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Críticas de Cine

Lun07222019

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El gigante de hierro

The Iron Giant

Normalmente, las películas de animación dirigidas al público infantil tienen un solo mensaje. Por ello, es más que grato encontrar un producto como El gigante de hierro sobre el que se pueden realizar varias lecturas. Basado en un relato que el poeta británico Ted Hughes escribió para consolar a sus dos hijos de la muerte de su madre, narra la amistad entre dos seres solitarios: un niño y un robot llegado de otra galaxia, todo ello enmarcado en la Norteamérica de finales de los años cincuenta, inmersa en plena Guerra Fría y en la carrera espacial.

La grandeza de esta película consiste en que mezcla varios elementos. Por un lado, como afirma su director, Brad Bird, respeta perfectamente el mensaje principal del libro de Hughes que intentaba «instruir a los niños sobre el ciclo de la vida que, incluso a pesar de la muerte, tiene su continuidad». Pero la versión cinematográfica, que ha cambiado el escenario, también se ha enriquecido al trasladar la acción a una pequeña población rural de los EEUU, para contrastar una gran creación tecnológica con las tierras de labranza, un objeto de metal grande y pesado frente a un paisaje con cierta inocencia natural, ideal para mostrar el miedo a lo desconocido, a lo que viene de fuera.

Pero que los árboles no oculten el bosque, porque lo que realmente es digno de alabanza es la explicación que en el film se realiza sobre la trascendencia del alma humana que se resuelve, de manera admirable y sencilla, en un diálogo en el que el niño, como maestro, y el robot, como alumno, el primero le explica al segundo que el alma es lo que permanece, lo que vive cuando la materia muere. Magnífico resulta, también, el tratamiento que se ofrece sobre la libertad del hombre para optar por el bien o el mal. En un momento dado, el niño, aun desconociendo la verdadera naturaleza del gigante, que ha sido concebido como un arma mortífera, le dice: «tú puedes elegir». Y esa frase, magistral en su simplicidad, será la decisiva para que, en el momento cumbre de la película, el gigante elija cambiar su sino, utilizar su poder en aras del bien de la comunidad, es decir, sacrificarse y, de esta forma, salvar a toda la población del pueblecito donde vive su amigo.

En resumen, El gigante de hierro es una lección teológica en película de animación en la que «una pistola con alma» logra transmitir en unas secuencias lo esencial de las creencias más firmes. Una obra maestra. J.M.S.

Director: Brad Bird. Dibujos animados. País: Estados Unidos. Año: 1999. Producción: Time Warner Entertainment Company. Distribución: Warner. Guión: Tim McCanlies. Fotografía: Mark Dinicola. Música: Michael Kamen. Fecha de estreno en España: 17.XII.99. Duración: 86 minutos. Género: Fantástico. Público apropiado: Todos. Contenidos específicos: –.

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