Bloggermania

Críticas de Cine

Mar07232019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Trabajos de amor perdidos

Love’s Labour’s Lost

Dentro de la obra de Shakespeare, Trabajos de amor perdidos es una comedia menor, y ha envejecido mucho. Describe un incidente histórico: la embajada que en 1578 recibió el rey Enrique IV de Navarra en Nevac. Allí, su propia esposa, Margarita de Valois, princesa de Francia, fue a reclamar la Aquitania de parte de su padre, el rey de Francia. En la obra de Shakespeare, el rey de Navarra, ahora de nombre Ferdinand, es célibe, y un real capricho sirve de motor e hilo conductor del disparatado enredo: el rey y sus tres mejores amigos, los nobles Biron, Dumaine y Longaville, se recluyen voluntariamente en aras de la ciencia. Han jurado estudiar, ayunar y despreciar el mundo y sus encantos —incluidas las mujeres— por espacio de tres años. La llegada de la princesa Margarita y sus doncellas pondrá a prueba el solemne voto que acaban de firmar el rey y sus amigos.

Una vez más, Kenneth Branagh emplea una ambientación moderna —en concreto, la Francia de los años 30 de este siglo— para acercar Shakespeare al público actual. La película abre con un noticiario que prepara para la acción: el propósito del rey de Navarra de transformar su corte en una academia. Este informativo, con imágenes y voz de época, aparece dos o tres veces más, y equivale al coro que, en un buen número de las obras del Bardo, explica al respetable lo que ha ocurrido y quienes son los personajes que se incorporan al drama.

El texto ha sido muy recortado, nunca alterado. Una ojeada a la obra original basta para valorar el acierto de los recortes: el desfile de héroes, los pedantes parlamentos de Holofernes y el Moth (Polilla), el criado de don Adriano sobraban en esta puesta en escena. Cambios menores pero significativos y no menos acertados son la transformación de Holofernes en Holofernia, encantadora y vieja maestra; mientras que Don Adriano —probablemente el personaje a quien Shakespeare ridiculiza más en su obra—, aunque no pierde su aire ridículo, cobra un carácter noble y entrañable, reforzado por la espléndida interpretación del británico Timothy Spall.

Por otra parte, el director norirlandés desarrolla la trama como si fuera un musical del Broadway de los años 30. El guión de Shakespeare se enriquece así de temas clásicos de Cole Porter y George Gerswin. Pasado el obligado momento de asombro, la arriesgada apuesta de Branagh, aunque se le pueda poner alguna objeción, funciona bastante bien. En primer lugar, la elección del Broadway clásico confiere a la obra —si falta le hiciera— un arcaizante aire mágico y, a la vez, próximo al tono ligero de la obra original. En cuanto a la utilización de melodías clásicas, en lugar de números originales, Branagh ha señalado que comprobaron que los números originales no funcionaban: "Hacían falta grandes canciones, clásicas, para poder aguantar al lado del texto de Shakespeare".

Se le puede reprochar a Branagh la timidez de los bailes, demasiado comedidos, a la medida de actores no bailarines. Esto hace que la película solo evoque los grandes momentos del musical, y deje al espectador esperando más. Sin embargo, en conjunto, el resultado es muy digno. Los bailes causan una buena impresión, y el actor con más aptirutes para el baile, Adrian Lester, puede lucirse en un brillante número en solitario. Por lo demás, se cumple el objetivo declarado de la película, que no es más que llevar la tensión dramática al punto en que la canción y el baile son la prolongación natural del discurso.

Se le puede reprochar también el deliberado tono teatral que tienen algunas escenas, particularmente las del jardín. Forma parte de lo que podríamos llamar estilo Branagh, a la hora de adaptar el teatro de Shakespeare a la pantalla grande.

Un mudo epílogo, también en forma de noticiario, pone un broche de oro a esta agradable comedia. No es la mejor película de Branagh, pero es una obra muy digna y, probablemente, haya sacado el mayor partido posible a una de las comedias más flojas de Shakespeare. F.G.-D.

Director: Kenneth Branagh. Intérpretes: Kenneth Branagh (Berowne), Richard Briers (Nathaniel), Richard Clifford (Boyet), Carmen Ejogo (Maria), Adrian Lester (Dumaine), Matthew Lillard (Longaville), Natascha McElhone (Rosaline), Emily Mortimer (Katherine), Alicia Silverstone (Princesa), Timothy Spall (Don Armado). País: Estados Unidos-Gran Bretaña. Año: 1999. Producción: David Barron y Kenneth Branagh para The Shakespeare Film Company. Presentada por: Intermedia Films y Pathé Pictures en asociación con The Arts Council of England, Le Studio Canal + y Miramax Films. Argumento: Basado en la obra homónima de William Shakespeare. Guión: Kenneth Branagh. Música: Patrick Doyle. Canciones: George e Ira Gerswin, Desmond Carver, Cole Porter, Irving Berlin, Jerome Kern, Dorothy Fields, Jimmy McHugh, Oscar Hemmerstein II y Otto Harbach. B.S.O.: Sony Classical. Fotografía: Alex Thomson. Dirección artística: Tim Harvey. Montaje: Nell Farrell y Dan Farrell. Estreno en Madrid: 7-IV-00. Distribuidora cine: Filmax. Distribuidora vídeo: Filmax. Duración: 98 minutos. Género: Comedia musical. Temas de cinefórum: Shakespeare. Broadway. Músicos. Monarquía. Amor y pasión. Ciencia. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: S+.

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio, de acuerdo a tus hábitos de navegación.  Entendido   Más información