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Críticas de Cine

Lun07222019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Requiem

Requiem

El veterano cineasta suizo Alain Tanner (La salamandra, Messidor, Fourbi) vuelve a demostrar la personalidad de su inclasificable estilo en esta adaptación de la obra homónima de Antonio Tabucchi. A través de un peculiar rompecabezas de relatos-ensayos, mínimamente hilvanados, el famoso escritor italiano —y con él, Tanner— plantea una curiosa apología del valor purificador de la nostalgia y del psicoanálisis —o al menos de la autointrospección sincera—, desarrollada esta vez a través del fascinante universo literario del escritor portugués Fernando Pessoa.

La cámara sigue los pasos de un hombre solitario, Paul, que llega un tórrido domingo estival a una Lisboa vacía por las vacaciones. Su objetivo es encontrarse en el puerto con el fantasma de Pessoa. Pero, claro, éste, como buen fantasma, no aparecerá hasta la medianoche; de modo que Paul tendrá todo el día para recorrer la capital lisboeta. En su errático y atemporal vagabundeo, Paul se irá encontrando con diversos personajes de su propio pasado —su padre, una novia, un amigo...— o del agonizante mundo cultural portugués —un filósofo dedicado a vender lotería, un excéntrico copista del cuadro de El Bosco El carro de heno...—, así como con otros tipos pintorescos, que le ayudan a ir de un sitio a otro. Estos encuentros fugaces enfrentarán a Paul con los rincones más oscuros, las inquietudes más arraigadas y los anhelos más íntimos de su inconsciente..., o de su alma. De modo que esas doce largas horas se convertirán para él en «un día de tribulaciones y de purificación», al final del cual, de la mano de Pessoa, quizás encuentre la anhelada paz consigo mismo.

La puesta en escena de Tanner intenta recrear la inquietante atmósfera de la obra de Tabucchi, siempre a medio camino entre la fantasía y la realidad, entre el fuerte surrealismo de los sueños y la sutil deformación de los viejos recuerdos. A veces, Tanner se deja llevar por un quietismo visual enervante y enfático, que no aporta demasiado a la trama. Pero, en general, consigue interesar al espectador con la cautivadora irrealidad de su relato. Y, desde luego, se esfuerza por llevar a cabo una realización original, en que las imágenes tengan al menos tanta importancia como las palabras. En este sentido, Tanner demuestra especialmente sus dotes como documentalista, y sabe extraer gran parte de su sentido dramático a los parajes de Lisboa por donde hace trancurrir la acción; parajes en los que Tanner ya había ambientado una de sus mejores películas, En la ciudad blanca, y que le sirven para hacer de paso un sutil homenaje al maestro portugués Manoel de Oliveira.

Otra cosa es la verdadera entidad interna de todo esto. En apariencia, la película afronta múltiples temas culturales, sociales y antropológicos de indudable interés. Y así, habla de la melancolía y del remordimiento —los dos temas centrales—; de la fugacidad del tiempo; de los caprichos del destino; del alma y el inconsciente; de la infidelidad, el aborto y el suicidio —por ese orden—; del compromiso político y social; de las costumbres y supersticiones populares; del amor y el sufrimiento; de la propia creación artística enfrentada a la vida real... Pero Tanner no logra casi nunca profundizar en estas interesantes cuestiones, quizá porque la obra de Tabucchi tampoco lo hace. Así, casi todo resulta insustancial, etéreo, demasiado hermético, cuando no claramente rebuscado, discursivo o planfetario, como sucede con varios exabruptos contra la dictadura de Salazar, con un par de apuntes anticlericales un tanto apolillados o con una permisiva apología del consumo controlado de drogas.

Con todo esto, queda una película compleja, formalmente elegante y moderna —al menos en su peculiar minimalismo y en su original traducción del realismo mágico—, pero desasosegante y decadente en su llamativa falta de perspectiva ética. Sólo al final, con la luminosa aparición de Pessoa, parecen adquirir un cierto hálito de humanidad algunas de las estaciones de paso de este desangelado viaje iniciático por las bellas calles de Lisboa. J.J.M.

Director: Alain Tanner. Intérpretes: Francis Frappat (Paul), André Marcon (Pierre), Alexandre Zloto (El padre), Cecile Tanner (Christine), Zita Duarte (La gitana), Canto e Castro (El lotero cojo), Myriam Szabo (Isabel). País: Suiza-Portugal. Año: 1998. Producción: Gerard Ruey, Jean-Louis Porchet, Alain Tanner y Paulo Branco, para Cab Productions, Filmograph, Gemini Films, Mandragoa Filmes, Television Suisse Romande y Westdeutscher Rundfunk Koln. Presentada por: Paulo Branco. Argumento: La obra homónima de Antonio Tabucchi. Editorial: Anagrama. Guión: Alain Tanner y Bernard Comment. Música: Michel Wintsch. Fotografía: Hugues Ryffel. Dirección artística: Joao Torres. Montaje: Monica Goux. Estreno en Madrid: 21-VIII-98. Distribuidora cine: Alta. Duración: 100 minutos. Género: Drama onírico. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: D.

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