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Críticas de Cine

Jue09192019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Rojo. Tres colores

Trois coleurs. Rouge

Tercera película de la trilogía Tres colores, es la más elaborada, y quizá la última del autor –él lo dice–; en todo caso tendría que ser, deseablemente, la última en esta línea del preciosismo exquisito: ronda el peligro del manierismo.

Ginebra. Una joven modelo entra, de manera casual, en relación con un solitario juez jubilado; el despacioso encuentro despierta convicciones, frustraciones... y nostalgia; y sugiere un ya imposible amor entre ambos. En geometrías paralelas, un joven estudiante, que quiere ser juez, ve romperse su personal historia de amor... Una catástrofe marítima provoca el encuentro de la modelo y el estudiante, y sugiere una feliz unión, que de alguna manera sugiere a su vez... no se sabe bien qué, que el viejo juez contempla quizá como el imposible amor suyo, tal vez como su propio amor vivo más allá del tiempo, en una continuidad mágica de lo mismo en lo distinto.

Al precisar ese penumbroso juego de casualidades, que es ya una lectura concreta de la película, queda quizá disipada la posible sugerencia fílmica; pero es que esos susurros estéticos de Kieslowski tienen pretensiones de cosa misteriosa, y no son sino un genial artificio. Su eficacia es debida al oficio narrativo, a lo arquitectónico del guión, a la conseguida seducción para la que se han confabulado la cámara y todo el unidísimo equipo técnico, con la perfecta complicidad de los actores. En conclusión, esa lectura que he hecho de la película es ya una crítica, una advertencia crítica: detrás de las sugerentes indicaciones de Rojo no hay nada indicado. Siento romper con este rudo bastón la preciosa telaraña, cuajada de perlífero rocío, a la contraluz lechosa de un amanecer de otoño...

Posee Rojo una caligrafía impoluta, un lenguaje de la luz que se hace una sola cosa con la acción y el diálogo, con el estudiado encuadre de los objetos, con su color, los ruidos, la música, que no llena un vacío, sino que habla cuando es ella quien debe entrar en escena. El ritmo de los acontecimientos, el tortuoso escenario natural de las calles, todo, todo coopera a la edificación de una hermosísima joya, jeroglífica y muda, admirable y fría.

No hay un gesto banal en los actores ni un movimiento innecesario. Es un cine éste que construye desde la palabra; sus imágenes son palabras. Estas consideraciones pueden parecer minoritarias, pero son imprescindibles para ver una obra singular que, aun si aplaudida ahora de manera mayoritaria, no lo es. P.A.U.

Director: Krzysztof Kieslowski. Intérpretes: Irène Jacob (Valentine), Jean-Louis Trintignant (El juez), Jean-Pierre Lorit (Auguste), Fréderique Feder (Karin), Samuel Lebihan (El fotógrafo), Marion Stalens (La veterinaria), Teco Celio (El barman), Bernard Escalon (El pinchadiscos), Jean Schlegel (El vecino), Elzbieta Jasinska (La mujer). País: Francia. Año: 1993. Producción: Marin Karmitz, para MK2 Productions, France 3 Cinema, CAB Productions, TOR Productions. Argumento: Inspirado en el poema Amor a primera vista de la poetisa polaca Wislawa Azymborska. Guión: Krzysztof Piessiewicz y Krzysztof Kieslowski. Música: Zbigniew Preisner. Fotografía: Piotr Sobocinski. Dirección artística: Emmanuel Finkiel. Montaje: Jacques Witta. Estreno en Madrid: 23-IX-94 (Princesa, Renoir). Distribuidora cine: Wanda Films / Alta Films. Duración: 96 minutos. Género: Drama. Premios principales: Premio a la mejor película extranjera de la Asociación Nacional de Críticos de Estados Unidos y de las Asociaciones de Críticos de Los Ángeles y Nueva York; nominada a los Oscars 1994 al mejor director, guión original y fotografía. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X– D.

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