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Críticas de Cine

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Tiovivo c.1950

Tiovivo c.1950

La Real Academia define el sainete, en una de sus numerosas acepciones, como «una obra teatral frecuentemente cómica, aunque puede tener carácter serio, de ambiente y personajes populares, en uno o más actos, que se representa como función independiente». Y al sainete como técnica oxigenante ha recurrido José Luis Garci en su última película Tiovivo c.1950, con la que rompe un poco su larga estancia en el melodrama estricto, durante la cual ha dirigido una obra maestra Canción de cuna y cuatro películas más que notables: La herida luminosa, El abuelo, You're the One e Historia de un beso. Este giro parcial ha generado finalmente un fresco tragicómico con numerosos elementos de interés, pero más irregular que las últimas producciones de su autor.

Un primer gran desafío de Tiovivo c.1950 era la estructura caleidoscópica de su guión, inspirada según el propio director madrileño-asturiano en novelas como Manhattan Transfer, de John Dos Passos; La región más trasparente, de Carlos Fuentes; La colmena, de Cela¸ o Travesía de Madrid, de Umbral. Así, el dúo Garci-Horacio Valcárcel ha renunciado esta vez a la narración lineal de un argumento y ha optado por la sucesión de retazos de historias, levísimamente hilvanados y que sólo comparten su localización en el abigarrado Madrid de «alrededor de 1950». Como ha señalado el propio Garci, se trata más bien de «un aguafuerte o, mejor, un carpetón de aquellos retratos al minuto que hacían los pintores sin suerte (y algunos hasta sin arte) en las calles de Madrid circa 1950».

De este modo, el espectador goza y sufre con las heridas aún abiertas de la Guerra Civil, con las tertulias de café y los recitales poéticos, siempre bajo la amenaza de la policía y los falangistas radicales; con la compleja fauna humana de las pensiones cutres, escuelas de baile y academias de mecanografía; con los singulares espectáculos toreo de salón incluido de salas de variedades como Florida Park o Pasapoga; con amores añejos, nuevos, imposibles, prohibidos y soñados; con el tedio cotidiano y la locura episódica de los empleados de un Banco del montón; con los esfuerzos de una sofisticada pareja argentina por hacer cine en España; con los filosóficos parlamentos de tres mecánicos con vocación de sénecas; o con las andanzas de una patética beata, que sisa de los cepillos de su iglesia y esconde junto a su loro un tesoro de leyenda urbana. En fin, un verdadero tiovivo sobre la postguerra española, en el que domina el color gris, y en el que la crueldad y la ternura, lo trágico y lo festivo, lo canalla y lo santo, lo hiperreal y lo surreal se dan la mano en cada rincón.

Como es lógico, no todas esas piezas tienen la misma intensidad narrativa y emocional, de modo que la película discurre con un ritmo sincopado, más irregular de los que es habitual en el cine de Garci. Esto se agrava además por un montaje demasiado premioso y autocomplaciente a cargo del propio Garci, que debilita la progresión dramática de varias escenas, sobre todo de las más sainetescas, que habrían mejorado sustancialmente con una exposición más ágil y concisa.

De todas formas, la película se ve con gusto, pues ofrece en primer lugar una detallista planificación en panavisión, reforzada por la magistral ambientación de Gil Parrondo y Julián Mateos que han elaborado 24 decorados antológicos, la jugosa partitura de Pablo Cervantes y la bellísima fotografía de Raúl Pérez Cubero. Además, su reparto de lujo compuesto por 70 grandes actores de todas las épocas da casi siempre la talla. En este sentido, además de las aportaciones siempre estimulantes de veteranos como Alfredo Landa, Fernando Fernán Gómez, María Asquerino, Manuel Galiana, Tina Sainz, Agustín González o Carlos Larrañaga, destacan las sólidas interpretaciones de Antonio Dechent, Fernando Guillén Cuervo, Elsa Pataky, Enrique Villén, Miguel Ángel Solá y Andrea Tenuda la esposa de Garci y sobre todo las sorprendentes recuperaciones de Andrés Pajares y Aurora Bautista, el primero eficazmente contenido y la segunda brillantísima en la piel de la vieja beata ladrona, sin duda el personaje más esperpéntico de toda la película. En este capítulo interpretativo, lo peor es la breve intervención de Beatriz Rico, cuyo grosero destape final rompe el tono elegante de la película.

