Bloggermania

Críticas de Cine

Lun10212019

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

El camino más corto

Zugvögel... einmal nach Inari

Despreciadas por infantiles por la más oscura intelectualidad postmoderna, la inocencia, la sencillez y la esperanza fueron las piedras de toque de grandes maestros del cine, como Chaplin, Keaton, Renoir, Capra o John Ford. Últimamente, sus sendas son recorridas a menudo por los mejores cineastas chinos e iraníes —como Zhang Yimou y Abbas Kiarostami—, seducen a veces a directores tan complejos como David Lynch —véase Una historia verdadera— y son los caminos habituales del singular cineasta finlandés Aki Kaurismäki, autor de obras maestras como Nubes pasajeras o El hombre sin pasado. En 1998, Kaurismäki generó un brillante reflejo: El camino más corto, debut en la gran pantalla del geógrafo alemán Peter Lichtefeld, autor hasta ese momento de varios cortos y documentales. Con esta genial rail—road movie, Lichtefeld logró el reconocimiento de la crítica, así como los premios del cine alemán a la mejor fotografía y al mejor actor de reparto (Peter Lohmeyer). Además, anticipó el resurgir del lánguido cine alemán, más tarde confirmado por el éxito de películas como Corre, Lola, corre, de Tom Tykwer, Deliciosa Martha, de Sandra Nettelbeck, o En un lugar de África, de Caroline Link.

El protagonista de El camino más corto es Hannes Weber, un ingenuo y solitario repartidor de cerveza de Dortmund, experto en horarios de trenes de todo el mundo. Su gran ilusión es ganar el primer Concurso Internacional de Horarios de Trenes, que se va a celebrar en el perdido pueblo de Inari, el punto más extremo de Finlandia, 300 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. Pero justo antes de partir, Hannes se enreda en un hecho lamentable, que le convierte en el principal sospechoso de un asesinato. Perseguido sin saberlo por un concienzudo comisario alemán, Hannes descubre durante su viaje en tren los complejos perfiles del amor y la amistad como camino hacia la auténtica felicidad.

Este cóctel de bondad, explosivo en su alegato contra el individualismo egoísta, se sostiene gracias al sugerente tono de cuento moral que le imprime Peter Lichtefeld. Ese tono llena la película de personajes entrañables, mimados por el guión —divertido y profundo a la vez— y maravillosamente interpretados por un elenco de actores alemanes y finlandeses, que convierten la economía gestual y hasta la estolidez en sus mejores armas para contagiar emociones reales. Esa sobriedad —sólo rota por un breve apunte homosexual sin un significado claro— caracteriza también a la minimalista puesta en escena, eficacísima en sus golpes visuales de humor y magistral en su aprovechamiento lírico y dramático de los bellos parajes finlandeses. Queda así una joyita del mejor cine europeo, de visión obligatoria para cualquier buen aficionado. J.J.M.

Director: Peter Lichtefeld. Intérpretes: Joachim Król (Hannes), Outi Mäenpää (Sirpa), Peter Lohmeyer (Comisario Franck), Peter Francke (Karl-Heitz), Oliver Marlo (Lako). País: Alemania-Finlandia. Año: 1998. Producción: Jörn Rettig para Bosko Biati Film, Prokino Filmproduktion, WDR y Kinotouotanto. Guión: Peter Lichtefeld. Música: Christian Steyer. Fotografía: Frank Griebe. Montaje: Bernd Euscher. Estreno en Madrid: 22-VIII-03. Género: Tragicomedia. Distribuidora cine: Civite Films. Duración: 87 minutos. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: —.

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio, de acuerdo a tus hábitos de navegación.  Entendido   Más información