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Críticas de Cine

Lun07222019

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Vuelvo a casa

Je rentre à la maison / Vou para casa

El portugués Manoel de Oliveira tiene 92 años. Va a película por año —lleva 33—, y este mes empieza a rodar la siguiente, que irá sobre el principio de incertidumbre. En Vuelvo a casa, un veterano y prestigioso actor se enfrenta al dolor y a la pérdida con las armas que mejor conoce, las del arte dramático, que no sólo emplea en los escenarios, sino también en las aceras, las zapaterías y los bares.

Hay en esta película, rodada en París, un discurso, una partida de ajedrez, un estado de cuentas, una reivindicación de la dignidad. Es tantas cosas esta bellísima película, que un espectador poco reflexivo podría pensar que es pesimista, cuando en realidad es una declaración apasionada de amor por la vida, un mapa ético para poder seguir buscando la ruta homérica de regreso a Ítaca, en un mundo aturdido por las explosiones. Por eso, durante el Festival de Venecia le fue entregado a Oliveira el Premio Robert Bresson, auspiciado por el Pontificio Consejo de Comunicaciones Sociales; un galardón que destaca las obras cinematográficas que constituyen un testimonio significativo de la búsqueda del sentido espiritual de la vida,.

Oliveira ama París, ama el teatro, ama a los buenos actores (por eso le regala a John Malkovich dos secuencias que serían la envidia de cualquiera que quiera pasar a las enciclopedias), ama lo trascendente, ama la cultura, ama su trabajo. Pocas veces en el cine se ha afrontado con más valentía la tesis de Oscar Wilde —la vida imita al arte—, que Oliveira despliega en tres actos a cada cual más apasionante; El Rey se muere, de Ionesco, al ritmo de las obras teatrales que representa el protagonista: La Tempestad, de Shakespeare, y Ulises, de Joyce.

Lo que le va ocurriendo a Michel Piccoli (portentosa actuación) es cotidiano, cotidianamente reiterativo, nunca aburrido. Y Oliveira lo cuenta con inteligencia narrativa (el paseo en taxi es una muestra), con delicadeza pausada y rutinaria, con un sentido moral tan sugerente que hace que las imágenes dibujen una sonrisa de esperanza y amor por la vida que te dura varios días y te deja unas ganas tremendas de volver a ver a Piccoli, de espaldas, cercanamente íntimo, en su sollitudine, mirando en la penumbra la foto familiar saqueada por la muerte, antes de abrir las cortinas de su cuarto para vivir un nuevo día. A.F.

Director: Manoel de Oliveira. Intérpretes: Michel Piccoli (Gilbert Valence), Antoine Chappey (Georges), John Malkovich (el realizador), Catherine Deneuve (la margarita), Leonor Baldaque (Miranda/Silvia), Leonor Silveira (María). País: Francia-Portugal. Año: 2001. Producción: Paulo Branco para Gemini Films, France 2 Cinema, Madragoa Films. Presentada por: Paulo Branco. Guión: Manoel de Oliveira. Fotografía: Sabine Lanceline. Montaje: Valerie Loiseleux. Estreno en Madrid: 28-IX-01. Distribuidora cine: Aire Films. Duración: 90 minutos. Género: Drama. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: D.

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