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Críticas de Cine

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Simone

S1m0ne

Simone es la tercera película del director y guionista neozelandés Andrew Niccol. En 1997 escribió y dirigió Gattaca, centrada en el problema de la eugenesia. El film era un grito de libertad en medio de la abrumadora ola de genetismo prometeico que ya entonces empezaba a venírsenos encima y que ahora ha crecido aún más si cabe. Gattaca optó a un Oscar por su dirección artística y acaparó diversos premios europeos y norteameri-canos. En 1998 vio la luz El Show de Truman, escrita y producida por Niccol, y por la que fue candidato al Oscar por su excelente guión. Ese film fue otra declaración de libertad frente al mundo occidental previo al 11-S, un mundo de falsa seguridad, en el que sólo se nos pide ser buenos ciudadanos y todo lo demás "se nos dará por añadidura" desde el Poder. Finalmente, ahora Niccol ha producido, dirigido y escrito Simone, una cinta que no está a la altura de las precedentes, pero que no por ello carece de interés, ya que las tres películas tienen en común unos planteamientos antropológicos interesantes.

Protagonizada por Al Pacino y Catherine Keener, Simone relata la historia de Viktor Taransky, un cineasta con vocación de autor, que acumula tres fracasos seguidos en taquilla. Además, su relación profesional con los actores es desastrosa. Su productora, que es también su ex-esposa, decide no financiarle ya más aventuras artísticas. Y es entonces cuando aparece un extraño individuo que le lega en herencia un sofisticado programa informático por el que puede crear por ordenador a una bella actriz absolutamente virtual, Simone (Rachel Roberts). Esa actriz virtual es tan hermosa que Taransky la convierte en la protagonista de sus nuevos títulos que, a partir de ese momento obtienen un éxito sin precedentes. Ninguno de los millones de fans de Simone podría imaginar que ella en realidad no existe. Y si algún día Taransky decide prescindir de ella, no le va a ser nada fácil.

Esta historia, con un desenlace en exceso rocambolesco, es vehículo de certeras reflexiones críticas en torno al mundo hollywoodiense y a la cultura del espectáculo en general. El divismo, la egolatría, la superficialidad del éxito, basado en lo más epidérmico de un film, el arte como negocio... son sarcástica e inteligentemente tratados en la película. Pero también plantea otra cuestión inquietante: ¿Llegarán los actores virtuales —muy baratos, dóciles y sin apretadas agendas— a competir con los de carne y hueso? También afronta uno de los temas característicos y recurrentes de Niccol: la relación con una marioneta, hecha a la medida de uno mismo para que nunca te sorprenda, acaba necesariamente cansando y no satisface en absoluto. Solo una persona libre está a la altura de su necesaria dignidad. Por ello Simone, causa del triunfo de Taransky, puede llegar a ser al mismo tiempo la razón de su perdición. Espléndidamente rodada, divertida en muchos momentos, y con una fugaz pero poderosa presencia de la actriz Winona Ryder, Simone es uno de los estrenos más originales de la temporada. Una curiosidad: el título inglés es S1m0ne, por aquello de los unos y ceros del lenguaje cibernético. J.O.

Director: Andrew Niccol. Intérpretes: Al Pacino (Viktor Taransky), Catherine Keener (Elaine Christian), Pruitt Taylor Vince (Max Sayer), Rachel Roberts (Simone), Winona Ryder (Nicola Anders), Evan Rachel Wood (Lainey). País: Estados Unidos. Año: 2002. Producción: Andrew Niccol, Bradley Cramp y Daniel Lupi para Niccol Films. Presentada por: New Line Cnema. Guión: Andrew Niccol. Música: Carter Burwell. B.S.O.: Varése Sarabande. Fotografía: Edward Lachman. Dirección artística: Jan Roelfs. Montaje: Paul Rubell. Estreno en Madrid: 21-VII-02. Distribuidora cine: Aurum. Distribuidora de vídeo: Columbia. Duración: 120 minutos. Género: Drama. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: V S D+.

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