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Críticas de Cine

Mié07182018

Last updateMié, 18 Jul 2018 2am

Silencio roto

Silencio roto

El famoso director Montxo Armendáriz (Tasio, Secretos del corazón) dirige su última película, Silencio roto, que es un enardecido homenaje a los maquis, guerrilleros antifranquistas que siguieron la contienda civil a su montaraz manera hasta muchos años después del fin de la guerra en 1939. Se trata de un intento de memoria histórica loable, pero no exento de defectos y cojeras ideológicas. Con una puesta en escena sobria y punzante —al estilo acostumbrado de su director— pero con un guión bastante escolar y algo chatito, el cineasta navarro vuelve al tema de nuestra postguerra con el deseo de "cubrir lagunas" historio-cinematográficas, como hizo Ken Loach con Tierra y libertad. Los héroes de este film son los maquis, que entre curas y dirigentes del Movimiento, segaron un millar de vidas en la década de los cuarenta. El protagonista, Manuel (Juan Diego Botto), es un jovencito idealista que se echa al monte "para cambiar el mundo". Su novia, Lucía (Lucía Jiménez), le apoya y ayuda desde una aldea vasco-navarra sometida al yugo cruel y despiadado de una Guardia Civil inmisericorde. Muertos de un lado y del otro se suceden en la película como si llovieran en el angosto espacio de un callejón sin salida. La gente del pueblo, especialmente retratada en la actitud de Teresa (Mercedes Sampietro), opta —en principio— por ver, oír y callar. El miedo mortal y el deseo de vivir en paz mantiene a los habitantes en una ambigüedad permanente entre delatores y acusadores de un bando y de otro.

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Simple Men

Simple Men

El cineasta independiente norteamericano Hal Hartley (Trust) demuestra en Simple Men que no es necesario un gran despliegue de medios para realizar un film vigoroso. Así, utiliza a unos actores desconocidos pero magníficos en la composición sobria de sus personajes.

Bill (Robert Burke) y Dennis (Bill Sage) son hermanos. El primero es un ladrón, rudo y aparentemente desenvuelto; el otro, un tímido estudiante. Ambos se unen para encontrar a su padre, figura legendaria del béisbol, acusado en la actualidad de haber cometido un atentado contra el Pentágono.

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Sunday

Sunday

Judío poco hablador, despedido de su trabajo como técnico de IBM, sin familia por razones no explicadas, Oliver se aloja en un refugio de indigentes. Madeleine, una actriz retirada, le confunde con un director de cine. Él decide mantener el equívoco. El resultado es una complicada madeja de situaciones a lo largo de un domingo: difícil saber qué es realidad y qué ficción, quién engaña a quién.

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Smoke Signals

Smoke Signals

Idaho, reserva de los indios Coeur d’Alene, 1976. Después de la fiesta del 4 de julio, en la que ha fluido abundante el alcohol, se produce el incendio en el que mueren los padres de Thomas, quien va narrando –se supone que desde la perspectiva de hoy– los hechos en off. Él, en aquel entonces casi recién nacido, es salvado por Arnold, padre de Victor, de la misma edad que Thomas. La siguiente escena, diez años más tarde, muestra cómo Arnold abandona a su familia y desaparece en su automóvil blanco. Un nuevo salto en el tiempo, hasta 1998. Una llamada telefónica anuncia que Arnold ha muerto repentinamente en Phoenix, Arizona. Victor se pone en camino para recoger las cenizas de su padre; a regañadientes acepta que Thomas le preste el dinero necesario para el viaje y que le acompañe. Como muy tarde ahora, el espectador sabe que la relación entre los jóvenes no es fácil; nunca lo ha sido. Victor no ha querido corresponder, ni de niño ni de joven, a la amistad del excéntrico Thomas.

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Stuart Little

Stuart Little

El neoyorquino matrimonio Little se dispone a adoptar a un niño, pues su hijo George quiere un hermanito. En el orfanato, mientras examinan a los jóvenes candidatos, los Little se quedan prendados de Stuart, un pequeño e inteligente ratón huérfano, con aspecto de estar solo en el mundo. La encargada del orfanato les advierte que es mejor llevarse a alguien de su misma especie; pero ellos saben que Stuart necesita una familia, y están convencidos de que será el hermano ideal para George. Sin dudarlo, lo adoptan y lo introducen en su hogar. Ya allí las cosas no serán tan fáciles. George está disgustado por la elección de sus padres: "No es mi hermano, es un ratón", grita constantemente. Snowball, el gato doméstico, se siente desplazado por un roedor, y lanza contra él a sus amigotes callejeros. El resto de la familia, tíos y primos, tendrá que aprender a apreciar al nuevo Little. Por su parte, Stuart tendrá que darse a conocer y hacerse querer por ser quien es y ser como es. No pretenderá ser un humano ni jugará a ser lo que no es. Él es un ratón y, vía adopción, es un Little.

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