Boys Town), de Norman Tuarog (1938).

La ciudad de los muchachos (Men of Boys Town), de Norman Tuarog (1941).

¡Qué verde era mi valle! (How Green Was My Valley), de John Ford, 1941).

Semilla de maldad (The Blackboard Jungle), de Richard Brooks, 1955).

La calumnia (The Children’s Hour), de William Wyler (1961).

Rebelión en las aulas (To Sir With Love), de James Clavell (1967).

Up the Down Staircase, de Robert Mulligan (1967).

Los mejores años de Miss Brodie (The Orime of Miss Jean Brodie), de Ronald Neame (1969).

El club de los cinco (The Breakfast Club, de John Hugues (1984).

El rector (The Rector), de Christopher Cain (1987).

Nuevos rebeldes (The Road Home), Hugh Hudson (1990).

Sister Act 2, de Bill Duke (1993).

Lobos universitarios (The Program), de David S. Ward (1994).

Mentes peligrosas (Dangerous Minds), de John N. Smith (1995).

El sustituto (The Substitute), de Robert Mandel (1996).

Alumnos especiales

Mandy, de Alexander Mackendrick (1952).

El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker), de Arthur Penn (1962).

El pequeño salvaje (L’enfant sauvage), de François Truffaut (1969).

El enigma de Gaspar Houser (Jeder für sich und Gott gegen alle), de Werner Herzog (1974).

Nell, de Michael Apted (1994).

Profesores cómicos

El profesor chiflado (The Nutty Professor), de Jerry Lewis (1963).

El profe, de Miguel M. Delgado (1971).

Poli de guardería (Kindergarten Cop), de Ivan Reitman (1990).

El genio del amor (I.Q.), de Fred Schepisi (1995).

El profesor chiflado (The Nutty Professor), de Tom Shadyac (1996).

Profesores conflictivos

Maridos y mujeres (Husbands and Wives), de Woody Allen (1992).

El país del agua (Waterland), de Stephen Gyllenhaal (1992).

Tormenta blanca (White Squall), de Ridley Scott (1996).

Profesores heroicos

Esta tierra es mía (This Earth Is Mine), de Jean Renoir (1943).

Adiós, muchachos (Au revoir les enfants), de Louis Malle (1987).

El papel de los padres en la educación de sus hijos

El pequeño Tate (Little Man Tate), de Jodie Foster (1991).

El río de la vida (A River Runs Throught It), de Robert Redford (1992).

En busca de Bobby Fischer (Searching for Bobby Fischer), de Steven Zaillian (1993).

Quiz Show. El dilema (Quiz Show), de Robert Redford (1994).

Director: Stephen Herek. Intérpretes: Richard Dreyfuss (Mr. Glenn Holland, profesor de música), Glenne Headly (Iris Holland, la esposa de Glenn), Jay Thomas (Bill Meister, el profesor de deportes), Olimpia Dukakis (Helen Jacobs, la directora del colegio), W.H. Macy (Wolters, el videdirector del colegio), Jean Louisa Kelly (Rowena Morgan, la alumna cantante), Alicia Witt (Gertrude Lang, la alumna que toca el clarinete). País: Estados Unidos. Año: 1995. Producción: Ted Field, Michael Nolin y Robert W. Cort, para Interscope Communications, en asociación con The Charlie Mopic Company. Presentada por: PolyGram Filmed Entertainment. Guión: Patrick Sheane Duncan. Música: Michael Kamen. B.S.O.: London / Polydor. Fotografía: Oliver Woods. Dirección artística: David Nicols. Montaje: Trudy Ship. Estreno en Madrid: 19-I-96 (Acteón, Aluche, Cid Campeador, Luna, Roxy B y Vaguada). Distribuidora cine: PolyGram. Distribuidora vídeo: PolyGram. Duración: 135 minutos. Género: Drama. Premios principales: Nominación a los Globos de Oro 1995 al mejor actor (Richard Dreyfuss) y guión. Nominación al Oscar 1995 al mejor actor. Premio Alfa y Omega 1996 a los valores morales. Público apropiado: Jóvenes. Contenidos específicos: —.

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