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Críticas de Cine

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Qué pasada!

Purely Belter

El nuevo cine social británico se ha convertido en una de las tendencias fílmicas más sólidas y populares de la última década. Dentro de ella, el director y guionista inglés Mark Herman es quizá el cineasta que ha aportado a la corriente unas mayores dosis de idealismo, cercanía y emotividad, así como un exhaustivo empleo dramático de las bandas sonoras. No en vano, antes de triunfar en el cine, se había ganado un notable prestigio como letrista de la mayoría de las canciones del grupo The Christians. La fórmula le dio unos notables resultados en sus dos últimas películas, las taquilleras y multipremiadas Tocando el viento y Little Voice. En la primera, logró convertir a la banda de música de un pueblo minero de Yorkshire en símbolo de las luchas sindicales contra el gobierno conservador a principios de los 90; y en la segunda —sobre una joven que oculta tras su enfermiza timidez un insospechado talento como cantante—, se atrevió a enriquecer el género con un toque de poesía y hasta de magia. En ambos casos, Herman desarrolló sus radiografías y denuncias sociales a través de un sugestivo tono de tragicomedia, marcado por una gran agilidad narrativa, un chispeante sentido del humor y un acercamiento muy entrañable a todos los personajes.

Todas estas características las conserva Herman en su última película, ¡Qué pasada! (Purely Belter), bastante bien acogida por la crítica en los festivales de Cannes y San Sebastián, aunque sin el entusiasmo de sus anteriores producciones. En parte, esta mayor frialdad puede deberse a la simple superabundancia de realismo social en los últimos dos años, que lleva a los críticos a exigir más a las nuevas producciones. Pero también se justifica esa actitud por la propia película, menos redonda y más gruesa que sus antecesoras.

El guión del propio Herman se basa en la exitosa novela The Season Tickets, de Jonathan Tulloch, sobre las andanzas de Gerry y Sewell, dos espabilados aunque ingenuos adolescentes de un barrio pobre de Newcastle. Sumergidos ambos en delicadas situaciones familiares y escolares, su gran sueño es conseguir dos abonos de temporada para ver jugar a su adorado equipo de fútbol, el Newscatle United. Pero los abonos cuestan 1.000 libras, y ellos están sin blanca. Así que, tras fracasar con diversos trabajos cutres, idean todo tipo de timos y trapicheos para lograr su objetivo. Sin embargo, la vida misma —encarnada en el alcohólico y violento padre de Gerry, y en una joven, con novio peligroso, de la que se enamora Sewell— les enfrentará con la dura realidad.

Herman muestra otra vez su mano maestra a la hora de convertir a los dos protagonistas en entrañables y cercanos al espectador. De modo que éste se identifica fácilmente con sus ilusiones frustradas, sus divertidas iniciativas y su lucha por sobrevivir en una sociedad insolidaria. Este enfoque asegura unas cuantas carcajadas, una sonrisa casi permanente y varias andanadas a la parte del corazón que rige la piedad. Todo ello, con los pies bien asentados en el suelo y sin ceder a facilonas concesiones sensibleras.

Sin embargo, esta vez, Herman se muestra menos fluido como narrador, y permite ciertas reiteraciones y alguna que otra ruptura demasiado forzada. Estas rupturas quizá tienen que ver con la mayor perplejidad ética que Herman muestra en esta película. Si en sus dos anteriores trabajos subrayaba los esfuerzos de los personajes por salir adelante honradamente, aquí se muestra demasiado comprensivo con las actitudes de Gerry y Sewell, motivadas a menudo por un superficial hedonismo o por un complaciente afán de escapar de las dolorosas circunstancias que les rodean. Ciertamente, el sugestivo recurso simbólico a la inmensa estatua del Ángel del Norte, de Antony Gormley, y el nada complaciente desenlace esbozan un elogio de la madurez y la responsabilidad; pero antes y durante, Herman —y con él, el espectador— le ha reído demasiado las gracias a ese par de patéticos chavales, que no saben hilvanar una frase sin decir tres palabrotas y que afrontan casi sin inmutarse realidades tan dramáticas como la drogadicción, el aborto, la violencia callejera o el sexo de aquí te pillo aquí te mato.

Queda en todo caso una película divertida y fresca, de vigorosa resolución realista, muy bien interpretada —sobre todo por los dos chavales protagonistas— y con una brillante banda sonora, en la que Herman vuelve a demostrar sus amplios conocimientos de la música actual. J.J.M.

Director: Mark Herman. Intérpretes: Chris Beattie (Gerry), Charlie McLane (Sra. McCarter), Greg McLane (Sewell), Tim Gealy (Sr. McCarten), Roy Hudd (padre de Sewell), Kevin (Sr. Caird). País: Gran Bretaña. Año: 2000. Producción: Elisabeth Karlsen para Mumbo Jumbo Productions. Presentada por: Film Four Productions. Argumento: Basado en la novela Seasson Ticket de Jonathan Tulloch. Guión: Mark Herman. Música: Ian Broudia y Michael Gibbs. Fotografía: Andy Collins. Dirección artística: Mark Kebby. Montaje: Michael Ellis. Estreno en Madrid: 5-I-01. Distribuidora cine: Vértigo. Distribuidora vídeo: Manga. Duración: 97 minutos. Género: Tragicomedia. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: V S D.

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