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Críticas de Cine

Mié10232019

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Una historia verdadera

The Straight Story

Bastantes directores de cine —y otros creadores— sostienen que posee mayor potencialidad artística la maldad que la bondad, la sordidez que la normalidad, lo extraordinario que lo cotidiano, la complejidad que la sencillez, el vértigo que la calma, el ruido que el silencio, la sombra que la luz. Por su trayectoria fílmica, David Lynch (Cabeza borradora, El hombre elefante, Terciopelo azul, Corazón salvaje, Twin Peaks, Carretera perdida) parecía uno de los principales abanderados de esa tesis. Sin embargo, en Una historia verdadera da un inesperado giro radical, y logra quizá su mejor película a través de una historia tan cotidiana, tan sencilla y tan plagada de bondad que hace honor al adjetivo verdadera de su título. Por otra parte, su apabullante serenidad —"Es increíble todo lo que puedes ver mientras esperas", dice el protagonista— no deja de ser bastante trasgresora en una época dominada por la celeridad alocada y la irreflexión.

La trama es real y, por sus valores humanos, bien podría haber sido publicada en el Reader’s Digest, aunque en realidad fue The New York Times quien la dio a conocer en 1994. Su protagonista es Alvin Straight, un silencioso agricultor al que "mirar las estrellas le ayuda a pensar" y cuyos 74 años le han enseñado a "separar el grano de la paja y a dejar que las pequeñeces se las lleve el viento". Vive en Iowa con su hija Rose, una mujer madura y cariñosa que, detrás de su tartamudez y de su apariencia fronteriza, oculta un doloroso pasado: hace años, las autoridades le retiraron la custodia de sus hijos, después de que alguno de ellos resultara herido en un incendio doméstico.

Un día, Alvin recibe la noticia de que ha sufrido un infarto grave su hermano Lyle, con el que no se habla desde hace diez años. "Ira, vanidad y alcohol. Una historia tan vieja como la Biblia. Caín y Abel", reconoce Alvin compungido. Decide reconciliarse antes de que muera alguno de los dos. Como ya no le permiten tener carnet de conducir, Alvin cubrirá a lomos de su pequeño cortacésped, a razón de 10 Km/hora, los 560 kilómetros que le separan del pueblo de Wisconsin donde vive su hermano. A lo largo de su arduo periplo podrá hacer partícipes de su capacidad de comprensión y de su creciente paz interior a todo tipo de personas: una adolescente embarazada que ha huido del hogar paterno, una mujer traumada porque ha atropellado a 13 ciervos en una semana, una familia de granjeros que le ayudan a reparar su costacésped, un sacerdote católico que bendice su esfuerzo poco antes de culminarlo...

El excelente guión de John Roach y Mary Sweeney recrea la odisea de Alvin con una sensibilidad pasmosa, desvelando su rica personalidad en cada mojón de su viaje redentor. Durante el mismo, el anciano, además de tragarse poco a poco su orgullo, descubre que la auténtica rebeldía, la verdadera juventud y lo único que vale la pena es amar a los demás con todas las consecuencias. Particular interés tienen las reflexiones que plantea el guión en torno al cariño entre hermanos —"Nadie conoce mejor tu vida que tu hermano", admite el protagonista—, y en general en torno a la familia. "Dale a un niño una ramita y le será fácil partirla —dice Alvin a la chica embarazada, temerosa de la reacción de sus padres—. Dale luego unas cuantas ramitas unidas, y no podrá partirlas. Así es la familia".

Lynch da vida a todo esto a través de una portentosa dirección de actores, cuyos rostros llenan de magia una puesta en escena serenísima, decididamente contemplativa, y plagada de sutiles hallazgos visuales, siempre plenos de poesía y de sentido dramático. En este sentido, y a pesar de su radical cambio de tono, se aprecia a menudo la vigorosa capacidad visual de Lynch, sello habitual de su estilo. Así, por ejemplo, en el intrigante arranque, desarrollado con cámara subjetiva y un sugestivo empleo del fuera de campo, la aparente insustancialidad de los encuadres se fractura dramáticamente por un seco golpe de sonido en off. Similar efecto consigue la frenética irrupción de la traumada asesina de ciervos, que además aporta destellos casi surrealistas, como la mujer glotona o los mecánicos gemelos. También impresionan los hipnóticos movimientos de cámara en torno a las infinitas líneas discontinuas de la carretera; la magistral utilización de la elipsis en toda la escena entre Alvin y la chica embarazada; el patetismo de la hija mirando a través de la ventana a un niño que juega con una pelota, o el vigoroso simbolismo la escena en que el anciano se lanza sin frenos por una cuesta, con una casa incendiándose a la derecha y un grupo de epatados espectadores a la izquierda...

Al mismo altísimo nivel, la matizada fotografía del maestro Freddie Francis y la preciosa partitura de Angelo Badalamenti redondean este esperanzado elogio de la bondad, magistral western con formato de road-movie, en el que Lynch muestra la arrebatadora mirada de los grandes buscadores del cine, de Dreyer a Kurosawa, pasando por Mizoguchi o John Ford. Como ya ha señalado algún crítico, esta película confirma la verdad de aquella idea de Borges: "Un gran poeta es menos un inventor que un iluminador". Y esta vez Lynch ha logrado mucha luz. J.J.M.

Director: David Lynch. Intérpretes: Richard Farnsworth (Alvin Straight), Sissy Spacek (Rose Straight), Jack Walsh (Apple), Harry Dean Stanton (Lyle), Jane Galloway Heitz (Dorothy), Joseph A. Carpenter (Bud), Donald Wiegert (Sig). País: Estados Unidos. Año: 1999. Producción: Alain Sarde, Mary Sweeney y Neal Edestein para Les Films Alain Sarde, Picture Factory y Le Studio Canal +. Presentada por: Alain Sarde. Argumento: Basado en la historia real de Alvin Straight, relatada en 1994 en un reportaje de The New York Times. Guión: John Roach y Mary Sweeney. Música: Angelo Badalamenti. B.S.O.: BMG. Fotografía: Freddie Francis. Dirección artística: Jack Fisk. Montaje: Mary Sweeney. Estreno en Madrid: 18-II-00. Distribuidora cine: Vértigo Films. Distribuidora vídeo: Manga Films. Duración: 111 minutos. Género: Drama. Temas de cinefórum: Fraternidad. Sentido de la vida. Vejez. Paciencia. Ralaciones padres-hijos. Arrepentimiento. Perdón. Premios principales: Premios 1999 del New York Film Critics Circle al mejor actor (Richard Farnsworth) y a la mejor fotografía. Candidaturas a los Globos de Oro 1999 al mejor actor dramático (Richard Farnsworth) y a la mejor música original. Candidatura al Oscar 1999 al mejor actor (Richard Farnsworth). Premio Cinco Continentes en los Premios del Cine Europeo 1999. Premios 2000 del semanario Alfa y Omega a la mejor película extranjera, guión original, actor (Richard Farnsworth) y valores morales y religiosos. Premio 2000 del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) a la mejor película extranjera. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: —.

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