Eso del tono merece un análisis más exhaustivo, pues en él se asientan los principales desequilibrios del filme y sus pasajes más discutibles. Nostálgico y cinéfilo como siempre, Garci ha querido rendir homenaje en su película a casi todos los grandes cineastas españoles y estadounidenses de los años cincuenta. Y, así, se adivinan en su película aromas de Capra, McCarey, Sturges y Sirk, asentados sobre un abigarrado revoltijo delimitado por tres coordenadas muy diversas: el costumbrismo amable de cineastas como José Luis Sáenz de Heredia (Historias de la radio), José María Forqué (Atraco a las tres) o Fernando Palacios (La gran familia); la afilada crítica social de autores como José Antonio Nieves Conde (Surcos), Juan Antonio Bardem (Calle mayor), Edgar Neville (Domingo de carnaval) o Manuel Mur Oti (Cielo negro); y el cinismo pesimista y a menudo grotesco de los guiones de Rafael Azcona para Luis García Berlanga (Plácido, El verdugo) o Marco Ferreri (El pisito, El cochecito).

De este totum revolutum surgen secuencias poderosas, como el dramático diálogo entre el reventa y la taquillera de cine maltratada, el arresto en el bar de un joven antifranquista o el vibrante duelo contable en el Banco Occidental de Crédito y Ahorro, con la posterior suplantación del director por el bedel. Pero también se generan en él escenas insulsas o acartonadas, como las citadas de Beatriz Rico o el baile al son de Cheek to Cheek, de Irving Berlin, que no alcanza la emotividad que Garci pretende. Estos contrastes afectan también a la visión que da la película de la postguerra española, a veces demasiado sombría sobre todo respecto a la infidelidad conyugal, la hipocresía moral y la homosexualidad reprimida y ciertamente parcial en lo referente al catolicismo. En este punto, Garci y Horacio Valcárcel obvian la vitalidad religiosa que se vivió en esa época sólo apuntada en varias referencias amables pero folklóricas a la piedad popular, y mantienen la atormentada perspectiva unamuniana del cristianismo y especialmente de los sacerdotes que ya mostraron en El abuelo y You're the One. De todas formas, la subtrama del cura amancebado con una joven taquillera del Metro culmina con una rectificación vigorosa, que incluye un bello homenaje a Siguiendo mi camino, de Leo McCarey uno de los más luminosos retratos fílmicos de la labor sacerdotal y enmarca las posteriores relaciones lésbicas de la chica en un contexto traumático.

En fin, como se ve esta nueva nostalgia de Garci generará juicios encontrados, quizá más que otras veces por su estructura poliédrica y sus variaciones de tono. En todo caso, mantiene un alto nivel artístico, interpretativo y antropológico, mucho más humano y llevadero que el resultante de las manipuladoras visiones del hombre que ofrecen Almodóvar y Amenábar en La mala educación y Mar adentro. J.J.M.

Director: José Luis Garci. Intérpretes: María Adánez, Francisco Algora, Manuel Andrés, Ángel de Andrés López, María Asquerino, Aurora Bautista, Frank Braña, Juan Calot, José Caride, Roberto Catarineu, Antonio Dechent, Fernando Delgado, Ana Fernández, Fernando Fernán-Gómez, María Elena Flores, Manuel Galiana, Julio Gavilanes, Eduardo Gómez, Ricardo Gómez, Concha Gómez Conde, Agustín González, Fernando Guillén Cuervo, Carlos Hipólito, Javivi, María Kosty, Alfredo Landa, Ramón Langa, Carlos Larrañaga, Ramón Lillo, Francis Lorenzo, Mabel Lozano, Manuel Lozano, Carlos March, Luisa Martín, Francisco Merino, Iñaki Miramón, Mario Morales, Pilar Ordóñez, Blanca Oteiza, Andrés Pajares, Valentín Paredes, Elsa Pataky, Rafael de Penagos, Sergio Peris-Mencheta, José María Pou, Santiago Ramos, Miguel Rellán, Beatriz Rico, Jorge Roelas, Rafael Romero, Marchent, Enrique Rueda, Mapi Sagaseta, Tina Sainz, Miguel Ángel Solá, Manuel Tejada, Andrea Tenuda, Juan Jesús Valverde, Luis Varela, Enrique Villén, Manuel Zarzo. País: España. Año: 2004. Producción: José Luis Garci para Nickel Odeon Dos, Enrique Cerezo P.C. y PC 29, con la participación de TVE, Canal + y Telemadrid. Guión: José Luis Garci y Horacio Valcárcel. Música: Pablo Cervantes Fotografía: Manuel Pérez Cubero. Dirección de producción: Juan Carmona y Salvador Gómez Cuenca Decorados: Gil Parrondo. Ambientación: Julián Mateos. Vestuario: Lourdes de Orduña. Montaje: José Luis Garci. Estreno en Madrid: 01-X-04. Distribuidora cine: Columbia Tristar. Distribuidora en vídeo y DVD: Columbia Tristar. Duración: 150 minutos. Género: Tragicomedia. Público adecuado: Jóvenes-adultos. Contenidos especiales: X- D

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