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Críticas de Cine

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Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

Gente de Sunset Boulevard

Mistress... Everybody Has One

Es inevitable comparar esta primera película como director del actor Barry Primus con El juego de Hollywood, de Robert Altman. Ambos films, a través de una soberbia galería de personajes, escudriñan sin piedad la Meca del cine. Pero así como la mirada de Altman no salva el escollo del cinismo, la de Primus se enriquece con el humanismo que toma prestado de Jean Renoir.

La película comienza precisamente con una secuencia de La gran ilusión –la obra emblemática del cineasta francés–, que el protagonista contempla extasiado. Se trata de Marvin (Robert Wuhl), un prometedor director y guionista venido a menos, que sobrevive filmando mediocres vídeos. Es un artista –o así lo cree–, cuyo complejo mundo interior le ha ido alejando de su mujer. Un veterano productor (Martin Landau), tan venido a menos como Marvin, rescata un viejo guión de éste y le propone rodarlo e incluso dirigirlo. El chirriante engranaje de Hollywood se pondrá en marcha.

El paródico título original hace referencia a los líos de faldas de los personajes que representan a la corrupta industria del cine: un joven y ambicioso guionista (Juce Alexander) y tres inversores bastante desquiciados (Eli Wallach, Danny Aiello y Robert De Niro). Su principal interés es dar un papel importante en la futura película a sus respectivas novias y amantes. Frente a ellos, el pobre Marvin luchará hasta la autodestrucción por mantener íntegro su guión original.

Gente de Sunset Boulevard es sobre todo una película de historia y personajes, que supedita la acción al choque de dramas personales. De ahí que haya mucho diálogo, mucho plano introspectivo, mucha insistencia en mostrar los efectos de la preparación de una película en las personas que la sufren. Esto puede resultar un tanto arduo para el gran público. Pero al buen aficionado le parecerá un manjar jugoso entre tanta oferta insípida.

El guión de Jonathan Lawton y el propio Primus es espléndido: diálogos chispeantes, motivaciones bien desarrolladas, buenas subtramas, guiños sugestivos... Y también lo son todas y cada una de las interpretaciones. Por su parte, Primus consigue una magnífica puesta en escena, que sabe captar los gestos claves, las miradas precisas, la luz adecuada, siempre bien elegida por el director de fotografía Sven Kirsten.

El humor mordaz de la película sirve más para acentuar el patetismo de los personajes que para aliviarlo. El tono de la historia es bastante inmoral, tanto en los diálogos como en algunas breves secuencias de contenido sexual. Pero no se plantean como concesiones a la galería; su enfoque desgarrado intenta tener humanidad. Quiere ser una protesta sentida contra el declive moral de unos seres humanos que navegan sin rumbo por los mares más turbios de esa supuesta fábrica de sueños que es Hollywood; sueños que esconden con frecuencia horribles pesadillas. Seguro que hay mares más luminosos y menos sórdidos que el elegido por Primus. Pero no está mal que de vez en cuando se muestre al espectador actual los sucios intereses que manejan muchas veces ese cine burdo y vacío que se bebe como si fuera un vaso de agua.— J.J.M.

Director: Barry Primus. Intérpretes: Robert Wuhl, Martin Landau, Robert De Niro, Danny Aiello, Elli Wallach. Producción: Meir Teper y Robert De Niro, para J&M Entertainment y Tribeca Productions. País: USA. Año: 1992. Argumento: Barry Primus. Guión: Barry Primus y J.F. Lawton. Música: Galt McDermot. Fotografía: Sven Kirsten. Dirección artística: Phil Peters. Montaje: Steven Weisberg. Estreno en Madrid: 8-IX-93. Distribuidora cine: Lauren. Duración: 100 minutos. Género: Drama. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: X | D+.

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