Bloggermania

Críticas de Cine

Vie07102020

Last updateLun, 24 Jun 2019 2am

You’re the One (Una historia de entonces)

You’re the One (Una historia de entonces)

En You’re the One, el cineasta español José Luis Garci confirma que sigue inmerso en el "ataque de melodrama" —como él lo define— que le llevó a rodar las magníficas adaptaciones de las obras teatrales Canción de cuna, La herida luminosa y El abuelo. A los grandes riesgos ya asumidos en esa trilogía, añade aquí el de partir de un guión original con fuertes tintes nostálgicos, y el de rodar íntegramente en blanco y negro. El resultado es fascinante, aunque más complejo, de forma y de fondo, que sus últimos trabajos.

Con la dura postguerra española —1947— como telón de fondo, y con un pasaje de la canción Night and Day, de Cole Porter, como excusa narrativa, Garci sigue esta vez los pasos de Julia (Lydia Bosch). Educada en Suiza e Inglaterra, Licenciada en Filosofia y Letras, y comprometida con la izquierda, es una bella mujer madura, que "huele a vainilla", de buena familia, culta, independiente, buena conductora de un flamante Bentley, fumadora empedernida y con "un muerto pegado al alma". Este muerto es su novio, escritor como ella, que ha muerto hace poco, a causa de una enfermedad pulmonar, en la cárcel donde cumplía condena por oponerse al régimen franquista. Para intentar aligerar su depresión, Julia pasará varios meses en la casa solariega —Llendelabarca— que su familia tiene en Cerralbos del Sella, un pequeño pueblo asturiano.

Allí, a golpe de encuentros, Julia vivirá un intenso road-movie interior, desde las tierras de penumbra de la depresión hasta los primeros confines de la esperanza. En su periplo, recuperará su amistad de infancia con las criadas, Tía Gala (Julia Gutiérrez Caba) y su nuera Pilara (Ana Fernández), dos mujeres sencillas pero llenas de sabiduría natural, angustiadas en silencio por el joven hijo y marido, respectivamente, que sigue pegando tiros en el monte con el maquis. Al hijo de Pilara, Juanito (Manuel Lozano), un niño listo y divertido, que ejerce de monaguillo y anda fascinado por las maravillosas películas que proyectan en el bar del pueblo —Rebeca, de Hitchcock, Gunga Din, de George Stevens, Tú y yo, de McCarey...—, Julia le descubrirá la belleza de la ópera y también el amargo sabor del primer amor imposible. Este regusto lo paladea también Don Orfeo (Iñaki Miramón), el encantador maestrillo del pueblo, para el que "la educación tiene más fuerza que la bomba H", y cuya obsesión es ensanchar el espíritu de sus jóvenes alumnos mientras les hace leer Corazón, de Edmundo D’Amicis. Por eso, Don Orfeo disfrutará más que nadie cuando logre montar con Julia una bella obra navideña de teatro infantil. Esto les llevará a ambos, que se definen como agnósticos, a varios rifirrafes jugosos y a un acuerdo singular con Don Matías (Juan Diego), un severo y desdichado sacerdote que atraviesa una fuerte crisis de fe. Después de estos enriquecedores encuentros humanos, Julia comprenderá tres verdades importantes: que "no hay aspirinas ni inyecciones que alivien los dolores del alma", que "lo único que puede alterar el pasado es el perdón auténtico" y que "el amor siempre exige más amor".

Como se deduce de esta sinopsis, Garci ha vuelto a rodar "con la cámara a la altura del corazón", aplicando a rajatabla una de las señas de identidad de su estilo: "Estoy más cerca del corazón que de la cabeza —ha señalado—, porque pienso que es el corazón el que mueve a la cabeza". Así que su constante apelación a los sentimientos irritará sin duda a los espectadores poco dados a las efusiones emotivas. Quizá también irrite a más de uno su análisis sociopolítico de la postguerra española. Pero nadie podrá negar el palpable esfuerzo de Garci por humanizar a todos los personajes, y conseguir así una película sin odios ni tópicos manidos. De hecho, solo bordea la sátira esperpéntica en su retrato atormentado y algo estridente de Don Matías, ese sacerdote perplejo, que ahoga en alcohol la autodestructiva congoja que le producen sus dudas de fe. Pero no cae en la caricatura burda, aunque los afilados trazos de su dibujo pueden ser el tercer motivo argumental de irritación de algunos espectadores, sobre todo de aquellos que habían sintonizado con el bello acercamiento a la religión católica que Garci había desarrollado en sus anteriores películas.

