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Críticas de Cine

Vie06222018

Last updateVie, 22 Jun 2018 2am

Vidas cruzadas

Short Cuts

La viuda de Raymond Carver sabrá lo que ha hecho al dar permiso a Robert Altman para que utilizara sus relatos; ha sido como decirle: "Machaque usted cuanto pueda". Raymond Carver ha sido una excusa; ha tomado Altman los nueve relatos originales como si fueran retales y ha hecho un solo vestido para su monstruo personal: "Nos hemos tomado algunas libertades con la obra de Carver –dice Altman diplomático–: los personajes han pasado de un cuento a otro; están relacionados entre sí por diversos lazos" (fumigación, peces, jazz y un terremoto); "puede que los nombres hayan cambiado. Y, a pesar de que algunos puristas e incondicionales del escritor puedan sentirse defraudados..." (De su prólogo a la última edición del libro). Altman ha tomado sólo algo de las anécdotas exteriores, como las cáscaras de cítricos exprimidos, y en su batidora le ha salido una pasta espesa, de buen olor y hermoso color, sí, pero amarga e indigesta, sin vitaminas.

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Vania en la calle 42

Vanya on 42nd Street

La magistral obra de teatro del ruso Anton Chejov Tío Vania nació en l895, y hoy reaparece con el vigor de lo nuevo y permanente, privativo de lo clásico. El guionista David Mamet la ha leído como un clásico y traducido como tal, liberándola de localismos y de inevitables presencias del XIX. El director teatral, André Gregory, formado junto al polaco Grotowski, llevó a escena en un teatro abandonado de la Calle 42 neoyorkina esta experiencia teatral sin vestuario ni decorados, en la pura desnudez de la palabra intemporal, con unos actores que no actúan, viven; los espectadores, a propósito siempre muy pocos, son situados junto a los personajes, en su casa. El recientemente fallecido director francés Louis Malle, espectador invitado a esta minoritaria experiencia, iniciada en 1991, fascinado por ese Vania tan actual y veraz, lo filma con una rara maestría, acorde hasta la perfecta unidad con Chejov, Gregory, sus actores y todo su equipo.

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23

23

Hannover, a finales de los años 80. Tras quedarse huérfano, Karl Koch, un inseguro e introvertido joven de 18 años, gasta toda la herencia en la compra de un apartamento y de un potente ordenador. A través de él, edita una serie de boletines en los que desarrolla una compleja teoría de conspiraciones políticas, inspirada en su novela favorita: Illuminatus, del norteamericano Robert Anton Wilson. En esta obra se describe una sociedad secreta, fundada por francmasones en el siglo XVIII y defensora de una singular teoría del caos según la cual el número 23 ha jugado siempre un papel premonitorio en diversos hechos decisivos en la historia de la Humanidad. Durante una visita de Wilson a Hannover, Karl se hace amigo de David, un joven parecido a él, que le introduce en la piratería informática y en las drogas. Los dos hackers comienzan a infiltrarse en las bases de datos militares y gubernativas de diversos países occidentales. Y, por influencia de un tercer hacker, Pepe, ponen en marcha un plan de "justa distribución del conocimiento" que les lleva a enviar a la KGB toda la información que han conseguido sobre la industria nuclear occidental. Mientras tanto, en Estocolmo, el político Olof Palme es asesinado a las 23 horas, 23 minutos.

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Venganza ciega

Out for a Kill 

La mafia china llega a Europa del Este. Wong Dai controla su nuevo imperio desde París. Tommy Ling y Ed Gray, son agentes del departamento para la lucha contra la droga (D.E.A.) de Estados Unidos. Robert Burns (Steven Seagal) es un arqueólogo, que hace un descubrimiento inquietante en una excavación en la frontera de China y se verá implicado en esta aventura sin quererlo: al intentar eliminarlo asesinan a su mujer y despiertan su deseo de venganza.

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Vodka Lemon

Vodka Lemon 

Nacido en el sur del Kurdistán iraquí en 1964, Hiner Saleem huyó de su país a principios de los años 90, perseguido por los sicarios de Saddam Hussein, que por entonces acosaban cruelmente a su pueblo. Desde entonces vive en París como refugiado político. Allí logró financiación para sus tres primeras películas —Vive la mariée... et la libération de Kurdistan, Passeurs de rêves, Absolitude— y desde allí artículó la coproducción Vodka Lemon, interesante tragicomedia con la que ganó el Premio San Marco a la mejor película de la sección Contracorriente en el Festival de Venecia 2003.

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