En efecto, en este aspecto concreto, el director madrileño cambia de registro. Si en Canción de cuna, Garci afrontó el catolicismo desde la perspectiva de la religiosidad popular y de la tradición mística española, y en La herida luminosa indagó en el sentido radical de la caridad cristiana, en You’re the One —como ya empezó a esbozar en El abuelo—, adopta un punto de vista desgarrado, más cercano al de escritores como Baroja, Unamuno, Graham Greene, Bernanos, o al de cineastas Buñuel, Dreyer o Bergman. De ahí que presente a Don Matías como un sacerdote ilustrado que no se aclara con eso de las dos Españas —la de los ganadores y la de los perdedores de la guerra civil—, que no sabe integrar con naturalidad la obediencia y la libertad, que mira con irracional prevención los avances sociales y los atrevimientos de ciertas películas, que no entiende por qué le gustan los cuadros de un ateo declarado, como Picasso, y que acaba desalentando la posible vocación al sacerdocio de Juanito, el niño cinéfilo. Ciertamente, con estos rasgos, ese doliente personaje parece más propio de los años 60 ó 70, que de los años 40. Pero también es verdad que su patética tragedia refleja con sangrante nitidez esa deformada visión del cristianismo que provocó en algunos —quizá también en Garci— cierta formación religiosa exageradamente puritana, quizá porque se fundaba más en el apartamiento del mundo propio de los religiosos que en la espiritualidad específicamente laical, cuya revolucionaria idea de la santificación en el mundo no fue desarrollada ni asumida plenamente hasta el Concilio Vaticano II. En cualquier caso, Garci oxigena los excesos de Don Matías subrayando su sincero afán por acercar a Dios a Julia y al maestro, y mostrando como contrapunto la caritativa compasión del alcalde y el guardia civil —que tapan con elegancia las desnudeces morales del sacerdote—, y la bonita piedad infantil que emana de la función teatral navideña.

La resolución formal de la película seguramente admita menos discusión, pues Garci ofrece una soberbia puesta en escena, con una planificación, una iluminación, un montaje, una ambientación y un apoyo musical siempre tan sustanciales como las vigorosas irrupciones de la palabra. De todos modos, alguno quizá se desconcierte también con la aparente levedad argumental de la película, en la que parece que las poderosas subtramas (las ramas) están en pie de igualdad e incluso de superioridad respecto a la trama central (el tronco). Y es que, a pesar de sus explícitos homenajes al cine clásico norteamericano, Garci ha sometido al guión y a la puesta en escena a una radical depuración narrativa, que a veces acerca su película más al cine nórdico o francés que al del Hollywood clásico. Es decir, junto a poderosos meandros narrativamente navegables —y cercanos, por tanto, al cine de McCarey, Capra o Hitchcock—, hay toda una subterránea torrentera impresionista, más poética que narrativa, que hace avanzar los conflictos de los personajes, no con los hechos, las situaciones y las palabras, sino con las atmósferas, los símbolos visuales, los efectos de luz, los silencios, las miradas, los fundidos, las transiciones líricas, los gestos, los sobrentendidos, el primer plano de un libro...; todos ellos recursos contemplativos más propios de directores europeos como Dreyer, Bergman, Rosselini, Truffaut, Resnais, Rohmer o Erice. De ahí el tempo singular de secuencias como los paseos por la playa de Julia, la búsqueda de viejos tesoros en el desván, los silenciosos vuelos de la cometa o los larguísimos —y magistrales— nueve minutos de plano fijo a contraluz con que resuelve el cara a cara en el bar entre Julia y el maestro.

Todo lo cuenta Garci, pero hay que estar muy atento, pues esta vez ha transformado el principio clásico de que "la acción son los personajes" en el más complejo de que "la acción son los personajes y todo lo que les rodea". De modo que hasta el elemento visual u objeto material más nimio tiene valor narrativo y dramático. Por eso no es para nada gratuita la evolución de la maravillosa fotografía de Raúl Pérez Cubero del durísimo blanco y negro del arranque al matizadísimo estallido de grises del desenlace; ni la tranformación del invisible montaje de Miguel González Sinde de la descriptiva frialdad inicial al cálido bombardeo de planos emotivos de la recta final. Todo esto ayuda a que esta melancólica edificación de un futuro luminoso —vital y fílmico—, a partir de los materiales de derribo del pasado, respire una textura visual de gran riqueza, porque es americana, es europea y es universal.

A todo esto, esa serena, sutil, elegante pasión del guión y de la puesta en escena se contagia a todas y cada una de las interpretaciones, hasta el punto de que es imposible destacar a un actor sobre otro sin faltar a la justicia. Por todo lo dicho es difícil no quedar prendado con esta "historia de entonces", plagada de grises —su entrañable tono a lo Chejov evita casi totalmente el negro— y en la que aletean los fantasmas de los grandes maestros del melodrama y, sobre todo, ese "don sagrado del entusiasmo, que hace que las personas (y los personajes) tengan luz". J.J.M.

Director: José Luis Garci. Intérpretes: Lydia Bosch (Julia), Julia Gutiérrez Caba (Gala), Juan Diego (Don Matías), Ana Fernández (Pilara), Manuel Lozano (Juanito), Iñaki Miramón (Don Orfeo), Carlos Hipólito (Luis), Fernando Guillén (Ricardo), Marisa de Leza (María Luisa), Jesús Puente (Dr. Bermann). España. 2000. Estreno:. min. País: España. Año: 2000. Producción: José Luis Garci para Nickel Odeon Dos, Enrique Cerezo P.C. y PC 29, con la participación de TVE y Canal + España. Presentada por: Columbia TriStar de España. Guión: José Luis Garci y Horacio Valcárcel. Música: Pablo Cervantes. Fotografía: Raúl Pérez Cubero. Decorados: Gil Parrondo. Ambientación: Julián Mateos. Montaje: Miguel González Sinde. Producción ejecutiva: Luis María Delgado. Jefe de producción: Juan Carmona. Vestuario: Gumersindo Andrés. Maquillaje: Paca Almenara. Peluquería: Antonio Panizza. Cameraman: Ricardo Navarrete. Estreno en Madrid: 27-X-00. Distribuidora cine: Columbia TriStar. Distribuidora vídeo: Columbia TriStar. Duración: 122 minutos. Género: Melodrama. Temas de cinefórum: Nostalgia. Soledad. Sufrimiento. Amor. Enseñanza. Infancia. Guerra Civil española. Represión política. Rigorismo religioso. Ciencia y fe. Premios principales: Seleccionada por la Academia Española de Cine para optar al Oscar 2000 a la mejor película en habla no inglesa. Premios 2000 del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) de España al mejor director, actriz secundaria (Julia Gutiérrez Caba) y fotografía; y candidaturas a la mejor película, actriz (Lydia Bosch), actriz secundaria (Ana Fernández), actor secundario (Iñaki Miramón), guión original, fotografía, montaje y música. Premios Goya 2000 a la mejor actriz de reparto (Julia Gutiérrez Caba), dirección artística (Gil Parrondo), fotografía, montaje y dirección de producción (Luis María Delgado); y candidaturas a la mejor película, director, actriz protagonista (Lydia Bosch), actriz de reparto (Ana Fernández), actor de reparto (Iñaki Miramón y Juan Diego), guión original, diseño de vestuario, y maquillaje y peluquería. Oso de Plata a la mejor contribución individual (Raúl Pérez Cubero) en el Festival de Berlín 2001. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: —.

Utilizamos cookies propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio, de acuerdo a tus hábitos de navegación.  Entendido   Más información